[crónica] AC/DC + Vintage Trouble en Barcelona – Estadi Olímpic Lluís Companys, 29/05/2015

Por Xavier F. Vidal

Lo vivido el pasado 29 de mayo en el Estadi Olímpic de Barcelona va más allá de lo meramente musical. No sólo porque AC/DC diera un gran concierto (seguramente la banda australiana habrá dado de muchísimos mejores en esta ciudad) sino porque las 60.000 personas que agotaron las localidades pudieron vivir algo más que un simple show musical. Me refiero al hecho de que una sola banda, un grupo concreto de cinco tíos tocando notas y cantando, pueda por sí misma resumir, concentrar, significar, representar y, en definitiva, simbolizar algo mucho más grande: vivencia personal, comunión y familiaridad, historia y rock’n’roll…

AC/DC no solo es una enorme banda que toca hard rock. Lo que supone, y se demostró en el Estadi, es que es capaz de que familias de varias generaciones y amigos de toda la vida que quizás han sufrido para conseguir una entrada sean conscientes de lo que es disfrutar realmente, y no solo eso: sean conscientes de vivir un momento histórico, de vibrar con la música y con algo más y de sobrepasar lo que es estrictamente un concierto. Es poder ir más allá, ver que hay cosas que valen mucho la pena, visualizar que se ha vivido un pequeño fragmento de historia y, en definitiva, ver la conjunción entre música y rock’n’roll, o como ambas cosas son indisociables.

acdc¿Ha habido conciertos mejores de AC/DC en España? Por supuesto. Pero el plus de emotividad que da saber que será la última vez que podamos gozar, en nuestro país, de la única banda de rock junto a Rolling Stones, Bruce Springsteen y U2 (no se me ocurre ninguna más) capaz de llenar todo un estadio entero hace que la ocasión sea especial. Y si además sucede que el líder en la sombra y fundador, Malcolm Young, no puede tocar porque sufre demencia senil, esto le otorga un plus de emotividad. ¿Más motivos? Pues ver como un anciano de 60 años, Angus Young, se deja la piel sobre el escenario. Hay quien dice que es uno de los mejores guitarras del mundo. Técnicamente, estrictamente y académicamente, no lo es ni de largo. Cualquiera con un mínimo conocimiento musical no definiría un solo de Angus como solo de guitarra. Pero eso da igual. No se trata de virtuosismo. Hablamos de un viejo pero que salta, corre, suda, se tira por el suelo y lo vive como el que más. Y es por eso que la gente lo venera.

Así pues…un guitarrista mítico de 60 años dándolo todo, último concierto de la banda en Barcelona, la ausencia de Malcolm Young…todo ello confecciona el componente emotivo del concierto. Pero esto solo es el 50%. Y si el concierto fue una experiencia, lo fue también por el otro 50%: las canciones y, por supuesto, el espectáculo.

El concierto empezó con escasos tres minutos de retraso tras la hora prevista de inicio, las 22:00, y tras una muy buena actuación de Vintage Trouble. Hay quien pueda pensar que esta banda estaba desubicada, y que hubiera sido más adecuado meter algún telonero hard-rockero en lugar de una banda vestida con traje y tocando soul. Bueno, qué queréis que os diga… a mí me encantó. Se trata de rock, y quien dice rock dice rythm’n’blues, y quien dice rythm’n`blues dice blues y dice soul, lo que es lo mismo que decir rock’n’roll en términos de actitud y sudar, en este caso, la camisa. Mucha clase y elegancia, pero también vibración y desenfreno…eso demostró Vintage trouble, quienes calentaron a una parte del personal.

Pero lógicamente las 60.000 personas habían ido para AC/DC, que presentaron un espectáculo menos vistoso que, por ejemplo el mítico show del castillo de Donington, inmortalizado en su “Live”, uno de los mejores directos de la historia. Dos pantallas laterales y una central, si a caso algo pequeña, en forma de semicírculo, y un escenario enmarcado por medio arco y coronado con el logo de la banda fue la escenografía presentada por la banda… grande pero, repito, tampoco fue absolutamente espectacular. Tras un breve video de presentación empezó el concierto: en él se ve un meteorito, que justo cuando impacta coincide con el inicio del primer corte, Rock or bust.

No podía ser de otra manera si era el disco que venían a presentar aunque, a decir verdad, no creo que desde el Back in black hayan lanzado nada a la altura de su leyenda. Algunos mejores, y otros peores, pero si los álbumes son la excusa para seguir ofreciendo directos, bienvenidos sean. Lo que está claro es que la gente fue mayormente a escuchar los grandes éxitos, aunque también se llevó alguna sorpresilla agradable, como Have a drink on me. Y por grandes éxitos nos referimos por ejemplo a Shoot to thrill, a Back in black, a una recuperada Sin city, a Dirty deeds done dirt cheap, en cuyo final Angus Young pareció enloquecer, y con él también gran parte de los espectadores, o Shook me all night long, que sonó brutal a la par que muy emocionante.

acdcLos elementos escénicos y audiovisuales acompañaban a cada uno de los cortes míticos, lo cual aumentaba su carácter épico: videos de explosiones en TNT y de rayos en Thunderstruck, la campana de Hells Bells, la muñeca inflable en Whole Lotta Rosie… el set list fue un verdadero “best of” de AC/DC, aunque sin The jack ni Money talks y con algunos temas menos conocidos y/o pertenecientes a sus últimos trabajos, como Rock’n’roll train, Baptism by fire o Shot down in flames, donde la intensidad y la vibración del público bajó algún punto, algo normal. Como nota curiosa, realmente me pareció chocante la imagen de Angus Young con una guitarra blanca tras interpretar High voltage… y es que su Epiphone granate es una imagen tan icónica que cuesta desprenderse de ella.

El solo de guitarra de Angus Young tuvo lugar en Let there be rock, como es habitual, y se dividió en dos partes. La primera lo interpretó desde una plataforma circular elevada enfrente del escenario y acompañado por toda la banda. La segunda, lo hizo solo. Fue uno de los momentos más vibrantes de todo el show. Y es que la gente quedó sin palabras al ver cómo Angus se tiraba al suelo, pataleaba, se volvía loco y se dejaba la piel tocando su guitarra… un momento inolvidable, sin duda.

Tras unas llamas empezaba uno de sus temas más conocidos, sino el que más: Highway to hell, a modo de primer bis. Tras este corte imprescindible, un final que, no por más conocido era menos esperado: For those about to rock (we salute you), con los perceptivos cañonazos y con el “Fire” que grita todo el público a las órdenes de Brian Johnson y que sin duda es uno de los momentos más vibrantes de todo el concierto. Fin de un concierto inolvidable y la gente saliendo lentamente del estadio con cara de gran satisfacción.

Durante los dos días posteriores al concierto estuve pensando… ¿cuál es el éxito de AC/DC? Llegué a una conclusión. Creo que su éxito se basa en los contrastes. Me explico: son una banda cuyas canciones se componen por riffs sencillos y pocos acordes pero, a su vez, su guitarra solista desarrolla punteados, sino de virtuoso, sí complejos y, sobre todo, reconocibles. Más contrastes: uno de sus miembros no para quieto vestido de escolar mientras que la base rítmica permanece prácticamente inmóvil. Y otro más: van vestidos de la forma más sencilla posible pero a su vez ofrecen un show lleno de explosiones, videos, luces, muñecos inflables, cañones y, en definitiva, algo realmente espectacular. ¿Os imagináis actualmente un show de KISS pero sin el vestuario? ¿O uno de los Ramones con fuegos artificiales? Yo no. Pues AC/DC van a lo grande pero, a su vez, se muestran como un grupo de tipos que podrían estar perfectamente en un pub tomándose una pinta. Lógicamente, sin la calidad de sus temas, y por calidad me refiero a que son himnos, a que enganchan, a que son reconocibles, a que se pueden cantar y tararear, su éxito no hubiera sido posible, y ahí la música sí que es algo fundamental.

Hay gente que dirá que se mostraron algo fríos… bueno, son AC/DC, es así y no necesitan presentaciones. Y cuando digo esto, lo digo literalmente. Ausencia casi total de parlamentos, no se presentaron los miembros de la banda ni ningún tema… de hecho, ni salieron a despedirse, algo que quizás se echó en falta ¿Pero para qué? Nos quedamos con el rock’n’roll. Steavy Young cumplió muy bien como sustituto de Malcolm… se le vio disfrutar y hacer coros con ganas. Chris Slade también lo dio todo, motivado y recuperado en la band. Y Cliff Williams al bajo, pues eso… como siempre. Cumpliendo. ¿Y qué decir de Brian Johnson? En su papel también. Repito, quizás menos comunicativo que otras veces, pero es que AC/DC es riffs, estribillos y, sobre todo, hard rock. Y, por supuesto, la actitud de Angus Young, que vale por todo.

Lo dicho. Un concierto espectacular, un ambiente inmejorable, un sonido potente y nítido (aunque, puestos a ser quisquillosos, cabe decir que el hi-hat casi no se oía) y un público que disfrutó no tanto el concierto en sí, que lógicamente también, sino lo que significó: el estar viendo quizás por última vez un pedazo de historia viva de rock’n’roll, lo que es lo mismo que decir que es ser consciente de estar celebrando un pedazo de la propia vida de cada uno.