[crónica] Inferno Metal Festival en Noruega – Oslo, del 28 al 31 de marzo de 2024

Texto: Oriol Martinez
Fotos: Elena Marco

Semana Santa Infernal en Oslo. El pasado 28 de marzo, después de tres cortas horas de vuelo, al echar un vistazo por la ventanilla, pudimos ver la gélida bienvenida que nos tenía preparada la tierra de los fiordos, un espectacular paisaje de lagos helados y montañas nevadas.

En pocos minutos, nos encontrábamos de camino a nuestro destino, el Inferno Metal Festival, en el corazón de Oslo, que se celebró desde el día 28 hasta el 31 de marzo.

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El evento transcurre en un recinto cubierto y cuenta con dos escenarios dentro del mismo edificio, del cual no hay que salir para ir de uno al otro si no apetece salir al frescor noruego unos segundos, ya que se comunican por dentro. El escenario principal se encuentra en la sala Rockefeller Music Hall, con capacidad para unas 1300 personas y con 2 pisos extra de altura con balcones que lo rodean. El otro escenario se encuentra en la sala John Dee, un local pequeño que te hace sentir como en una cueva bajo tierra, con capacidad para unas 500 personas.

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Diferentes actividades tuvieron lugar alrededor del escenario principal. En el lado izquierdo había exposiciones de artistas, la zona de tatuadores, y la zona de firmas y conferencias, durante el transcurso del festival, varias bandas dedicaron un tiempo a firmar y hablar con sus fans. En el lado derecho se encontraba la zona de merch, tanto oficial como de tiendas independientes, una parada de Metalheads Against Bullying, e incluso un puesto de salsas picantes, por si alguna persona necesitaba sentir un poco de calor. Y para saciar el hambre, algo normal tras varias horas y cervezas, hay food trucks en la entrada del festival y puestos de comida en la última planta del Rockefeller, incluyendo opciones tanto cárnicas como veganas.

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Jueves 28 de marzo: ¡Arrancamos!

No llegaron a pasar ni tres horas desde que pisamos tierra para encontrarnos completamente mimetizados en la Rockefeller, pulsera y cerveza en mano y con las pilas bien cargadas en este primer día.

Tristemente, no pudimos llegar a ver a las danesas Konvent, grupo encargado de abrir el festival en esta edición. De hecho, llegamos justo a tiempo para disfrutar de los últimos temas de Keep of Kalessin, pudimos disfrutar de “Introspection” y “Katharsis”, tema de su último disco. Aunque fue breve, fue una buena muestra de lo que nos esperaba los siguientes días.

Nordjevel. Prendiendo la mecha.

Ahora sí, el primer concierto que pudimos ver comenzar fue el de esta banda noruega de black metal, que aunque tienen pocos años de recorrido (2015), saben muy bien lo que hacen. Su sonido es crudo, directo y saben crear una buena atmósfera desde el primer momento. Arrancaron con la primera canción de disco debut ‘The shadows of morbid hunger’, para seguir con “I djevelens skygge”, canción durante la cual empezaron a salir enormes llamaradas del escenario, que pasarían a formar parte del resto del show. Cerraron con “The funeral smell”, “Djevelen i nord” y “Sunset glow”.

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Los primeros moshpits con Crypta.

Tuvimos la suerte de poder entrar en la John Dee para ver a la banda brasileña, ya que en cuestión de minutos el aforo estaba completo y no dejaban bajar a más personas. Se sentía en el ambiente que este sería un concierto algo más movido.

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Superpuntuales, a las 20:30, empezaron con “The other side of anger” y “Poisonous apathy”. Al principio hubo algunos problemas con el sonido de los bajos, pero se solventaron rápidamente y tampoco impidieron que se formaran tímidamente los primeros pogos. Sería en su quinto tema, “Trial of traitors”, dónde se desataría la locura. Hay que tener en cuenta que la gente bajita allí mide casi 2 metros, así que poca broma.

De la locura pasamos a algo más de calma, con los suecos Candlemass. Más calmados sí, pero qué bien sonaron, qué sonido tan pesado, parecía que cada acorde te iba aplastando lentamente. Empezaron con su clásico “Bewitched”, y enseguida animaron al público, una masa que hacía headbanging conjuntamente, a cantar con ellos.

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Sobre las 21:30 nos dimos cuenta de que había mucho movimiento de gente por el fondo de la sala principal en pleno concierto. ¿Quizás era la hora de la cena? No, había gente bajando a la John Dee una hora antes de que empezara el siguiente grupo.En este festival, es posible ver a todos los grupos, ya que los conciertos no se solapan. Empieza uno cuando acaba el otro, pero a veces lo que sucede es que la gente va yendo hacia el siguiente concierto y la sala puede estar llena antes de que empiece, sobre todo la John Dee.

Debido a esto, y viendo a tanta gente dirigirse a la pequeña sala con tanta antelación, decidimos ir bajando por si acaso y… ¡Menos mal!, más de media hora antes de que empezara el concierto el aforo ya estaba completo y no cabía ni un alfiler, pero la espera valió la pena.

Hablamos de la banda estadounidense, Cattle Decapitation. Es muy difícil describir lo que se siente cuando estos tíos suben al escenario, cuando te das cuenta del primer golpe, ya te han dado tres más. ¡Es un no parar!. Tras las primeras notas empezaron a volar cervezas y empezaron los circle pits. De hecho, el escenario se les quedaba tan pequeño que pidieron a los fotógrafos que, por favor, salieran del foso para poder subirse a las vallas que los separaban del público. Querían estar bien cerca. Abrieron con la primera canción de su último disco, “Terrasitic Adaptation”, seguida de “Scourge of the offspring” y “Dead set on suicide”. Acabaron con “Pacific grim” y “Kingdom of tyrants” como bis.

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El último concierto del primer día vendría de la mano de los noruegos Kampfar, que nos ofrecerían una buena dosis de su black metal caracterizado por influencias folk y una voz muy peculiar. La sala estaba tan llena que esta vez tocó verlos desde el tercer piso, así que tuvimos una buena panorámica. La primera canción fue “Ravenheart”, que sería de lo poco que escucharíamos en inglés, seguida de “Trolldomspakt” y “Lyktemenn”. Como cabeza de cartel del primer día, sacaron toda la artillería y las llamaradas volvieron a acompañarnos durante todo el concierto.

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No hacía ni doce horas que habíamos pisado Oslo, y el primer día del Inferno ya había terminado. Así que nos fuimos a morir al hotel, porque el segundo día empezaría con una experiencia difícil de olvidar.

Viernes 29 de marzo. El club de los privilegiados.

Resucitamos pronto ese día, y aunque por la ventana ya veíamos que sería un día lluvioso, había que aprovechar el tiempo y salimos de ruta para ver un poquito de Oslo.

Hay varios locales que colaboran paralelamente con el festival, como el Rock In, el Brewgata, el Vaterland o el Kniven, que aparte de servir comida y buenas cervezas, son el escenario de más bandas del festival antes de la apertura de puertas. Así que acabamos haciendo un calentamiento previo porque este día queríamos entrar desde el primer minuto.

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Media hora antes del show, la cola ya era considerable y rodeaba buena parte del edificio, era una buena señal.

La banda que abrió el segundo día, está liderada por un señor al que es difícil describir. Una persona que ya tocaba en los años sesenta y que ha influenciado a artistas como Alice Cooper, Iron Maiden, Kiss, Peter Gabriel…Considerado unos de los padres del rock progresivo, que ha colaborado con The Alan Parsons Project, Hawkind (el anterior grupo de Lemmy) o los Who, por nombrar algunos. De hecho, en el musical de los Who, “Tommy”, él es el sacerdote en la iglesia de los seguidores de Marilin, donde llevan a Tomy para ser curado, que aparece cantando junto a los Who y Eric Clapton.

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El personaje al que tuvimos el privilegio de ver es Arthur Brown, y vino a revolucionar nuestras mentes con su puesta en escena, un rock psicodélico que nunca habíamos podido vivir en directo, pasajes de órgano que recordaban a canciones de Deep Purple, infinitos cambios de vestimenta, máscaras, artilugios varios, juego entre los músicos y por supuesto… Fuego.

Su tema más famoso es “Fire”. Para la ocasión, apareció con unos cuernos en la cabeza a los que prendieron fuego que duraría todo el tema. Hay que reconocer que nos hizo bailar y sonreír y que supo romper la barrera de persona sería de muchos de los asistentes.
En algunos momentos el concierto se convirtió en una jam session y en otros, como en “The voice of love”, nos quedamos todos mudos.

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Sinceramente, podemos sentirnos privilegiados de haber asistido a este concierto.

Tras este espectáculo de luces, colores y amor, bajamos a la John Dee para hacer un cambio brusco hacia la oscuridad con la banda alemana Vorga. Esta banda de black con temática espacial, nos llevó a las profundidades del universo creando una atmósfera oscura y densa, ¡pobres fotógrafos! Tocaron temas de su primer disco, como “Comet” y “Argil” y cerraron con “Starless Sky”. Una vez entras, sientes que no hay nadie más en la sala, y no quieres que acabe.

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El siguiente grupo que vimos fue Vltimas. Sus miembros, han formado parte de distintas bandas como Mayhem, Morbid Angel, Cryptopsy, por nombrar algunas. Tienen un estilo death metal de estilo más clásico, con influencias de black, y una voz que no es todo el rato gutural, lo que abre el abanico de posibilidades. Empezaron con “Epic”, “Diabolus est Sanguis” y “Mephisto Manifesto” y acabaron con “Everlasting”, que tiene un final muy potente.

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Tras estos vltimos, decidimos no bajar a la John Dee para poder conseguir un buen sitio en Carpathian Forest, todo un clásico.
Dos guitarras, bajo, batería, voz y teclado llenaron el escenario en un momento, los huecos quedaban tapados por banderas noruegas, y el peculiar pie de micro con máscaras de Nattefrost. La sala estaba llenísima, y había mucha expectación, aunque los problemas con el sonido impidieron que se pudiera disfrutar al inicio. Acoples de micro y una bola de bajos que se comía la voz y el resto de instrumentos, que con el paso de las canciones mejoraría.

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De vuelta a la John Dee, esperamos a los bielorrusos Extermination Dismemberment. Esta banda de slamming brutal death vino dispuesta a sembrar el caos en la sala pequeña del festival. Enseguida tuvieron al público a sus órdenes. Antes de que empezara el tercer tema dieron la orden de empezar un circle pit que no hacía más que acelerar, y en “corpse dead”, consiguieron hacer saltar a casi toda la sala.

Parece que este festival iba nivelando las energías de concierto en concierto, y de nuevo, de la tormenta volvimos a la calma. Era el turno de los islandeses Sólstafir, que hacía diez años que no venían. Empezaron muy suave, tan suave que hubo que mandar callar a más de uno, pero enseguida la gente lo entendió y respetó.

Esta banda es muy peligrosa, tú escuchas y no sabes qué va a pasar, pero cuando te das cuenta ya es tarde, y poco a poco te han atrapado en su atmósfera. En varias ocasiones consiguieron ponerme los pelos de punta, y alguna lágrima vi caer entre el público. ¿Cómo lo hacen? Desde luego, una experiencia que guardaré en la memoria para siempre.

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Ya solo quedaban dos grupos para terminar el día. Mantar y Gorgoroth.

El dúo alemán llenó la John Dee antes de empezar, así que tuvimos que esperar unos minutos para poder entrar. Una guitarra y una batería son suficientes para ellos, que tocan cara a cara y de lado al público. Hubo algún problema técnico tras las primeras canciones y tuvieron que parar, pero lo arreglaron rápido tras unos minutos. Este grupo no deja indiferente a nadie. El guitarra, Hanno, no para, es puro nervio y enseguida conectó con el público. Si antes tenía muchas ganas de verlos, ¡ahora las tengo de repetir!

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Ya para acabar el segundo día, tuvimos que subir a la segunda planta de la llenísima Rockefeller para poder ver algo de los noruegos Gorgoroth, confirmados como sustitutos de la banda sueca At the Gates. Banda que no necesita presentación, creada en los años noventa, y cuyo nombre proviene de la región más importante de Mordor, la meseta de Gorgoroth, no defraudó. Empezaron con “Bergtrollets Hevn”, “Aneuthanasia” y “Prayer”, para cerrar con “Unchain my heart!!!”

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Completamente destrozados, volvimos al hotel a morir de nuevo.

Sábado 30 de marzo. La reunión sorpresa.

Amanecía el día más caluroso del festival, unos siete grados. No se esperaba sol, aunque tampoco lluvia, así que salimos a conocer algo más de la pequeña Oslo y de paso iríamos al hotel oficial del festival, el Clarion Hotel The Hub, a ver la exposición de arte paralela al festival con pinturas, fotografias y obras originales de Toto Lara, Zbigniew M. Bielak, Costin Chioreanu o Maria Virros entre otros artistas.

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Se agradece estar en un hotel 5 estrellas con metal como hilo musical mientras se recorre la exposición que además es rápida de ver y permite conocer a los artistas y adquirir alguna de sus obras.

Este día acudimos a ver alguno de los grupos que tocaban en los bares antes de la apertura de puertas del festival. Primero fuimos al Brewgata, dónde justo estaba empezando a tocar Shaving the Werewolf. Casi no se podía ni entrar, estaba llenísimo, y la banda, que toca música desagradable para gente desagradable (así lo describen ellos mismos), ¡tocaba casi cara a cara con la gente de primera fila!

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Finalmente, decidimos probar suerte en otro sitio porque empezamos a sudar y era imposible alcanzar la barra para pedir una cerveza. Así que acabamos en el bar Revolver, justo al lado del Kniven, que es donde estaban tocando la banda noruega de trash, Imbalance, pero ahí ya no pude ni entrar. Una pena, tenía ganas de verlos. Así que tras unas cervezas tranquilas, fuimos hacia el festival, que se encuentra a un minuto del lugar.

El primer grupo fueron los escoceses Saor. Fue el primer grupo que vimos tocar instrumentos de viento, en el festival. La verdad, que es este folk/black atmosférico tan característico de esta banda, fue una forma suave de empezar un día cargado de sorpresas y emociones que no esperábamos.

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Enseguida nos dimos cuenta de que en el festival había más bullicio que el resto de días, así que decidimos quedarnos en la Rockefeller para esperar al siguiente grupo, Orbit culture. Esta banda sueca de death, fue una gran sorpresa. Nos encontrábamos en uno de los balcones del segundo piso y se podía ver cómo el mosh pit crecía canción tras canción. Empezaron con “Black mountain”, “North star of nija” y “Nensha”, cuyo final me recuerda un poco a Meshuggah. Hasta que no pude más, hice un “aguántame la birra” y fui a hacer lo que hay que hacer en estas ocasiones, ir a repartir y recibir amor en el mega pogo que se había formado. ¡De locos!

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Tras esta descarga, tocaba reponer fuerzas y esperar al siguiente grupo, un grupo de dark country. ¡Sí, sí, country en el Inferno metal festival! Incluso ellos mismos lo dijeron: “We still don’t know what the fuck are doing here”, pero os aseguro una cosa, aquí la gente bailó, cantó, aplaudió y se lo pasó genial. Estamos hablando de Me And That Man, proyecto paralelo de Nergal, cantante de Behemoth. Si os gusta el country, dadle una oportunidad.

Empezaron con “My church is black” y “Nightride”. Para el tercer tema, “Run with the devil”, vino el primer invitado, Jørgen Munkeby, principal músico de Shining, que nos atropelló con el saxo. Aquí no hubo fuego, pero sí que incendiaron la sala, ¡era imposible no bailar!
Con el cuarto tema, “Burning churches”, nos hicieron cantar a todos. Menos mal que no estamos en los años 90 y los inicios del black. En el séptimo tema, “Coming home”, vino a hipnotizarnos con su voz el segundo invitado, Sivert Høyem, cantante de Madrugada. Se quedaría también para el octavo tema, “Look away Lucifer”, de su propia banda. Por supuesto, acabó cantando todo el mundo. Cerraron con “Losing my Blues”, un tema más rocanrolero, para llevarse una gran ovación.

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Para estirar un poco las piernas, bajamos a la John Dee a ver a Jo Quail. Una sola persona en el escenario y un violonchelo eléctrico captó nuestra atención desde el minuto uno. La londinense Poppy Ackroyd empezó golpeando el instrumento con las manos para grabar la base rítmica sobre la que iría añadiendo cada vez más capas, consiguiendo una intensidad que dejó muda a toda la sala.

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Fue al salir de ahí cuando nos dimos cuenta de la cantidad de gente que había, aún no lo sabíamos, pero ese fue el día con más asistencia de todo el festival. A partir de aquí, empezó a ser difícil moverse entre la gente y encontrar huecos para ver medianamente bien, todo eran torres, y los pisos de arriba estaban ya llenísimos.

Casi sin darnos cuenta, empezó el siguiente grupo. Los noruegos Borknagar. Es la primera vez que pude escuchar a esta banda de black progresivo en directo, no decepcionaron. Abrieron con “Nordic Anthem” seguida de “Up North” y “The Rhymes of the Mountain”. En los primeros temas hubo que hacer algunos ajustes de sonido, ya que no se escuchaban bien algunos instrumentos, pero enseguida se solventó y pudimos disfrutar hasta el final. Terminaron con “The Dawn of the End”, de su primer disco, “Summits”, del último disco, y “Winter Thrice”, un tema espectacular del disco homónimo.

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Y llegó el momento de la noche, o más bien, del festival. Era el turno de los cabeza de cartel. Era el turno de Dimmu Borgir. Se abrió el telón y lo primero que apareció fue la llamativa batería, es imposible contar todo lo que hay ahí, porque es gigante. Enseguida empezó a sonar “Det nye riket”, la intro del disco ‘For all tid’, pero no fue hasta que empezó “Raabjørn speiler Draugheimens skodde”, que la gente no entraría del todo en el concierto.

En el segundo tema, “Spellbound (by the Devil)”, llegó la primera sorpresa. Invitaron a tocar a Tjodalv, miembro fundador de la banda, que también participaría en “Entrance”, pero el momento de la noche estaba por llegar. La gran sorpresa llegó con la cuarta canción, “The Insight and the Catharsis”. Invitaron al escenario a los ex-miembros Vortex y Mustis y, lógicamente, el Inferno enloqueció. Reunir a los tres exmiembros para tocar juntos es algo que jamás había ocurrido en la historia de la banda y que aunque muchos lo deseen, es difícil que se repita.

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Mientras volvíamos al hotel, a morir por tercer día seguido, iba dando vueltas a lo sucedido. ¡Menudo recuerdo nos llevamos en nuestra primera vez con esta banda!

Domingo 31. La descarga final.

Empezaba el último día del festival, el cansancio empezaba a acumularse, pero nuestras ganas de conocer todos los rincones de Oslo decantaron la balanza y nos pusimos en marcha.

El primer grupo al que asistimos fueron los ingleses Winterfylleth, con la Rockefeller prácticamente llena. Empezaron con “Absolved in Fire” para meternos en su atmósfera y hacernos disfrutar de un conciertazo. Nos dio la sensación de que acabó muy rápido, que es lo que suele pasar cuando uno disfruta de lo que está sucediendo. Estaremos pendientes de ver cuando vienen por nuestra tierra.

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La siguiente banda que vimos fueron los estadounidenses Cynic. Unos días antes nos los habíamos perdido en Barcelona, ya que hicieron Sold Out; así que recuperamos el momento con una buena dosis de progresivo y todos los estilos que tocan. Cynic es uno de esos grupos que no puedes catalogar. ¿Jazz? ¿Death? ¿Progresivo? ¿Todo? Una cosa es segura, son unos musicazos que te invitan a abrir la mente y a disfrutar de su particular viaje. Todo un lujo poder asistir al último concierto de la gira.

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Aunque el festival tenía las horas contadas, la sala cada vez se veía más llena. Todo el mundo quería unirse a la fiesta que estaba a punto de comenzar.

Los finlandeses, Finntroll eran los siguientes, y estaban dispuestos a que gastáramos las energías que nos quedaban. Al principio se me hizo extraño que no hubiera teclista en directo, pero este detalle quedaría borrado enseguida al ver los primeros pogos formarse. Pogos que se fueron transformando en una masa de gente bailando y saltando hasta que empezaron a volar personas. A partir de ese momento y hasta el final del concierto, no pararía de llegar gente a primera fila haciendo crowd surfing, sobre todo con “Under Bergets Rot”, que fue un desmadre.

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El momento de acabar se acercaba y llegó el turno del último grupo, Taake. Otro clásico del black metal que ha pasado por el festival esta edición y que nació en estas frías tierras. Cuando salieron al oscuro escenario, una Rockefeller llena hasta el tercer piso los recibió con una gran ovación.

El cantante, Hoest, iba moviéndose por el escenario huyendo de la poca luz que había, dando patadas y peleándose con el pie de micro y el cable, pobres fotógrafos, tendrían que hacer milagros. Abrieron con “Fra vadested til vaandesmed” y “Denne forblaaste ruin av en bro”, un tema de once minutos de su último disco, y terminaron con la primera canción “I” de su primer disco, ‘Nattestid Ser Porten Vid’. Como apunte final, hay que decir que sonaron impecables. Se distinguían todos los instrumentos.

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Acabado ya el concierto, nos negamos a ir al hotel, así que fuimos al bar Kniven a echar las últimas cervezas. Idea que también tuvieron muchos asistentes del festival, ¡no queríamos que esto acabase!, no parecía que al día siguiente hubiera que volver a casa.

El Inferno Metal Festival es un gran festival, no solamente por la selección musical, sino también por la organización, las actividades paralelas y el público. Hay muy buen ambiente y uno se siente como en casa desde el primer momento. Ya quedan menos días para la edición 2025, estaremos atentos a las primeras confirmaciones.

¡Tusen takk, Inferno!
Hasta el año que viene

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