Texto: Nekrokosmos & Nyx
Fotos: Javier Rosa
Un sol menos cabreado que otros días cayendo sobre ráfagas de viento en Torremolinos, un aire salino que huele a verano eterno, y uno cruzando las puertas del Canela Party 2025 como quien entra en un reino paralelo, con una tensión silenciosa como en las primeras escenas de una película donde sabes que algo va a pasar pero no cuándo. Concebido como la antesala familiar del festival, estamos ya ante el Mini-Canela que sirve como fiesta de presentación. Un lugar donde los guitarrazos se mezclan con carcajadas infantiles, los pogos conviven con castillos hinchables, y los pintacaras convierten a críos en cualquier cosa que dicte su imaginación.
Este año había una novedad que flotaba en el ambiente, y es que la entrada ya no era gratuita para los no abonados o quienes tuviesen una entrada de día. Diez euros simbólicos para colarte en este mundo de ruido, confetti y color. Lo primero que notamos al entrar fue la reorganización de las zonas, ya que todo estaba más fluido, más claro que en otros años. Hoy miércoles todo ocurría en el escenario Fistro, mientras el Jarl esperaba su turno para el resto del festival. Al fondo una zona de DJs para quienes preferían desenfundar los bailes prohibidos sin esperar a los directos, y entre un rincón y otro la zona de restauración con hamburguesas, pizzas, donuts y hasta café.
Pero volvamos a la trama. Serpiente Orión abrió la tarde como si fueran guardianes de un portal intergaláctico con texturas espaciales y un uso controlado del delay que generó un clima hipnótico, como si el público estuviese entrando en un trance colectivo. Su sonido se retorcía como un dragón eléctrico y de pronto estabas dentro de su universo, y a pesar de ciertos problemas con el sonido supieron cabalgar todo con éxito, entre proclamas contra el estado genocida de Israel y mucho arte. Dieron rienda suelta a los temas de su debut de 2024 y unas 3 nuevas piezas, incluso con su frontman Kantz librando una lucha infernal entre bailoteos, sintetizadores y trompetas. Luego La Milagrosa trajo ese aire de barrio con destellos casi místicos, como si te ofrecieran una cerveza fría y una bendición al mismo tiempo, con un pulso constante apoyado en líneas de bajo contundentes y un groove de batería que arrastraba al cuerpo incluso sin proponérselo. Caía la noche y cada vez iba llegando más gente, que terminó por dejar un buen marco para el arranque con los primeros pogos de esta edición 2025.
María Iskariot apareció con una intensidad que parecía dictada por algún oráculo punk. Directos, divertidos, con ese tipo de canciones que te hacen sentir que estás viviendo algo importante y distorsiones abrasivas con voces proyectadas al límite a cargo de Helena Cazaerck quien no dudo en bendecir al público con una pistol de agua antes de lanzarse al crowdsurfing, provocando una tensión emocional que se palpó en las primeras filas. El contraste y la calma llegó con Palmeras Negras, que nos sumergieron en un océano de guitarras oscuras con olas que rompían despacio y te dejaban empapado de nostalgia, con crescendos lentos, silencios medidos, explosiones breves pero intensas… sin duda lo mejor del día, con esas proyecciones que eran un miembro más. Y para cerrar Kokoshca con un golpe maestro de ironía y ternura que te deja con la sensación de que el verano es infinito en ese pop chicloso. Contrastes tonales y letras que funcionaban como monólogos internos, dando al público un respiro para lo que queda de semana.
Vasos reutilizables y de la edición anterior, puntos de reciclaje por todas partes, y ese aire de festival que quiere durar no solo tres días sino generaciones…Un detalle que, más allá de lo simbólico, refuerza la consistencia de la propuesta para convertirse en un festival sostenible, peor más allá de ello un festival consciente de que hacen más fondos de diversión y menos fondos de inversión. Las bandas sabían muy bien de que iba la movida y todas sin excepción tuvieron mensajes de apoyo para Palestina, en una noche que terminó con niños bailando con sus padres, adultos buscando una última cerveza, y un cielo que parecía pintado para la ocasión. Sale uno por las puertas con la sensación de que el Canela Party es un universo que se expande cada año… y hoy tuvimos el primer capítulo de esta película que depara muchos giros de guión. Fue la introducción calculada a un relato mayor, la primera pista de que los días siguientes podrían ir de la luz al ruido, y del ruido a algo que recordaremos en muchas batallitas posteriores.







