[crónica] Rival Sons + Creeping Jean en Madrid – La Riviera, 13/06/2024

Texto: Mariano Bacigaluppi Beguiristain

Era la tercera vez que iba a presenciar un concierto de mis adorados Rival Sons. El primero de ellos, a comienzos del 2017 en la Sala But y al año siguiente en uno de los escenarios pequeños del mega-festival Mad Cool. Si bien es cierto que, en su última entrega discográfica, “Lightbringer”, bajaron un poco los decibelios y se volvieron más introspectivos, a mí es un disco que particularmente me encanta y escuché de principio a fin en infinidad de oportunidades. El hype por verles estaba surcando la exósfera y no sólo nos regalaron un viaje astral sónico de una inigualable envergadura, sino que por momentos parecíamos estar poseídos, cual ceremonia Soul Góspel norteamericana, y en dónde el increíble Jay Buchanan ejercía de perfecto maestro de ceremonias y clamoroso Pastor frente a unos entregados fieles que se dejaron algo más que la garganta durante la velada.

La tarde comenzó con los divertidos Creeping Jean, provenientes de Brighton, Inglaterra, y con un sonido centrado, específicamente, en las décadas prodigiosas de los sesenta y setentas. Contundentes en directo, pero sin perder un ápice en las artes melódicas y, cómo no, dotadas de mucho Glam, continuos cambios rítmicos con una mélange de Rock, Funk y Blues y un buen rollo y una diversión irrestricta arriba del escenario qué, desde ya, contagiaban al público presente que crecía a pasos agigantados en cada movimiento de la aguja del reloj.

La banda cuenta con un solo disco en el mercado, ‘When’s The Blowout?’ que data de 2022, y, obviamente, su presentación se basó en él, aunque algún que otro extra hubo. El pistoletazo de salida lo dieron con la hiperactiva “Ten Kisses” con una gran respuesta del público presente para luego arremeter con ‘Biggest Star’, con un aire a los Beatles más ácidos y en donde los dos vocalistas, Oliver Tooze y Thomas Elliott interactuaban indistintamente. La homónima ‘When’s The Blowout’ fue la elegida para proseguir su andadura también recordando a los Fab Four, algo menos oníricos, y a infinidad de bandas más de la década del sesenta.

‘Flourescent Orange Skies’ fue la siguiente con un estribillo súper pegadizo y cierto aroma Dylaniano a la hora de transmitir cada una de las estrofas que la canción contenía. ‘Sassy Got Shakes’, single lanzado hace algunas semanas, también tuvo su lugar y en dónde pudimos comprobar, una vez más, la contundente pegada de Josh Stone tras los parches. La rockera y zeppeliana ‘Money Road’ también pediría pista y sería bastante apreciada, y festejada, por el público que poco a poco iba colmando el recinto madrileño. Seguirían su descarga con la ganchera ‘Angel Breath’ dónde recordarían de sobremanera a los canadienses The Guess Who? y para el final dejarían el combo ‘Warm & Fuzzy’ y el que fuera su primer single, hace más de un lustro, ‘Bandit’ y dejando así un excelso sabor de boca y el ambiente con la temperatura adecuada para recibir a la banda californiana.

Unos pocos minutos antes de las veintiuna horas las luces darían paso a la oscuridad y los norteamericanos sed adueñarían del escenario y así será durante los más de cien minutos que tendríamos por delante dónde las canciones fueron cayendo una tras otra, sin pausa ni respiro y con momentos qué no sólo se quedarán en nuestra retinas, sino en nuestras mentes y, muy probablemente, en nuestro motor vital qué no es otro que el corazón. Cómo dejaba deslizar en el prefacio de esta crónica, esta nueva presentación de la banda californiana servía como presentación de su último ‘Lightbringer’, pero las elegidas para dar comienzo a su show, provendrían de su ‘Darkfighter’, arremetieron, primeramente, con la poderosa ‘Mirrors’ dónde las guitarras de Scott Holiday sonaban tremendamente aguerridas y la mágica y prodigiosa voz de Jay Buchanan causando un enloquecimiento colectivo de ipso facto y, luego, y prosiguiendo el mismo orden que en el disco, la siguiente sería ‘Nobody Wants To Die’ e, inmediatamente, y una vez más, la desaforada voz de Jay Buchanan nos taladraría los sentidos y, mención más que especial, para la descomunal aporreada de Mike Miley tras los parches del qué, no pongo en duda ni un solo segundo, que en cada intervención suya se registren movimientos sísmicos.

Para la siguiente, viajaríamos atrás en el tiempo y de su ‘Hollow Bones’ rescatarían la mística y sensual ‘Tied Up’ y, evidentemente, el Soul se vestiría de gala. A posteriori sonaría la poderosa ‘Too Bad’, directamente desde su tremendo ‘Feral Roots’ y era realmente conmovedor como esquizofrénicamente se dejaba la garganta en cada una de las palabras que la canción contenía. Mismo sería el caso de la siguiente, la homónima ‘Feral Roots’ en dónde el público siguió cantándola incluso hasta varios minutos después de haber la banda concluido su interpretación. Cara de sorpresa entre los músicos, entremezcladas con sonrisas cómplices, y que de tradujo que volver a tocarla, una vez más, a partir de su estribillo, y darle un contundente, y ahora definitivo, final.

Aún mayor sería el salto temporal para rescatar ‘Open My Eyes’, de su ‘Great Western Valkyrie’ qué en cualquier momento celebrará una década de vida, y fue otra de las grandes festejadas principalmente por la labora vocal, nuevamente, del maravilloso Jay Buchanan. Más aún se viajaría para rescatar la zeppeliana ‘Pressure And Time’ dónde el jugueteo vocal entre el vocalista y los coros del bajista Dave Beste, y reforzado por los presentes, fue realmente alucinante. Del disco ‘Head Dow’, de 2012, tan sólo interpretarían ‘Manifest Destiny Pt. 1’ para acto seguido volver al rutilante ‘Feral Roots’ y contratacar con la contundente ‘Do Your Worst’ que gracias hasta pegadizo y ganchero estribillo fue una de las más festejadas, cantadas y vitoreadas, al menos de momento.

‘Nanda-Nandana’, de su primigenio ‘Before The Fire’ fue la seleccionada para continuar con su andadura y, a posteriori, la maravillosa ‘Thundering Voices’ y, unos minutos después, echar mano una vez más a su ‘Darkfighter’ y su mística ‘Darkside’. Melancólica, misteriosa y atrayente por partes iguales para, una vez más (y ya van), meterse al público en el bolsillo que ya a esta altura estaba totalmente rendido y, aunque parezca mentira, lo mejor de la noche estaba a punto de llegar…

Las luces de La Riviera, en la que no cabía un alma, se volvieron tenues y tan sólo pudimos percibir la luz que emitía Jay Buchanan en solitario, pero esta vez provisto de su guitarra acústica rebosante de tonalidades glaucas. Tras una previa introducción, sincera y honesta, el formidable vocalista comenzó a interpretar la deslumbrante ‘Shooting Stars’. Es de esas canciones en dónde los sonidos y las melodías se traducen, alquímicamente, en sentimientos y eso fue perennemente palpable y, doy fe, que al borde de las lágrimas en algunos casos. Y si hablamos de lágrimas, sin duda alguna, la sensitiva ‘Mosaic’ que fue lo que sonó a continuación, terminó de rematar el llanto que muchos estaban conteniendo, o al menos intentando impedir. No quería que el concierto terminara sin interpretar mi canción favorita de su ‘Lightbringer’ y, por suerte, pude saldar esa cuenta de poder vivirla en directo… Ojalá existiera un sinónimo más ajustado que indescriptible…

Siempre anhelamos lo que no podemos tener y, muy probablemente, el deseo de muchos de los presentes era que el final de show nunca llegase, pero, tristemente, sabíamos que eso estaba muy cerca y no sería uno, sino tres ases que la banda se guardaría bajo la manga. En primer término, arrasarían con la frenética y punzante ‘Torture”, extendiendo su introducción hasta lo indefinido y donde esas guitarras de Scott Holiday y su slide prenderían literalmente fuego el escenario. Pero claro, si hablamos de frenetismo tenemos que hablar de ‘Electric Man’ que fue festejadísima y bien recibida por en enloquecido público y en donde una vez más la prodigiosa garganta de Jay Buchanan llegó a uno de sus más álgidos momentos. La elegida para la hora del adiós no fue otra que ‘Keep On Swinging’ dónde la banda, y claramente el público agotaron sus últimos cartuchos.

Noche para el recuerdo y atesorar, al menos a título personal, uno de los mejores conciertos no sólo del último tiempo, sino de mi vida.