Texto: Iñigo Dominguez Diaz
Fotos: Oliver Heras (Madrid)
Hace aproximadamente quince años acudí a ver a uno de mis grupos fetiche, Evergrey. Tocaban en la sala grande de la Apolo y nos juntamos cuatro gatos para verlos, pero a ellos como si estuviéramos cuatrocientos, dieron un concierto memorable. En esa gira sus acompañantes fueron una banda de death melódico, absolutamente desconocida para el gran público y que como suele pasar en muchas giras de Evergrey, te preguntas dónde está la lógica de incluir a según quién en sus giras. Pues esa banda no era otra que Avatar, que en aquellos momentos empezaban y no había traza alguna en su imagen o en su música con la que pudieras hacer una predicción y decir: “Ei, estos tipos dentro de unos años lo van a petar”. Es mi experiencia más cercana a la transmutación musical que he vivido en primera persona, por vivencias como esta son por las que merece la pena apostar por seguir a las bandas de siempre y conocer a cuantas más y más variadas mejor.
La cuestión va más allá del “yo conocí a Rosalía cuando tocaba en el VIDA” (soy consciente del uso recurrente que hago de su persona). No importa el cuándo, importa el qué y cómo. De una forma u otra la banda ha ganado notoriedad en base a un giro radical en su orientación musical y en crearse una identidad acompañada de un relato, una historia. Esto último es tan importante como lo primero a pesar de que algunos no les guste pero en una sociedad en la que la que algoritmos perversos y scrolls infinitos median a la hora de captar atención, potenciar el impacto inmediato tiene premio y entre una imagen que procesas en tres segundos y una canción de tres minutos de duración, el cerebro asimila lo primero. Pues Avatar es de estas bandas que supieron adaptarse a la nueva dinámica y consiguieron dar un salto cualitativo y cuantitativo que les ha situado en una posición privilegiada, aquella en la que ellos deciden su presente y su futuro. Tanto ocupan posiciones altas en los festivales y llevan su propia gira como telonean a Iron Maiden, siguen el camino más apropiado en cada momento para encontrar esa notoriedad que buscan.
En esta ocasión se trataba de presentar su reciente disco Don’t Go In The Forest en una gira en la que les acompañaban Witch Club Satan y Alien Weaponry. A las primeras me fue imposible verlas dado lo prematuro de los horarios, una pena no poder presenciar lo que seguro fue un buen concierto de black metal corrosivo con D.O.Q. Noruega. Llegué cuando hacía poco que habían terminado y vi a mucha gente comprando merchandise de la banda y una de sus miembros firmando en el puesto, solo te lanzas a comprar merch cuando tienes el pico de euforia después de buen concierto porque mis habilidades detectivescas me llevaron pensar que efectivamente su actuación había agradado.
Gustó también la siguiente, Alien Weaponry de un lugar tan lejano como Nueva Zelanda, banda que en forma de trío cuyos miembros son todos de ascendencia maorí y para reivindicar su cultura y sus orígenes casi todas sus canciones están escritas en su lengua materna. La verdad es que la sonoridad del maorí encaja muy bien con los ritmos pesados y densos de su música, un Groove metal con clara influencia thrash. Unas veces suenan más a Gojira, otras a Megadeth, incluyen ritmos tribales y con todo generan una atmósfera profunda como un agujero negro que absorbe la materia. Su actuación fue breve pero intensa y consiguieron formar varios pogos, conectando totalmente con la audiencia que asistió al concierto.
Durante el interludio previo a la actuación de Avatar no hubo música de otras para amenizar la espera, como suele ser habitual en la mayoría de conciertos, sino que no paró de sonar música de cabaré. Y es que la banda se identifica y tiene la estética de los espectáculos de variedades de los clubes del siglo XIX como el Moulin Rouge, solo que con un toque tétrico. El escenario representaba este tipo de establecimientos decimonónicos o también un circo de esa misma época. Todo estaba preparado pues, para mostrar el que es seguramente uno de los shows más teatrales de la escena metal. Las luces se apagaron y comenzaron a sonar las primeras notas de Captain Goat, al tiempo que la tarima de la batería y ella misma se dividía en dos y aparecían los cinco miembros de la banda en otra plataforma que simulaba una embarcación.
Enfundados en túnicas durante todo el tema y desplazándose por el escenario al ritmo pausado del tema, rompieron con esta estética lúgubre más propia de los cuentos de Edgar Allan Poe para pasar a su habitual estética freak, provocadora a la par que radiante y luminosa. Si el primer tema, hímnico, evocaba la navegación por la laguna estigia, Silence in the Age of Apes nos retrotraía a esos comienzos en el melodeath de la banda, de los que antes hablaba, si bien el tema pertenece a su álbum de 2020 Hunter Gatherer. Con The Eagle Has Landed mostraban su versión más distendida con un tema que a poco que le metas una rutina cuela en cualquier ejercicio de gimnasia rítmica o de natación sincronizada. In The Airwaves fue el siguiente tema de Don’t Go In The Forest, tema con ritmos metalcoretas con un estribillo sencillo y muy pegadizo que contrastó con el medio tiempo entre la angustia y la furia que es Bloody Angel y dónde Johannes Eckerström hizo una de las grandes interpretaciones de la noche, demostrando la amplitud de su rango vocal. Aprovecho y hago un pequeño paréntesis para analizar su figura que me parece fascinante.
Físicamente impacta por altura y constitución atlética pero se mueve y baila (Sí, baila. Es firme defensor de que el metal se puede y se debe bailar) con gracia y soltura. En cuanto a carácter, es provocador, embaucador y locuaz y gesticula llamativamente cada vez que la ocasión lo requiere. Esto hace que el público esté totalmente pendiente de él a ver cuál es su próximo movimiento o la siguiente chorrada que suelta por la boca. Vaya, que es una mezcla entre un mito como Peter Steele, al que no solo recuerda en lo físico sino también en algunas de sus notas vocales, Hugh Jackman en de The Greatest Showman por su indumentaria y su presencia y The Joker, en cualquiera de las versiones del villano de Batman que existen en el cine y el cómic.
Volviendo al concierto, Death And Glitz trajo de nuevo ritmos ligeros, más cercanos al rock comercial que ninguna forma de metal. Blod fue la rareza de la noche, de los pocos temas que tienen en su lengua materna, el sueco y The Dirt I’m Buried In de los más celebrados. Incluido en Dance Devil Dance, fue el único tema de la noche de este disco que a mi me parece su gran obra maestra por la gran variedad de influencias que es capaz de atesorar sin que ninguna esté de más. Fue la pequeña decepción que me llevé, que no hubiera más temas de este disco pero lo compensaron con el bombazo que es Colossus, de ritmo sencillo pero efectivo, contundente y poderoso a los diez segundos lo estas cabeceando sin darte cuenta. Torn Apart tiene su punto progresivo y la forma melódica en la que termina enlazo a la perfección con Howling at the Waves, una balada de su último disco que Johannes interpretó al piano en el momento más eurovisivo de la noche.
Al terminar y entre ovaciones, el piano se retiró el solito por dónde había salido, la batería-puerta que se había abierto y cerrado por enésima vez a lo largo de la noche y comenzó a sonar la intro que dio paso a Legend Of The King donde Johannes cedió el protagonismo a su guitarra solista Jonas Jarlsby, que apareció sentado en un trono interpretando los solos magistrales y exigentes del tema, demostrando su virtuosismo. Fue sin duda uno de los puntos álgidos de la noche, un cambio de paradigma que sinceramente no esperaba. Con Let It Burn fue el retorno al freak show, un tema que podría haber firmado tranquilamente Marylin Manson que terminó en su parte principal con Tonight We Must Be Warriors, otro tema de su nuevo álbum con ritmo marcial como su título promete y no defrauda.
Se retiraron y después de una larga y efusiva ovación regresaron dónde lo habían dejado, en Don’t Go In The Forest, interpretando el tema que da título al disco y claramente inspirado en las películas de terror. Dejaron para el final sus dos temas imprescindibles, Smells Like A Freakshow, la canción que define su filosofía y forma de entender la música y todo lo que le rodea y Hail The Apocalypse, su gran éxito y que supuso el éxtasis final.
Terminaron con una nueva ovación por parte de la audiencia y como en el teatro tuvieron más de una. Bravo por Avatar, una banda que rechaza convencionalismos, desacomplejada, provocadora y retadora. Un show entretenido, dinámico y diverso que no deja indiferente de guste o no la banda. Como anécdota, tenía junto a mí a un grupo de amigos en el que uno de ellos no se cansó de repetir hasta la saciedad que solo iba a quedarse a los tres primeros temas. Como la mayoría de proclamas testosterónicas, quedó en recogida de cable. El tipo se quedó a todo el concierto, nos podía haber ahorrado al resto su molesta tozudez.
Setlist Avatar
Captain Goat
Silence in the Age of Apes
The Eagle Has Landed
In the Airwaves
Bloody Angel
Death and Glitz
Blod
The Dirt I’m Buried In
Colossus
Torn Apart
Howling at the Waves
Legend of the King
Let It Burn
Tonight We Must Be Warriors
Don’t Go in the Forest
Smells Like a Freakshow
Hail the Apocalypse
















