[crónica] Psychedelic Porn Crumpets en Barcelona – Razzmatazz 3, 23/06/2024

Texto: Marc Fernández

Psychodelic Porn Crumpets, una nueva generación de rockeros. En una época en la que el 80% de los grupos se saltan España en sus giras (todo para escapar de las devastadoras consecuencias de la inflación), es curioso como pequeñas propuestas como la de los australianos Psychodelic Porn Crumpets (PPC de ahora en adelante) logran salir adelante en salas de pequeño aforo como Razzmataz 3, que aún en plena verbena colgó el cartel de sold out.

Lo que más llamaba la atención del gentío que abarrotaba el recinto era primero su juventud, lo segundo su nacionalidad. En contraste con los cincuentones plateados que han poblado conciertos como Judas Priest, y que sin duda llenarán el inminente Rock Fest, PPC atrajo a un público que de milagro llegaba a los treinta, que hablaba desde el inglés hasta el alemán y que lejos de alardear de cuero y tachuelas, lucía hawaianas, camisetas de colores chillones y la clase de complementos que una espera en un fallecido de balconing.

Sea como fuera, esta curiosa turba esperaba con impaciencia a que la banda, que se presentaba en la ciudad condal sin teloneros, descargara su electrizante propuesta psicodélica mientras más allá de los muros de razz los petardos comenzaban a hacer acto de presencia, pese a que no lograron apagar la imparable energía de “Tally-ho” o los ensordecedores coros de “(I’m a Kadaver) Alakazam!”.

Existe el típico chascarrillo sobre si un grupo así debería considerarse digno de pertenecer a nuestro género, este rock y metal que abarca tanto y tan poco al mismo tiempo. Qué fácil es quejarse de que un tipo de música muere a la vez que sus mismos amantes la empujan al ostracismo, incluso cuándo el grupo en cuestión es una mezcla divina entre AC/DC y Pink Floyd.

En línea con tal afirmación, hacía mucho tiempo que no veía formarse un pogo con la energía del que se generó en la queridisima “Surf’s Up”, y también hacía mucho que no veia a un público saltar enloquecido como lo hicieron con “Mundungus”. En ciertos conciertos de metal se premia un inmovilismo que parece contagiado por bandas que pasan de los setenta, en los que el asistente se fumará su tercer paquete del día afirmando, con un profundo acento de Hospitalet del Llobregat, que ya no hay grupos así.

La energía se mantuvo a niveles estratosféricos, tanto por parte de un grupo que enlazaba incansablemente un tema detrás de otro como por un público enérgico y volcado, pues mucho debía gustarte PPM para pasar la verbena en su concierto. Es curioso como hubo conexión incluso mientras la banda encaaba algunos temas menos conocidos, como “Billy’s Mandolin” o “Lava Lamp Disco”, lo que justifica mi hipótesis de que los fans ahí reunidos eran los más locos e incondicionales.

El primer gran momento que auguraba la descarga final de temas infaltables vino con la épica “Found God on a Tomato”, que pese a su duración y a su intrincada estructura instrumental, cayó despiadadamente sobre una turba que enloqueció con la entrada de su marchoso riff, calentando unos ánimos que con “Dilemma Us From Evil” directamente estallaron en llamas. Hubo también muchísima agitación con la cañera “Cubensis Lenses”, que reactivaron el pogo que llevaba todo el concierto instalado en las primeras filas.

La movida “Hot!Heat! Wow! Hot!” sirvió para que el grupo fingiera una desbandada del escenario, a la que le siguió el sprint final de la noche de la mano de la célebre “Cornflake” y la archiconocida “Hym For a Droid”, que encapsularon de forma magistral la esencia de este irreverente y enérgico grupo de rock psicodélico australiano.

Me gusta pensar que noches así palian el dolor colectivo de los amantes de la música, que vemos no solo como la pérdida del poder adquisitivo esquilma nuestros ahorros y nuestra calidad de vida, sino que además reducen la oferta musical que la ciudad tiene por ofrecer. Aún así, no puedo sino preguntarme cómo conciertos así pueden seguir pasando por debajo del radar, y es que aún con el sold out colgado, PPC merecían una sala más grande. Puede que al final haya propuestas que entren por los ojos, pero que las extravagantes pintas de PPC, más propias de un Primavera Sound que de un Wacken, sirvan para alejar a toda una nueva generación de rockeros, me entristece bastante,

Te quejas de que el rock muere, ¿pero dónde estabas cuándo PPC hicieron sold out en Barcelona?