Por Nekrokosmos
Randy Blythe – Voz
Mark Morton – Guitarra
Willie Adler – Guitarra
John Campbell – Bajo
Chris Adler – Batería
01. Laid to Rest
02. Hourglass
03. Now You’ve Got Something to Die For
04. The Faded Line
05. Omerta
06. Blood of the Scribe
07. One Gun
08. Break You
09. What I’ve Become
10. Ashes of the Wake
11. Remorse Is for the Dead
En 2004, mientras el nu metal comenzaba a dar sus últimos coletazos y el metalcore se disputaba la corona entre breakdowns, una banda de Richmond (Virginia) echó la puerta abajo con un disco que no solo redefiniría el sonido del groove metal moderno, sino que se convertiría en uno de los pilares del metal del nuevo milenio. Hablamos de ‘Ashes of the Wake’ de Lamb of God.
A 20 años de su lanzamiento este álbum sigue sonando como una granada recién activada. No ha perdido ni una pizca de su furia, precisión quirúrgica ni ese filo social que lo convirtió en un clásico instantáneo. Más que un disco, ‘Ashes’ fue y sigue siendo una declaración de principios. Lo que separa a ‘Ashes of the Wake’ del resto de la camada de los 2000 es que su furia no es vacía. Este álbum fue parido en plena era Bush, con la Guerra de Irak recién desatada. Y Lamb of God no se calló nada, con temas como «Now You’ve Got Something to Die For» o «One Gun» son gritos desesperados en contra del militarismo y la manipulación ideológica.
El mensaje viene cargado sobre una maquinaria rítmica impecable. Chris Adler (en ese entonces uno de los bateristas más técnicos y veloces del género), el bajo martillante de John Campbell, y los riffs machacones y memorables de Mark Morton y Willie Adler, crean una tormenta perfecta. Randy Blythe, con su voz de volcán en erupción, escupe cada línea como si le fuse la vida en ello.
Producido por Machine, habitual de Clutch y Every Time I Die, el disco suena orgánico pero apretado. Cada golpe, cada palm mute, cada gruñido está donde tiene que estar. Es puro fuego controlado. El track instrumental «Ashes of the Wake», con solos invitados de Alex Skolnick de Testament y Chris Poland de Megadeth, es un interludio virtuoso que demuestra que Lamb of God no solo pueden ser brutos, también puede construir atmósferas con maestría.
‘Ashes of the Wake’ ocupa un lugar similar al que ‘Reign in Blood’ ocupó para los thrashers en los 80. Un disco corto, brutal, sin relleno, que marcó el estándar para todo lo que vino después. Desde bandas emergentes del groove, hasta el renacer del metal estadounidense, todos tomaron nota del manual de Lamb of God.
Este disco abrió puertas para que el metal volviera a sonar en los grandes festivales, en videojuegos, y hasta en playlists de fanáticos que jamás se hubieran cruzado con el metal extremo. A 20 años de distancia sigue siendo un referente obligado, una clase magistral de cómo combinar técnica, mensaje y brutalidad con inteligencia.


