Texto: Oliver Heras
Todos y todas estamos de acuerdo en que un festival en julio en Madrid posiblemente no sea la mejor idea del universo. Ni en mis peores pesadillas me imaginaba a mí en un descampado en plena ola de calor al sol rodeado de miles y miles de personas, pero Foo Fighters y The Warning consiguieron que un chavalito de Soria se plantara allí. No hay sufrimiento que la música no aplaque.
Pensando en este texto no sabía si contaros lo que es el Mad Cool para mí o quedaría como un pollavieja, como un casposo o como un Paco. Cosa que no está entre mis prioridades. Aún así, os voy a contar cuatro cosas un poco edulcoradas.
Ya sabéis lo que es este festival: una pasarela de modelos, son marcas haciendo acciones durante todo el día, son precios abusivos, son guiris, son accesos de mierda, son solapamientos de grupos importantes que comparten estilo y este año además fue un sonido lamentable. ¿Por qué? Porque alguien tuvo la brillante idea de que Foo Fighters y Moby coincidieran en escenarios relativamente cercanos. Desde el escenario principal escuchábamos el concierto de Moby y, según me cuentan, desde el escenario Orange oían con nitidez los berridos de Dave Grohl. Cuestionable manera de que, como festival, tu prioridad sea la música.
Y ya dejando a un lado todas las cosas molestas de alrededor vamos a centrarnos en lo importante. Los encargados de abrir el festival fueron Palaye Royale y ahí nos fuimos durante un breve periodo de tiempo porque las grandes protagonistas del día eran las solapaciones. Si es que existe esa palabra. Disfrutamos de No Love in LA y Little Bastards. Corriendo nos fuimos para el escenario Región de Madrid para adorar al trío mexicano The Warning. Estábamos temerosos de que pudieran llegar a cancelar por problemas de salud de Pau, su batería, ya que días atrás sufrió un desmayo en pleno directo a causa del calor. Y calor en Madrid ayer teníamos para aburrir. Salieron con toda la energía que caracteriza a las hermanas Villarreal a pesar de rozar los 40 grados y es que ellas mismas explicaron que este calor hace que se sientan como en su Monterrey natal. MORE, S!CK, Satisfied y Qué más quieres sonaron a gloria bendita y el público regado por mangueras coreaba hasta el último estribillo. Es curioso cómo un grupo, y en especial una cantante, puede sonar mejor en directo que en los discos. Pero en las veces que he visto a The Warning siempre ha sido así. Daniela tiene una voz prodigiosa y, a pesar de que estaba pasando por una gripe como ella dijo, tuvo una actuación de diez absoluto. Terminaron el bolo con su himno Automatic Sun en el que nos dejamos la voz y fuimos en busca de las pocas sombras que quedaban libres en el recinto.
Se rumoreaba por las redes que la misteriosa banda Bigger Splash era Arde Bogotá y efectivamente. No los llegamos a ver por dos motivos claros:
- Actuaba Wolf Alice
- El indie no tiene cabida en mi vida
Eso sí ha quedado casposo, me gusta.
Wolf Alice convirtió su paso por el Mad Cool en una de esas actuaciones que nos recuerdan por qué son una de las bandas más interesantes del rock alternativo actual. Ellie Rowsell es un torbellino y a pesar del solazo en la cara que tuvo durante todo el bolo no bajó revoluciones en ningún momento. The Last Man on Earth sonó especialmente bestial y ya solamente nos quedaba esperar a los Foo.
Si algo tienen Foo Fighters es que convierten cualquier concierto en una celebración del rock. Dave Grohl sigue siendo uno de esos frontman capaces de meterse a decenas de miles de personas en el bolsillo con una facilidad insultante, y en el Mad Cool volvió a demostrarlo con un repertorio plagado de himnos. All My Life, The Pretender, My Hero, Best of You o Everlong fueron cayendo una tras otra en un concierto que superó las dos horas y media y que dejó claro por qué siguen jugando en primera división.
Eso sí, ni los más fieles podrán negar que el tramo dedicado a presentar a los músicos, con el ya habitual medley de versiones y lucimientos individuales, acabó estirándose quizá media hora más de lo necesario. Divertido al principio, sí; prescindible cuando ya mirabas el reloj por tercera vez, también. Resultó curioso, además, que en plena gira de presentación de su último disco: ‘Your Favorite Toy’, no sonara ni una sola canción, una decisión que pareció dejar claro que, cuando llega la hora de conquistar un festival, los Fighters prefieren apostar sobre seguro y tirar solamente de clásicos. Y, siendo sinceros, el público tampoco pareció echarlos de menos.
Y así terminó la primera jornada. El Mad Cool sigue siendo ese festival con el que mantengo una relación de amor-odio: trae algunos de los mejores carteles que pasan por nuestro país, pero parece empeñado en ponerte obstáculos para disfrutarlos. Entre los solapes imposibles, los problemas de sonido y un ambiente de puro postureo, uno sale con la sensación de que la experiencia podría ser mucho mejor. Aun así, cuando en un mismo día te llevas por delante conciertos como los de The Warning, Wolf Alice y Foo Fighters, es difícil volver a casa enfadado. Con un buen dolor de piernas, varios litros menos de agua en el cuerpo y la certeza de que, por muy pesado que sea reconocerlo, el año que viene probablemente volveremos a caer y volveremos a quejarnos.


