Texto: Iñigo Dominguez Diaz
Fotos: Andrea Rodriguez
No voy a negar que conocí a Bala después de una entrevista con David Broncano en lo que entonces era un programa independiente de televisión, La Resistencia. Me encantaría decir que conocí al dúo cuando no eran famosas y tocaban en salas pequeñas y en festivales de autor. Pero no es así y tampoco me importa el momento sino lo que descubrí*; una pareja que ha puesto en el mapa un estilo de música, el stoner, que, dentro del panorama nacional, no tuvo representantes que pudieran pasar del nivel underground.
*Hartito me tiene la gente que presume de que escuchaba a Rosalía antes de que se convirtiera en un fenómeno de masas.
PUEDES VER TODAS LAS FOTOS EN ESTE ENLACE.
La verdad es que en éste nuestro país, en los noventa estuvimos huérfanos de artistas nacionales que representaran al grounge, al hardcore melódico o al stoner. Con la única excepción de Dover, tuvimos que comprar todo de fuera, dejando la balanza comercial claramente negativa en favor de las importaciones. Únicamente con la nostalgia natural inherente al ser humano, la década de los noventa ha vuelto a ponerse de moda, en el momento vital en que la monotonía de la vida profesional y la crianza de la descendencia te hace recordar los tiempos de juventud sin ataduras contractuales o emocionales. Bala han surgido en este momento de necesidad de recuperar las camisas de leñador y las Vans y gracias a esto y también a la llegada de un público más joven que necesita referentes musicales fuera del mainstream, el dúo gallego ha conseguido lo que pocos; ser una banda intergeneracional en la que tanto millenials como zetas se sienten representados.
Los méritos de Bala van más allá, ya que además de esta multirepresentatividad social también consiguen atraer público más afín a otros estilos como el metal, gracias al ritmo pesado y contundente de su música o como el rock indie, estos últimos pensando en su imaginario, están en un concierto de música extrema, buscando la adrenalina que falta en los eventos a los que normalmente asisten. En fin, un público diverso que hizo que la sala 2 de Razzmatazz se llenara prácticamente por completo en lo que venía a ser el cierre anual tanto para la sala como para la propia banda, que eligió Barcelona para finalizar gira. En el evento les acompañaron los locales Gyoza, que con poco más de treinta minutos de actuación sorprendieron con un concierto enérgico, con un sonido más que aceptable y en el que mostraron sus influencias diversas influencias que iban desde el grounge de Seattle al pop-rock británico de Manchester.
Poco después salieron Anxela y Violeta al escenario mientras sonaban Beastie Boys e inmediatamente fueron al grano con Tripas/Chained y de ahí no pararon con temas de toda su discografía desde lo más reciente como Equivocarme (canción concluida con una declaración que personalmente me encanta: “Porque igual estoy muy bien aquí en el suelo”) a Omertá y Vitamina de su disco Lvme. Con Liar recordaron su primer disco Human Flesh en el que todas las letras son inglés, no siendo hasta Maleza cuando interpretaron por primera vez un tema de Maleza, disco con el que comencé a introducirme en su música. Todo esto prácticamente de seguido, sin apenas interrupciones y bajo una sobriedad y una contundencia que ya quisieran muchas bandas con más miembros en su haber.
La pena fue que la mesa de sonido no acabo de ecualizar bien las voces, especialmente la de Violeta a la que no se le escuchaba ni en las pausas entre tema y tema cuando se dirigía al público. Y esto a pesar del aviso que lanzó Anxela cuando después de interpretar cuatro o cinco temas hizo patente la queja del público de que no se escuchaban bien las voces. Lamentablemente poco o nada cambió el panorama y la incidencia no fue corregida en todo el concierto por lo que los temas en los que el contenido de las letras está por delante de la interpretación instrumental, quedaron deslucidos como ocurrió con Quieres Entrar.
A pesar de esto el público disfrutaba y hubo pogos y algún amago de crowd surffing que no llego a lucir como debe, todo esto hacia el final del concierto que aderezaron con homenajes a sus artistas referentes, triunfando especialmente la versión del Territorial Pissings de Nirvana. Con Bessie rindieron homenaje a Bessie Stringfield, la motera negra que desafió a los EEUU que aun practicaban el apartheid racista en los años treinta, recorriéndola sola a bordo de su Harley-Davidson. Todo un símbolo que nos debe hacer reflexionar sobre lo poco que en realidad ha cambiado la sociedad en los últimos noventa años. Esta canción Anxela se la dedicó a su hija y con ella y Una Selva terminaron su actuación principal. Poco se hicieron de rogar para volver a salir e interpretar dos temas que son auténticas declaraciones de intenciones, buenos sopapos en la cara tanto por carga lírica e instrumental. Tanto Agitar como especialmente Humo que Anxela bajó a interpretar entre el público fueron lo que mejor sonó de todo el concierto, compensando en algo la mesa de sonido el desastre ocurrido con las voces el resto de la actuación.
A ritmo de Killing in the Name de Rage Against the Machine y enarbolando la bandera palestina, agradecieron al público su asistencia y se retiraron del escenario, resistiendo y apurando hasta el final la audiencia el tema de los californianos.
Setlist Bala
Tripas/Chained
Equivocarme
Colmillos
Omertá
Vitamina
Liar
Verde
Mi orden
Inmutable
Prisas
Fuera
Quieres entrar
Territorial Pissings
Bessie
Una selva
Agitar
Humo















