Texto: Oriol Martinez
Fotos: Elena Marco
El pasado 14 de agosto ya entrada la noche, llegamos Carhaix-Plouguer, un pequeño pueblo de poco más de 7000 habitantes, en el corazón de la verde Bretaña, para asistir a la XIV edición del Motocultor Metal Festival, que se celebró del 15 al 18 de agosto de 2024.
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Nada más salir del coche, nos dieron la bienvenida quienes serían nuestros acompañantes para el resto del festival, el aire fresco y la lluvia fina, siempre presentes en esta zona del mapa. Todo un placer en plena época de olas de calor y toda una bendición para no morir ahogados con el polvo que levantarían los numerosos y gigantescos mosh pits que se irían formando a lo largo de los días. Pero vayamos paso a paso.
Este año, el festival organizó conciertos gratuitos en el pueblo desde el mismo día 14, con bandas tributo a ZZ Top, Guns n Roses, AC/DC… Así que, ¿qué importa el cansancio del viaje? Dejamos todo el equipaje y nos fuimos corriendo a por unas merecidas cerve…¡sidras!, aquí se bebe sidra a todas horas.
Pudimos ver a The Power, grupo tributo a AC/DC, en el jardín de una pequeña crepería del pueblo. Hay que decir que nos sorprendió por lo bien que tocaban, y sin saberlo, teníamos delante una sorpresa que no descubriríamos hasta el día siguiente.
El Motocultor es un festival que, aunque va creciendo cada año, no está masificado y no es gigante. Se puede ir de un punto a otro fácilmente en un par de minutos y las colas en las barras, aunque siempre están llenas de gente, son casi inexistentes. Hay cuatro escenarios, dos principales (Dave Mustage, Supositor Stage) y dos carpas (Bruce Dickinscène, Massey Ferguscène). Siempre hay dos conciertos simultáneos; uno en alguno de los escenarios principales y otro en una de las carpas, y entre conciertos solamente hay que esperar 5 minutos.
El festival también dispone de una carpa de merch oficial, dónde también hay a la venta camisetas de los grupos que van a tocar cada día y un puesto de firmas por donde pasan cada día varias bandas a dedicar un tiempo a sus seguidores.
Aparte, hay el metal market, y distintas tiendas repartidas por toda la zona del festival, donde podremos encontrar todo tipo de productos, sobre todo parches y camisetas e incluso un puesto de productos picantes.
La zona de restauración queda separada de la zona de conciertos. Dispone de muchos food trucks, donde, por supuesto, no faltan las galettes y crepes típicas de la zona y donde hay cada vez más, opciones veganas y vegetarianas.
Quisiera destacar también, que en esta edición se ha contado por primera vez con un punto lila, lo que me parece una buena iniciativa para concienciar, evitar y denunciar actitudes y situaciones que no son bienvenidas. También ofrecían, de forma gratuita, preservativos y unas fundas para tapar los vasos y que nadie pueda echarte nada en la bebida.
Jueves 15. El día más corto.
El primer día, los conciertos empiezan a las 16:00 de la tarde. Por distintos motivos logísticos, nos perdimos los 2 primeros conciertos. El primero sería el de los suecos Dewolf, encargados de abrir el festival con su rock & roll y buen rollo.
El segundo, de los que pudimos escuchar algo mientras hacíamos la interminable cola de las pulseras, fue la banda de black metal estadounidense, Uada. Una pena, porque teníamos muchas ganas de verlos.
Havok fue la primera banda que pudimos ver. Los de Denver, Colorado, hacía más de seis años que no pisaban Europa, y la lluvia, no sería un freno para que esta banda de thrash empezara a calentar el ambiente.
Arrancaron con “Point of no return” y “Fear campaign”, suficiente para ver las primeras personas volar sobre el público.
En el tercer tema, “Hang em high”, explicaron que no pudieron tocarla en directo en su momento por culpa de la pandemia, así que sacaron toda su rabia y el primer mosh pit surgió entre el público, qué sensación tan bonita; ya podíamos decir que habíamos entrado de lleno en el festival. Los temas se irían sucediendo para cerrar con “Time is up”, cuyo título nos anunciaba el final.
El siguiente “grupo” nos haría bajar revoluciones para entrar en otro terreno, mucho más tranquilo y más emotivo. Es muy difícil explicar en pocas palabras el artista que tuvimos el lujo de ver. Este señor, que nació antes de que se inventara el rock & roll, lleva más de setenta años tocando. Aparte de cantar, toca varios instrumentos, como la bombarda o la gaita, aunque por el que más se le puede reconocer, es el arpa.
Durante su carrera se ha dedicado a recuperar música de países celtas y fusionarla con sonidos contemporáneos. Sus letras están escritas en inglés, francés y en varias lenguas celtas, principalmente, el bretón. Os hablo de Alan Stivell, que para nuestra sorpresa, había adaptado el repertorio para que fuera más rockero de lo habitual.
Las miradas del público, justo antes de empezar, iban dirigidas al centro del escenario, donde había un arpa celta enorme. Justo cuando salieron los músicos al escenario, vimos una cara familiar, se trataba del guitarrista Emmanuel Devorst, que había estado tocando la noche anterior con The Power, el grupo de versiones de AC/DC.
Tras una introducción con el arpa, empezó el concierto. “Délivrance” y “Cease Fire” serían los primeros temas. “Brian Boru”, canción sobre un Gran Rey de Irlanda que luchó contra los vikingos, sería la tercera canción. La lluvia, siempre presente, nos llevaría hasta los últimos temas, “Tri Martolod”, probablemente de los más conocidos de la banda, y “Bro Gozh ma Zadoù”, el himno nacional de Bretaña.
Este día, no nos moveríamos de los escenarios principales, así que terminado el concierto de Stivell, nos preparamos para la siguiente banda, era el turno de los suecos, Sacramentum, los cuales tenían preparado un oscuro ritual de sangre. ¡Hail the metal of death!
Todas las canciones que tocaron, eran de su primer disco, de 1996, ‘Far away from the sun’. Así, que tras una larga introducción, entraron sin piedad con “Fog’s Kiss” y “Far away from the sun”. El tercer tema, “Blood shall be spilled”, marcó un antes y un después en el escenario. Nisse Karlen, el cantante, apareció con un cáliz y, a mitad de tema, volcó sobre su boca toda la sangre que contenía, lo que hizo que el cantante pasase el resto de concierto completamente cubierto de rojo, y seguramente algunos de primera fila también.
Disfrutamos mucho de este concierto, y sonaron de maravilla.
Desde Tampa, Florida, cerrando su gira europea de verano, serían Deicide los encargados de hacer explotar la noche. El escenario, iluminado únicamente en rojo, empezó a rugir cuando Glen Benton, empezó a cantar y aporrear el bajo, ¡parecía que se fuera a romper! Abrieron con “When Satan rules his world”, y pocos acordes fueron necesarios para que el público enloqueciera. Nos asombró la facilidad con la que empieza a volar gente, no era más que una preparación para los siguientes días, dónde hasta los de seguridad acabarían haciendo crowd surfing.
El setlist completo, en orden, fue el siguiente:
“When Satan Rules His World”, “Carnage in the Temple of the Damned”, “From Unknown Heights You Shall Fall”, “Behead the Prophet (No Lord Shall Live)”, “One upon the cross”, “They are the children of the Underworld”, “Satan Spawn, the Caco-Daemon”, “Severe the Tongue”, “In Hell I Burn”, “Sacrificial Suicide”, “Bury the Cross… With Your Christ”, “Dead by Dawn”, “Scars of the Crucifix”, “Homage of Satan”.
Tras pasar por los food trucks, decidimos dar por finalizado este día. Seguía lloviendo, estábamos muertos y los siguientes días serían mucho más largos e intensos.
Viernes 16. Un día “tranquilo”
Al despertarnos este día, parecía que la lluvia siempre presente en este festival, nos daría un poco de tregua y no sería tan intensa como el día anterior, de hecho, se intuía un poco el sol. Antes de dirigirnos al festival, cargamos baterías almorzando unas galettes típicas de la zona y unas sidras en nuestra crepería favorita de Carhaix.
Llegamos justo para el comienzo del concierto de la banda de Death Metal de New Jersey, Incantation, que, con un sonido aplastante y un gutural grave como pocos, no dieron tiempo ni a calentar. La gente tenía ganas de lío, se respiraba en el ambiente. Los cambios de ritmo de las canciones, marcaban la velocidad del circle pit que se había formado nada más comenzar y que duró hasta el final. Daban igual la lluvia y el barro, ¡había hasta gente con chanclas o descalza corriendo como posesos!
Fue un buen comienzo para un día que a priori pintaba tranquilo.
El setlist completo fue, en este orden: “Carrion prophecy”, “Shadows of the Ancient Empire”, “Concordat (The Pact) I”, “Vanquish in Vengeance”, “Fury’s Manifesto”, “Blasphemous Cremation”, “Blissful Bloodshower”, “The Ibex Moon”, “Impending Diabolical Conquest”.
Tras el caos, pasamos a algo más calmado con el duo francés, Eihwar, encargados de sustituir a Sable Hills, que finalmente no vinieron al festival. Fue el primer concierto que veríamos en una de las carpas y la verdad es que era el lugar perfecto para esta banda. Estando a cubierto y en un ambiente más acogedor, la banda enseguida conectó con el público. Tienen un estilo difícil de etiquetar, una mezcla de instrumentos y ritmos vikingos tradicionales con trance y techno, que crean una atmósfera que, aparte de no dejar indiferente a nadie, enganchó a todos a bailar y aplaudir con ellos desde el primer golpe de tambor. ¡Toda una sorpresa!
De vuelta al escenario principal, vimos que volvía a haber acción. Eran los daneses Hexis, los cuales ni siquiera llevaban su nombre en el escenario. Una banda que se camufla entre el black metal y el hardcore y juega con toques de doom y sludge, pero que ofrecen un potente directo. Un gran circle pit giraba sin parar tema tras tema, para terminar el concierto con el cantante, Filip Andersen, tirándose encima del público sin dejar de cantar ni un solo instante mientras lo llevaban de un lado a otro. Menos mal que el día pintaba tranquilo…
El siguiente grupo que pudimos ver, fueron los ucranianos 1914, que el año anterior no pudieron asistir al Motocultor al no poder salir de su país por culpa de la ocupación rusa. Teníamos muchas ganas de verlos.
Vestidos como soldados, de distintas nacionalidades, de la Primera Guerra Mundial, y el cantante, el Teniente mayor Dietmar Kumarberg, del 147º regimiento de infantería, lleno de barro como si acabara de salir de la trinchera, nos hipnotizaron con su estilo que se mueve entre el black y el death metal, acariciando un poco el doom en algunos temas. Pude ver a alguno del público mostrando sus brazos erizados según sonaba alguna de las canciones.
En un momento dado, durante el tema ‘A7V Mephisto’, el cantante había desaparecido del escenario, pero su voz seguía sonando. ¡Menudo susto me llevé! De repente, al darme la vuelta, lo tenía cara a cara, a menos de un palmo; iba cantando y caminando lentamente entre el público mientras la gente no creía lo que estaba sucediendo. Será difícil de olvidar este conciertazo.
Por supuesto, condenaron la situación que les está tocando vivir en su país por culpa de Putin, así lo dijeron, y agradecieron el apoyo recibido desde el primer momento desde todas partes del mundo.
El setlist completo, y en orden fue el siguiente: “War in” (del disco ‘Where Fear and Weapons Meet’), “FN .380 ACP#19074”, “Vimy Ridge (In Memory of Filip Konowal)”, “… And a Cross Now Marks His Place”, “Corps d’autos-canons-mitrailleuses (A.C.M)”, “Mit Gott für König und Vaterland”, “A7V Mephisto”, “Arrival. The Meuse-Argonne”, “Passchenhell”.
Apenas habíamos tenido tiempo de investigar el recinto, así que tras ver los primeros temas de los daneses Myrkur, decidimos ir a dar una vuelta y descansar un poco nuestros tímpanos antes del siguiente concierto. Por cierto, se ofrecen tapones para los oídos en distintos puntos del festival de forma gratuita, todo un detalle por parte de la organización.
Tras esta visita por el mercadillo del festival, parecía que la tranquilidad había vuelto y con la noche acercándose, acabaríamos el día enteros. Nada más lejos de la realidad.
Los de Oklahoma, Left to Die, nos tenían preparada una buena. Esta banda, con los ex-miembros de Death, Terry Butler y Rick Rozz, acompañados de Matt Harvey y Gus Rios, transformaron el Motocultor en un campo de batalla. Tengo que ser sincero, desde la primera nota de “Leprosy”, entré al pogo y ya nunca volví a salir. A ratos veía alguna cara conocida entre el público o algún amigo desapareciendo entre la masa de gente, el sonido de un golpe seco hacía intuir que alguien había caído por los suelos, pero en segundos lo levantaban entre varios y como si nada. De repente estaba en primera fila, y empezó a volar gente por encima de nuestras cabezas, uno tras otro, era como si sobrara gente y la fueran tirando al foso. Los de seguridad no daban abasto, eso era exagerado. No sé si son los crepes o las sidras, pero desde luego, los bretones tienen mucha energía.
Volviendo al apartado musical, tocaron el disco de ‘Leprosy’ completo y cerraron con “Zombie Ritual”, del “Scream Bloody Gore”.
El setlist completo, y en orden, fue: “Leprosy”, “Born dead”, “Forgotten past”, “Open casket”, “Primitive Ways”, “Choke on It”, “Left to Die”, “Pull the Plug”, “Zombie Ritual”.
Lógicamente, tras esta locura, tocaba reponer fuerzas y cambiarse la camiseta, que había absorbido todos los aromas de Left to Die. No nos podíamos perder lo que quedaba hasta acabar la noche.
Superpuntuales y ya entrada la noche, en un escenario donde habían montado unas pantallas LED en dos alturas que irían proyectando animaciones adaptadas para cada tema, la banda sueca de metal progresivo, Opeth, sería la encargada de uno de los shows más importantes del festival. Desde la grada habilitada para prensa/vip que había montado este año la organización, se podía ver que toda la explanada estaba completamente llena; no cabía ni un alfiler.
Nada más subir al escenario y saludar al público, Mikael Åkerfeldt, rompió el hielo explicando lo bien que se estaba en el escenario, seco, mientras todos nos mojábamos bajo la lluvia. En su línea de bromear con el público siempre para conseguir un ambiente más relajado, ya se podía empezar.
Abrieron con “The Grand Conjuration”, del ‘Ghost Reveries’. Todo cuadraba a la perfección, muy buen sonido y buena sincronización con las luces; la voz gutural de Mikael, como siempre, de diez. Siguieron con “Daemon of the Fall”, del “My arms, Your Hearse” y “The drapery Falls”, un tema precioso de más de diez minutos, del “Blackwater Park”, que pude escuchar en directo por primera vez, qué lujo. Siguieron con “Heir Apparent”, del ‘Watershed’, y acabaron con dos de sus temas más icónicos, “Ghost of perdition”, del ‘Ghost reveries’ y “Deliverance”, del disco homónimo.
De esta manera, tras una gran ovación, cerraron su gira europea de 2024 y ya no volverán a los escenarios hasta octubre, cuando empiecen la gira americana.
El último concierto del día, era el de otra banda que me moría de ganas de ver, Igorrr, que cerraba gira tras más de cuatro años del ‘Spirituality and Distorion’. Para quien no los conozca, a continuación haré una sencilla descripción. Tenemos batería, bajo, y guitarra, añadimos un cantante que podría ser de black metal y una soprano; a esto le sumamos un sintetizador, el acordeón típico de la cultura gitana rumana, caballos, espadas, gallinas, Paco de Lucía, Meshuggah, Chopin, Bach, Cannibal Corpse y alguna cosa más. Fácil, ¿no?
A todo esto, en directo le añadieron unos lanzallamas enormes que salían desde el suelo y ofrecieron un show difícil de olvidar. Todo el Motocultor estaba ahí sin pestañear.
El setlist completo, y en orden, fue el siguiente: “Paranoid Bulldozer Italiano”, “Spaguetti forever”, “Hollow tree”, “Nervous Waltz”, “Downgrade Desert”, “Camel Dancefloor”, “ieuD”, “Parpaing”, “Polyphonic Rust”, “Viande”, “Opus Brain”, “Himalaya”, “Cheval”, “Apopathodiaphulatophobie”, ”Robert”, “Very Noise”.
Cuando terminan los conciertos, en la zona de acampada hay una carpa más, se llama “Macumba”, y es el lugar de reunión de todos los que no quieren ir a dormir o que no han tenido suficiente todavía. Pero todo tiene un precio, hay que escuchar Backstreet Boys, Spice Girls o Britney Spears y de ahí para abajo. Fuimos a ver el ambiente, pero enseguida nos fuimos a dormir, aunque alguno de los nuestros se quedó por el camino.
Sábado 17. The walking dead
Conseguimos resucitar casi al mediodía. Dolía todo y a alguno le costaba caminar, pero bueno, la buena vida en los festivales es así.
Conseguimos llegar de una pieza al festival para ver a Nekrogoblikon. Tenía mucha curiosidad de ver a la banda de Los Ángeles, más que nada porque ¡uno de los cantantes es un goblin! Los había escuchado alguna vez suelta con amigos, pero no los conocía mucho, y aunque la carpa estaba llenísima, ese no era mi día para descubrirlos.
Así que fui al escenario principal para descubrir a otra banda, los franceses Rüyyn. ¡Menuda sorpresa! En un escenario negro y dorado, unos pebeteros con fuego captaron mi atención enseguida. Los músicos iban con las caras pintadas de negro, divididas por una línea central dorada en vertical y las ropas salpicadas con más oro. El público, en silencio, estaba disfrutando. Sonaron claros y se distinguían todos los instrumentos a la perfección. Desde que volvimos del Motocultor, ya han sonado varias veces en casa mientras redacto esta crónica. Un agradable descubrimiento.
La apisonadora de Portland, Toxic Holocaust, serían los encargados de resucitarnos del todo. Esta banda de thrash, con influencias claras del D-beat (escuchad a Discharge), le da un punto de gas extra que engancha y hace inevitable moverse. Cuando te das cuenta ya estás en medio del mosh pit y la gente vuelve a volar sin parar, eso sí, con sonrisas de oreja a oreja. Gracias a algún wall of death a mitad de concierto, pude ir hasta primera fila y verlos mejor durante un par de canciones, hasta que fui engullido de nuevo por la masa de gente. Nos llevamos una buena dosis de thrash.
El setlist completo, en orden, fue el siguiente: “Bitch”, “Silence”, “In the Name of Silence”, “Death Brings Death”, “War is Hell”, “I Am Disease”, “Gravelord”, “Acid Fuzz”, “Nuke the Cross”, “The Lord of the Wasteland”.
Ahora era el turno de la banda brasileña de Death Metal, Crypta, otra banda que cerraba gira europea. Cuando las vimos en Semana Santa en el Inferno, Oslo, tocaron en el escenario pequeño. Recuerdo comentarios entre el público que no entendía por qué no las habían puesto en el principal. Bien, pues ahora íbamos a poder comprar, tocaba verlas en el escenario grande del Motocultor.
La verdad es que con más espacio, están en su salsa, no paran quietas de un lado para otro animando al público. Las dos guitarras van alternándose los solos y Fernanda Lira, por sus caras al cantar, parece que la ha poseído un demonio. Abrieron con “The Other Side of Anger”, y siguieron con “Lord of Ruins”, “The Outsider” y “Lift the Blindfold”. Terminaron con “The other Side of Anger”.
De ahí salí corriendo a coger sitio para ver a uno de esos grupos que seguro que no veré por nuestro país, Les Sheriff. Son considerados como uno de los fundadores de la escena punk francesa, y este año celebran su 40 aniversario.
No tenían ni una hora para tocar, así que pisaron el acelerador a fondo y tocaron 17 temas, prácticamente un setlist de sus trabajos más famosos. Mezcla perfecta para un concierto inolvidable.
Al salir al escenario, mientras saludaban, ya había gente volando. Abrieron con “Sortez les Bulldozer”, para hacer cantar al público desde el primer momento. Siguieron con “Panik a Daytona Beach”, un bonito tema de tiburones dándose un festín de pijos en la playa, seguida de “A coups de Batte” para desatar completamente la locura. Iban disparando temas uno tras otro, de un lado al otro del escenario, pegando saltos y riendo. ¡Se lo estaban pasando genial!
Pude estar en primera fila todo el show, y perdí la cuenta de cuánta gente llegó volando hasta el foso, de hecho, me atrevería a decir que es el concierto en el que más gente voló de todo el festival. Fue uno de los conciertos más enérgicos que pudimos vivir este año, y dónde más gente se quedó afónica, os lo seguro.
El setlist completo, y en orden, fue el siguiente: “Sortez les Bulldozer”,
“Panik a Daytona Beach”, “A coups de Batte”, “Bon à Rien”, “Soleil de Plomb”, “Fais pas Cette Tête Là”, “Je Veux Savoir Pourquoi”, “De Toutes les Couleurs”, “Loin du Chaos”, “A Montpellier”, “Pile ou Face”, “Pas de Toute”, “3,2,1,Zéro!”, “A la Chaleur des Missiles”, “Condamné à Brûler”, “Les Deux Doigts Dans la Prise”, “Jouer avec le Feu”.
Tras recuperar el aire, la siguiente banda que veríamos era Bernard Minet Metal Band. Este señor es la voz de la infancia de muchos franceses que crecieron entre los 80 y los 90, ya que es el cantante de las intros de muchas de las series de anime de la época. El concierto era en la misma carpa que Les Sheriff, y estaba tan lleno, que hubo mucha gente que tuvo que conformarse con verlo desde fuera.
La mayoría de las canciones las conocíamos en castellano o en catalán, así que fue bastante divertido ver las caras de los franceses extrañados al ver que cantábamos, pero no entendían nada, sobre todo en Oliver y Benji, que para ellos es Oliver et Tom.
En la canción “Ken le Survivant”, para nosotros “El puño de la estrella del norte”, subieron por sorpresa los miembros de Ultra Vomit, Manard y Matthieu Bausson.
Fue un concierto muy divertido, y quedó muy claro que, a Bernard Minet, lo quieren muchísimo y por ello se llevó una gran ovación.
El setlist completo, en orden fue el siguiente: “Goldorak Go”, “Biouman”, “Bioman”, “Le Collège Fou Fou Fou”, “Nicky Larson”, “Olive et Tom”, “Denver le dernier Dinosaure”, “Jeanne et serge”, “Ken le Survivant”, “Les Chevaliers du Zodiaque”, “Merguez-Partie”, “La fête au village”, “Capitaine Flam”, “Bioman” (la repitieron para cerrar).
No volveríamos a la zona de conciertos hasta que llegó el turno de Aborted. Esta banda nunca defrauda. Son brutales, rapidísimos y transmiten fuerza y rabia como pocos. El público aún tenía mucha energía a esas horas de la noche, y todo el concierto fue un enorme mosh pit del cual, con las luces del escenario, se podía ver la nube de polvo que se había formado.
El setlist completo, y en orden, fue: “Retrogore”, “Bathos”, “Dreadbringer”, “Condemned to Rot”, “Brotherhood of Sleep”, “The Origin of Disease”, “Death Cult”, “Infinite Terror”, “Insects Politics”, “Threading on Vermillion Deception/ The Saw and the Carnage Done”.
Dábamos por terminado el día, aunque quisimos ver los primeros temas de la banda francesa de drum and bass, Dirtyphonics, que para la ocasión habían preparado un metal set, algo que no habían hecho nunca. FInalmente nos quedamos más tiempo de lo previsto porque los limpiadores del escenario dónde había tocado Aborted, empezaron a improvisar bailes con sus escobas gigantescas al ritmo de la música que estaba sonando y acabaron robándole público a Dirtyphonics.
Domingo 18. La despedida
Sin darnos cuenta, el último día de la XV edición del Motocultor había llegado. Pero todavía se podía exprimir un poco más el festival. Algunos grupos que queríamos ver, alguna sorpresa, y por supuesto las últimas descargas de energía.
El primer grupo que vimos fue Griffon. Esta banda francesa de Black Metal canta sobre temas históricos; hay canciones en francés, en inglés e incluso en griego; hablan de Séneca, Julio Cesar, la Revolución Francesa, incluso de Jean Jaurès, pacifista asesinado por oponerse a la Primera Guerra Mundial.
Es una de las pocas bandas de black dónde hay 3 cantantes, el vocalista principal y los dos guitarras. Aunque al principio del concierto, la voz principal, tapaba un poco el sonido de los instrumentos, en pocos minutos los técnicos lo solucionaron y sonaron de maravilla.
El setlist completo, en orden, fue el siguiente: “Abomination”, “L’Ost Capétien”, “A l’Insurrection”, “Apotheosis”, “L’Homme du Tarn”, “The Ides of March”.
Los de Boston, Unearth, serían los siguientes. Abrieron con “Incinerate” pero no sería hasta el segundo tema, “The Wretched; The Ruinous”, cuando realmente despertarían al público del Motocultor, que no defraudó, por supuesto. Sin saberlo, sería el último mosh pit del festival en el que nos meteríamos. Algunas caras ya eran conocidas después de cuatro días haciendo el cafre, y ya no pararíamos hasta el final.
El setlist completo, y en orden, fue el siguiente: “Incinerate”, “The wretced; The Ruinous”, “Giles”, “Endless”, “This Lying World”, “My Will Be Done”, “The Great Dividers”, “Black hearts now reign”.
La banda de thrash clásico, Hirax empezaron justos después. El cantante y único miembro original de la banda, Katon W., es un terremoto. No para quieto ni un solo segundo, hasta salió del escenario para subirse a las torres de sonido para estar más cerca del público.
Abrieron con “Hellion Rising”, para seguir con “Blind Faith” y “Drill into the Brain”. El último tema fue “Bombs of Death”.
A veces, en los festivales coincide que dos grupos que quieres ver, tocan al mismo tiempo; lo que supone un problema cuando los escenarios están muy lejos uno del otro. Por suerte, este no es el caso del Motocultor, así que para las siguientes bandas decidí dividir un poco el tiempo.
Empecé con Plini. La banda de rock progresivo del artista australiano es virtuosismo en estado puro. La mezcla de estilos que utiliza, le permiten crear auténticos temazos. Buena parte del público estaba tranquilamente sentada en el suelo, disfrutando de lo que escuchaban; algunos trataban de imitar la guitarra imposible con los dedos, y al final del concierto, se hizo una especie de wall of death, pero con una condición, no se podía tocar ni hacer daño a nadie; se rieron un buen rato. Wall of love lo llamaron ellos mismos.
Los temas que pude ver, fueron “The Red Fox”, “I’ll Tell You Someday”, “Papelillo” y “Moonflower”.
De camino a la carpa, el panorama era realmente de último día. Había que ir esquivando persona que, agotadas, se habían repartido tumbadas por toda la explanada.
La otra banda que no me quería perder, de la cual conseguí ver sus dos últimos temas, de los cuatro que tocaron, son los Suizos, Monkey3. Esta banda también es de rock progresivo, pero es más psicodélica y tiene influencias de rock espacial y algo de stoner, creando una atmósfera que te atrapa, te invita a cerrar los ojos y dejarte llevar. El directo, impecable.
Su sencillo setlist, fue el siguiente: “Collapse”, “Icarus”, “Kali Yuga”, “Trough the Desert”.
Solamente veríamos tres bandas más, y la primera sería Red Fang. Los de Portland tocan un stoner rock bastante enérgico. Por su aspecto parece que sean unos colegas que estaban en casa echando unas cervezas en el sofá y se han subido al escenario a pasar un buen rato. No paró de volar gente durante todo el concierto, pero la sorpresa sería casi acabando, dónde los de seguridad, que se pasaron todo el festival recogiendo gente, se tiraron al público para que los llevaran a ellos esta vez. ¡También querían disfrutar!
El setlist completo, en orden, fue el siguiente: “Hank”, “Throw Up”, “Blood Like Cream”, “Malverde”, “Crows in Swine”, “Arrows”, “Night Destroyer”, “Into the Eye”, “Wires”, “Number Thirteen”, “Dirt Wizard”, “Sharks”, “Prehistoric Dog”.
La última banda que veríamos, fueron los suecos Meshuggah. Esto son palabras mayores. Es uno de los shows de metal más impactantes en todos los sentidos. La complejidad de la música y un sonido duro, directo y seco, parece que te van a aplastar en cualquier momento. Acompañado siempre de un trabajo de iluminación excelente, que cuadra a la perfección con los ritmos cambiantes de cada tema.
No cabía ni un alma en la explanada, se veía gente mirara donde mirara, y aun así, sin espacio, se iban formando pequeños mosh pits en distintos puntos del público mientras, como no podía ser de otra forma, no paraba de volar gente. Ver a esta banda, es siempre impresionante, son de diez.
El setlist completo, y en orden, fuel el siguiente: “Broken Cog”, “Rational Gaze”, “Kaleidoscope”, “God he sees in MIrrors”, “Catch Thirty Three”, “Future Breed Machine”, “Bleed”, “Demiurge”.
Con esto, dimos por finalizada esta edición del Motocultor. Pudimos ver ya relajados a The Halo Effect mientras acabábamos las últimas sidras, y nos preparábamos mentalmente para la vuelta a casa.
Este año, el Motocultor ha dado un paso adelante y, aparte de crecer, ha contado con una organización impecable. La oferta musical es muy ecléctica y cada día hay una temática destacada, punk, thrash, stoner…
Es un festival al que es fácil llegar, pero está lejos. Esto es un punto a favor, porque hoy en día todo está masificado. Y el clima Bretón, es otro punto a favor, ya que por unos días, en pleno agosto, podemos estar frescos. Esperamos con ganas la próxima edición, para la que ya han anunciado fechas y algunas bandas.
¡Merci Beaucoup Motocultor!



























































