[crónica] Sonorama Ribera 2026 – Aranda de Duero, 05 al 09 de agosto

Texto: Daniel Claudin

Aranda de Duero tiene esa rara habilidad de conseguir que durante cinco días el festival no esté dentro de una ciudad, sino que la ciudad entera sea el festival. Del 5 al 9 de agosto, Sonorama Ribera volvió a convertir calles, plazas, bodegas, terrazas y El Picón en una enorme fiesta musical. Más de 150 artistas pasaron por esta XXIX edición, que dejó conciertos grandes, descubrimientos, sudor, algún que otro milagro y, sobre todo, muchas ganas de repetir.

Miércoles 5: abrir la puerta a lo grande

Sonorama arrancó sin necesidad de calentar motores. León Benavente, La Cabra Mecánica, La Pegatina, Bebe, Carlangas, Iván Ferreiro y Crystal Fighters pusieron las primeras canciones a una edición que ya desde el miércoles tenía pinta de maratón. Y lo fue. Entre disfraces, guitarras, electrónica y los primeros abrazos de festival, Aranda empezó a llenarse de esa mezcla tan sonorámica de veteranos, chavales descubriendo bandas y gente que simplemente viene a bailar hasta que el cuerpo diga basta.

Jueves 6: Aranda empieza a arder

El jueves llegó con nombres fuertes: Ramoncín, Nacho Vegas, Guitarricadelafuente, Rigoberta Bandini, Rusowsky, RVFV, Veintiuno, We Are Scientists o Peces Raros. Rigoberta, embarazada y acompañada de un coro femenino, convirtió “Ay mamá” en uno de esos momentos que se quedan en la retina. Ramoncín demostró que los años pueden pesar en el DNI pero no necesariamente sobre un escenario. Y Guitarricadelafuente volvió a demostrar que su mezcla de tradición y modernidad funciona especialmente bien cuando cae la noche.

Pero, como casi siempre en Sonorama, el golpe emocional estaba escondido donde nadie lo esperaba. Barry B apareció por sorpresa en la Plaza del Trigo, ante una multitud entregada y bajo una enorme bandera de Aranda. Allí, acompañado por Gara Durán, dejó uno de esos conciertos que explican por qué esta plaza es mucho más que un escenario.

Viernes 7: cuando la Plaza del Trigo se convierte en historia

El viernes fue probablemente el día más redondo. Love of Lesbian ofreció uno de esos conciertos que se cantan más que se escuchan. Había algo especial en saber que la banda afrontaba su gira antes del anunciado parón: cada himno sonaba con un pequeño nudo en la garganta. Alrededor, Carlos Ares, Sexy Zebras, Niña Polaca, Samuraï, Ángel Stanich, Coti, Soleá Morente, Las Migas, Depresión Sonora, Ladilla Rusa, Xavibo y muchos más mantuvieron la maquinaria a pleno rendimiento.

Y entonces llegó Arde Bogotá a la Plaza del Trigo.

No hacía falta más. Más de 7.000 personas abarrotaron el espacio para recibir a una banda que allí empezó a construir parte de su historia. Ahora volvían convertidos en uno de los grandes nombres del rock nacional. Lo de la plaza fue una locura de las buenas: canciones coreadas a pleno pulmón, caras de felicidad y esa sensación de estar asistiendo a algo que probablemente se contará durante años. Arde Bogotá cerró el círculo donde empezó a dibujarlo.

Sábado 8: el día de los gigantes

El sábado había que tener las piernas preparadas. La M.O.D.A., Leiva, Xoel López, Valeria Castro, Ojete Calor, Belén Aguilera, Ruth Lorenzo, El Mató a un Policía Motorizado, Repion, Kitai, Al Safir, Dollar Selmouni, Marlena y Grande Amore, entre otros, llenaron la programación de una jornada que parecía diseñada para no dejar huecos.

Leiva, con su Tour Gigante Fin de Gira, se llevó buena parte de los focos. Fue concierto de los de cantar con el brazo levantado y salir pensando que, por mucho que hayas visto festivales, todavía queda alguna noche capaz de sorprenderte.

Y, cuando parecía que ya estaba todo dicho, Sexy Zebras aparecieron por sorpresa en la Plaza del Trigo. Otra vez el mismo truco: convertir un concierto inesperado en una fiesta descomunal. Sonorama sabe que la sorpresa funciona, pero también sabe algo más importante: hay que saber cuándo apretar el botón.

Domingo 9: despedirse sin querer

El domingo siempre tiene algo de resaca emocional. El cuerpo pide sofá, pero Aranda todavía tenía música. Drugos, La Regadera, Niños Bravos y Sarria, junto a la programación de las plazas, pusieron el punto final oficial. Y entonces apareció el último as bajo la manga: La M.O.D.A. tomó la Plaza del Trigo por sorpresa, con su folk-rock castellano, y Leiva se sumó para el cierre, dejando una última descarga de adrenalina antes de decir aquello que nadie quiere escuchar: “hasta el año que viene”.

Y así terminó Sonorama 2026. Con casi 150.000 asistentes, según los datos difundidos tras el festival, y con una nueva colección de momentos que ya forman parte de la memoria de Aranda.

Cinco días después queda lo de siempre: los pies destrozados, la voz en ruinas, cientos de fotos que probablemente nunca volveremos a mirar y esa sensación absurda de que todo pasó demasiado rápido.

Pero también queda algo mejor.

Barry B bajo una bandera de Aranda. Arde Bogotá reventando el Trigo. Love of Lesbian cantando como si fuera la última vez. Sexy Zebras haciendo de las suyas. La M.O.D.A. y Leiva poniendo el punto final.

Sonorama vuelve a demostrar que un festival no se mide solamente por sus cabezas de cartel. Se mide por lo que ocurre cuando una ciudad entera decide, durante cinco días, vivir con el volumen al máximo.