[crónica] Israel Nash en Madrid – Sala Copérnico, 22/02/2024

Texto: Mariano Bacigaluppi

Más de una década tuvo que pasar para que Israel Nash volviera a pisar la capital de España. Desde aquel octubre de 2013 muchas cosas han cambiado en el mundo, y muy posiblemente en nosotros, pero lo que no se ha modificado, absolutamente en nada, es la magia que el artista desprende arriba del escenario y, nuevamente comprobado, que aún conserva la fórmula alquímica para convertir melancólicas historias, y taciturnos sentimientos, en música.

Puntualidad inglesa para el nacido en Missouri, ya que cuando el reloj asistía a su cita con las 21.00hs el cuarteto de músicos que acompañaba al artista se hizo presente en el escenario. Jesse Ebaugh al bajo, Alex Marrero, a la batería, el grandísimo Curtis Roush, a la guitarra solista y, por último, el multiinstrumentista Eric Swanson repartiéndose las labores entre el teclado, el Pedal Steel y la guitarra. Pocos instantes después, Israel Nash se hizo presente y a presentar de lleno su último trabajo discográfico ‘Ozarker’, del año pasado, y así fue que el puntapié inicial lo dio con la grandiosa ‘Can’t Stop’ y esa magnífica mezcla de Folk-Rock, al mejor estilo del maestro Tom Petty, y con un exquisito solo en las seis cuerdas de Curtis Roush. Sin pausa alguna, Eric Swanson daría comienzo en su teclado a ‘Ozarker’, algo más nostálgica que su predecesora, pero nuevamente con un grandísimo solo de guitarra, arropadísimo por los teclados, y con la sala, al borde del aforo completo, entonando su estribillo “Sha la la la… La la…”. Magia a raudales, sin duda alguna…

Un pequeño salto hacia el pasado con ‘Woman At The Well’ del disco ‘Rain Plans’ para volver al presente con la preciosa y emotiva ‘Roman Candle’ qué, sin dudarlo un solo segundo, fue una de las más festejadas y coreadas por los presentes. Otra pequeña mirada al pasado, algo más cercano su larga duración Lifted’ interpretando la pegadiza “Lucky Ones” con otro nuevo y magnífico solo de Curtis Roush y una genial participación de Eric Swanson. ‘Shadowland’ que cierra su último disco también se hizo presente y fue otra de las que mejor recepción tuvo entre el público y no dudo que sea por su grandísimo estribillo y, una vez más, la larga sombra de Tom Petty flotando por los aires… Israel Nash tiene un indescriptible carisma y un magnetismo innato que te hace partícipe de las historias que está contando/cantando y eso hace que te sumerjas, aún más, en su música y flotes, casi sin darte cuenta…

Nuevo salto temporal, más lejano aún, y visitando su ‘Barn Doors and Concrete Floors’, el disco con el que lo conocí por cierto, interpretó la delicada y elegante ‘Baltimore’, o lo qué es lo mismo, una de las mejores canciones para enseñarle a un neófito dentro del Folk-Rock o la música sureña en general, porque esa canción lo tiene todo, absolutamente todo. Vuelta al hoy y, primeramente, con la sentimental y emotiva ‘Pieces’ y, a posteriori, ‘Lost In America’ qué, sin duda alguna, fue el momento más álgido de toda la noche y, principalmente, por la historia que Israel Nash relató al principio, en la que está basada la canción y, seguidamente, por una interpretación sin precedentes explotando todos los medidores del sentimiento que estuvieran activos en ese momento… Disparo certero al corazón, y a la fibra sensible, con una narración post Guerra de Vietnam y pese a la tristeza transmitida, el pensar y desear, que en los ojos de las personas haya amaneceres y no sufrimiento ni peleas absurdas.

De vuelta al ‘Lifted’ materializaron la grandiosa ‘Rolling On’ y nuevamente echarían mano del Rain Plans’ en primera medida con ‘Rexaminarum’ y, a posteriori, con la encantadora ‘Mansions’ con, nuevamente, un excelente trabajo desde la guitarra de Curtis Roush y unas espectaculares atmósferas creadas por Eric Swanson. De esta manera se despedirían del escenario, y por suerte, por unos breves instantes. Volverían para dar por concluida su actuación, con una notable interpretación de ‘Firedance’ en donde la contundencia de Alex Marrero, tras los parches, se hizo más que notoria y fue partícipe, y actor principal, de que la canción tuviera un final realmente apabullante. La elegida para decir adiós y así completar más de cien minutos de música, sentimientos, emoción y magnanimidad fue ‘Rain Plans’.

Creo que todos, absolutamente todos, músicos y asistentes, acabamos la noche con una sonrisa inmensa. Los músicos por haberlo dado todo encima del escenario y nosotros, los asistentes, porque literalmente recibimos ese todo materializado en sónicas texturas, sentimientos y, probablemente, en uno de los mejores conciertos en el último tiempo y que perdurará en nuestras retinas, y en nuestra mente, por un vasto intervalo temporal.