Texto: David Alonso
Desde hace ya algunos años, estamos viendo cómo, poco a poco, muchos de los grupos que han formado parte de la banda sonora de nuestra vida, van dejando los escenarios y, pese a que hay ciertas formaciones que realmente se siente que es necesario que den ese paso al lado, hay otras como Medina Azahara que, tras el espectacular concierto del sábado en el Lienzo Norte, nos da una tremenda pena que nos digan adiós, ya que se marchan en un momento precioso, conservando toda su magia y poderío, con probablemente los 45 años mejor llevados del rock español.
Afrontaba este concierto con una nostálgica ilusión ya que, Medina Azahara y su canción “Todo tiene su Fin” fue mi primer acercamiento inconsciente al mundillo del rock cuando tendría 6 o 7 años, ya que estaba incluida en un casete casero de grandes éxitos de Camela y que, para rellenar la cinta, tuvieron a bien mis padres colocar este tema. Desde entonces han pasado ya casi 20 años y sentía que tenia una duda pendiente con aquellos cordobeses que me abrieron la puerta a este maravilloso mundo. Es por ello que cuando supe que vendrían a mi ciudad en su gira de despedida tuve claro que esta era la oportunidad de, por fin, disfrutarlos en directo y cerrar un pequeño circulo personal.
Lo que pude presenciar en mi butaca desde las casi puntuales 20:05 lo voy a llevar en mi recuerdo para toda la vida, no solo por el precioso ambiente de sold out en el recinto del Lienzo Norte, si no por el hecho de que fue un espectáculo de casi tres horas (2h 40m para ser exactos) donde la banda literalmente interpretó todos sus grandes éxitos en una velada que se sintió en algunos momentos muy íntima y emotiva, pero en otros de absoluta celebración, con alguna que otra pincelada de humor, algo que en un concierto de tal minutaje fue primordial y me mantuvo entretenido en la totalidad de este.
Desde el inicio con “Paseando por la Mezquita” se podía escuchar cómo la banda conserva totalmente la magia y poderío, no solamente en la excelente voz de Manuel Martínez (que puedo afirmar sin temor a equivocarme que es de las voces que mejor han envejecido, más que nada porque no lo ha hecho), sino de la excelente base guitarrera que aporta el virtuoso Paco Ventura y los melódicos teclados de Manuel Ibáñez. A esto hemos de sumar la buena acústica del pabellón sinfónico del Lienzo Norte, donde el único aspecto negativo fue el hecho de ver el concierto sentado, aunque esto no supuso un problema en el tramo final.
El setlist, como he mencionado anteriormente, quería repasar casi la totalidad de los grandes éxitos de la banda, haciendo especialmente hincapié en sus primeros 25 años de historia y con un especial hincapié en redondos como el excelente ‘Sin Miedo’. Es por ello que hubo momentos en los cuales, para interpretar tantos temas, se recurría a medleys donde incluir cuatro o cinco canciones a la vez, como pudo ser en el caso de “El Rincón de mi Mente, Andalucía, Se, Al Hakim…Otro Lugar, Hacia Ti”. Este recurso se utilizó en 3 ocasiones, siendo una de ellas enfocada más a las baladas con “Solos Tú y Yo, Tu Mirada, Otoño, La Luz de mi Camino, El Soldado”.
Continuando con el concierto, algunos cortes más cañeros como “Hijos del Amor y la Guerra” o la veloz “Niños” continuaba demostrando el buen estado de forma de la banda en todo tipo de registros y tempos, animando a cantar al respetable con subtítulos de la letra en las pantallas para aquellos que no recordasen o no conociesen algunas de las letras, algo que es de agradecer y que no me produce ningún sonrojo reconocer que en alguna ocasión me vinieron de perlas.
Uno de los momentos más divertidos del concierto llegaba con “Danza al Viento” donde se invitaba a bailar al escenario a quien quisiese. Es en ese momento cuando una mujer, sentada en la zona más alta del anfiteatro bajaba a toda velocidad con la intención de danzar junto a la banda y desde luego que bailó, ya que saco a relucir todo su arsenal de movimientos ante el deleite del público, ganándose el aplauso no solo del respetable sino de la propia banda, que pidió un aplauso por ella ante tal actitud y desparpajo.
Siguiendo con el concierto “Favorita de un Sultán” y especialmente “Hay un Lugar” hacían el amago en el publico de levantarse y disfrutar bailando y coreando del espectáculo, pero que por respeto a las filas altas no se terminaba de culminar, pese a que de vez en cuando en los silencios entre tema y tema se escuchaba a gente gritando cómicamente que se quieren poner de pie.
En la segunda mitad del concierto y tras la preciosa canción dedicada a su tierra como es “Córdoba” se producía un momento realmente emotivo, en el cual Manuel recordaba a su hijo tristemente fallecido, comentando que este es con diferencia el momento más duro para el de todo el show y consiguiendo emocionarnos a nosotros también, interpretando “Solo y sin Ti” a dueto con su hijo mediante fragmentos interpretados años atrás. Manuel, visiblemente emocionado, recibió un precioso y contundente aplauso que dio paso a “Velocidad” (una de las canciones más demandadas por el público), un corte que seguramente esta colocado en esta posición para no dejar un triste sabor de boca en Manuel y que continue con energía el show, en una canción que en vivo gana en velocidad y contundencia respecto a la original.
Poco a poco se iba acercando el tramo final, y es en el imbatible combo de “Palabras de Libertad” y “Necesito Respirar” donde la gente, en una total comunión, decide ponerse en pie y cantar a pleno pulmón estos himnos del rock español, en un momento que se sintió de absoluta celebración y que nos acercaba tristemente al final.
Tras ello, y de manera recurrente a lo largo del concierto para hacer pequeños descansos, en la pantalla aparecían dedicatorias de personalidades del rock y de la farándula televisiva general con personajes como Fortu, Tomas Roncero o Manolo García. Una vez acabadas estas dedicatorias “Todo Tiene su Fin”, haciendo honor a su nombre y volviendo a levantar y hacer cantar a capella al entregado público, puso broche final (no sin antes presentar a los músicos y staff detrás de escenarios) a una jornada inolvidable no solo para un servidor, sino para el panorama del rock en tierras abulenses gracias a unos Cordobeses que, en su despedida, no queremos ni creemos que nos estén diciendo adiós


