[crónica] Dream Theater en Barcelona – Sant Jordi Club, 29/01/2020

Texto: Xavier F. Vidal

“An evening with” es un formato característico de la banda más grande de metal progresivo del mundo, los neoyorquinos Dream Theater. En la visita a nuestro país en 2017 ya lo hicieron de esta manera, con un set partido en dos: la primera parte, presentación del disco correspondiente alternada con algunos temas del repertorio, y la segunda, tocando entero el “Images & Words”. Y en otra visita anterior, igual, con motivo de la gira del disco homónimo: varios temas y luego, una representación escueta de Awake y otra del Scenes from a memory, con motivo de sus sendos aniversarios.

Para celebrar los 20 años de una de sus obras cumbres, por tanto, no cabía duda que el formato era ideal. Y más porque cuando hace cinco años tocaron solo tres temas para celebrar el 15º cumpleaños, la cosa quedó a medias tintas, un homenaje bastante cojo y forzado.

En esta gira había que celebrar, como merece, el que está considerado por muchísima gente como el mejor disco conceptual de metal progresivo de la historia. Poca broma. ¿Estuvo el evento a la altura de la efeméride? Pues, sinceramente, creo que no. La sensación final fue agridulce, y no creo que todo el mundo quedara del todo satisfecho.

La primera parte fue algo corta, apenas 50 minutos, con solo cinco temas: tres del disco que venían a presentar, el Distance over time (Unthered angel, Paralized y Pale blue dot) alternadas con dos canciones de la última época de Mike Portnoy: A nightmare to remember del Black Clouds And Silver Linnings y In the presence of enemies pt.I del Systematic chaos). Los temas nuevos fueron recibidos con bastante frialdad por parte del público. A mí, personalmente, el trabajo que venían a presentar no me gusta en absoluto. Lo encuentro falto de inspiración, con melodías vocales muy poco trabajadas y poco recordables y partes de virtuosismo metidas con calzador. Tras el fallido doble álbum conceptual “The atonishment”, el propio grupo declaró que quería hacer algo mucho más sencillo: menos temas y algo más directos.

Esto se vendió luego como una “vuelta a los orígenes”, pero en mi opinión, la composición “orgánica” fruto de una supuesta inspiración y medio improvisación no esconde el hecho de que sea un trabajo, en mi opinión, muy decepcionante. Y es que particularmente prefiero los discos donde los grupos arriesgan y se salen de lo que hacen habitualmente, si realmente lo hacen porque les apetece, que las supuestas “retorno a los orígenes”, mucho más forzados, poco sinceros y que está claro que no es más que un intento de recuperar a los viejos fans decepcionados con el riesgo que tomaron sus bandas. “Distance over time” es un álbum, en este sentido, muy pobre, por lo tanto tampoco cabía esperar mucho de esa primera parte.

Tras un descanso de unos quince minutos, cambio de imagen de fondo y empiezan los primeros segundos de “Regression”, la intro del disco que salvó al grupo, Metropolis Part II: Scenes from a memory, el motivo por el cual el 99,99% de la gente subió la montaña olímpica de Montjuïc hasta la segunda sala del mítico Sant Jordi. Sí, he dicho “salvó” porque los propios miembros de Dream Theater han declarado muchas veces que, tras el éxito puntual que supuso su otra gran obra maestra, “Images & words” (1992), la banda casi se disuelve tras haberse visto obligada por la discográfica a realizar un trabajo mucho más comercial, el “Falling into infinity”. Cambiaron de teclista y sabían que el siguiente trabajo era un “todo o nada”. Y vaya si fue un “todo”: les encumbró hasta la cúspide del metal progresivo, siendo la banda más conocida de este subgénero. Y así, sabiendo que empezaba un viaje musical de hora y cuarto, la emoción de la gente era palpable.

Me gustó que durante todo el disco sólo hicieran una parada, justo antes del tema Home, con un breve parlamento de un tatuado James Labrie, cuya actuación fue muy correcta, sin llegar al sobresaliente. De esta manera, no se rompía el ritmo del álbum, que se recomienda escuchar de un tirón y, a ser posible, con toda la calma que se pueda. Y si me gustó este hecho (que lo tocaran de pe a pa sin interrupciones prácticamente), no me convenció la puesta en escena ni la escenografía. Tampoco ayuda el hecho de que un disco tan íntimo cueste apreciarse en un lugar tan frío y grande como el Sant Jordi Club. La ejecución fue perfecta, por supuesto.

Son los mejores en lo suyo. Petrucci puede cascarse un riff complicadísimo sin mirar al mástil, a John Myung se le vio más activo que de costumbre, Jordan Rudess, considerado por muchos como el mejor teclista del metal progresivo de la historia, como siempre, sobradísimo, y un Mike Mangini que suscita opiniones encontradas: hay quien dice que es frío (yo no lo creo, lo vive bastante y, de todos modos, es complicadísimo clavar lo que hacía Portnoy) y hay quien dice que encaja perfectamente. A mí no me disgustó, aunque sí creo que la caja y algunos toms sonaban demasiado bajos pero por falta de pegada. Disfruté viendo cómo tocaba lo que hacía Portnoy pero con su estilo personal, en un kit sorprendentemente (y relativamente) humilde: lo más destacado, solo un bombo, en lugar de dos (eso sí, con doble pedal, lógicamente), y no demasiados platos, todos ellos muy altos. Toca ambidiestramente de forma indistinta, cambiando el tocar la caja con la derecha o con la izquierda. Y, además, y a diferencia del resto de baterías del mundo, los toms no se ordenan de agudo a grave, sino alternativamente, lo cual lógicamente hace que los fills sean diferentes a lo habitual. Estos dos aspectos hacen que sea muy vistoso el verle tocar.

Lo dicho: musicalmente clavaron el disco. Pero la cuestión no solo es esa… ¿Consiguieron transmitir la emoción del álbum? En este caso, creo que no del todo. Quizás es que he visto demasiadas veces el DVD “Scenes from NY”, donde también lo tocan entero, y ahí hay mucha más calidez, al ser un escenario más pequeño, ir acompañados de una escenografía más íntima (incluyendo el psiquiatra que habla en la intro), un coro de góspel que aun da más perfección (si cabe) a un disco perfecto…sea lo que fuere, esto me determinó, y no solo a mí: creo que mucha gente tiene la misma opinión: clavaron el álbum, pero no se llegó a transmitir del todo toda su emoción.

Saber que no estaba el co-autor del álbum, Mike Portnoy, creo que inconscientemente también afectó. Sí que hubo momentos en el que la gente se quedó alucinada, muy intensos, ya fuera por el alarde de virtuosismo (el final de Fatal tragedy, brutal, o la instrumental Dance of eternity, que hace que la práctica totalidad de temas de cualquier otro grupo parezcan canciones de los Ramones) o por la emoción del momento, como en Through her eyes o durante el solo de Spirit carries on (piel de gallina durante el que es uno de los mejores solos del maestro John Petrucci), pero en general, faltó algo. El solo de Mangini al final de Finaly Free me descolocó un poco…muy diferente al de Portnoy en el disco, supongo que de forma totalmente consciente…el dilema está en si me hubiera gustado que lo hiciera como en el álbum o si prefiero su versión personal, dejando su huella propia.

Sea como fuere, el final fue algo frío. Y más aún con el bis: tocando At wit’s end, del último disco. De acuerdo que era el que venían a presentar, pero acabas de tocar entero el mejor álbum conceptual de metal progresivo de la historia, y despedirte con un tema nuevo y tan malo es un bajón épico. De meter un bis ahí, el único a la altura hubiera sido Metroplis Pt I: The miracle and the sleeper, del Images and words, por estar a su altura musicalmente hablando y sobre todo por ser los orígenes del disco que tocaron entero. Cualquier otra cosa estaba fuera de lugar.

En definitiva, un buen concierto de Dream theater, como no puede ser de otra manera debido a su calidad y, sobre todo, por tocar entero el Scenes from a memory, pero al que le faltó algo de sentimiento (y no por ser un grupo progresivo…no tiene nada que ver): escenografía, puesta en escena y un pobre final no estuvieron a la altura de lo que transmite la música. Lo que hubiera dado para ver tocar ese disco en el Palau de la Música