Texto: Iñigo Dominguez Diaz
Fotos: AliveCarlos
El Barcelona Rock Fest se puso en marcha de nuevo dentro de lo que la prensa generalista ha dado en llamar el “Juego de Tronos” del heavy español: la batalla por el mismo fin de semana de los tres grandes festivales – ciertamente un titular ocurrente, nótese la ironía de mis palabras. – Un año más y ya van tres, junto con el Resurrection en Viveiro y el Rock Imperium en Cartagena el Barcelona Rock Fest se celebra afianzando lo que tiene visos de ser un hecho coyuntural y no circunstancial. Se hayan puesto de acuerdo o no, el caso que los festivales lejos de competir consiguen sinergias, la principal, poder atraer a bandas que hacen su minigira de festivales tocando en dos o incluso tres – Sabaton – de los eventos. Además, la lejanía entre los tres, literalmente cada uno en una esquina de España – solo faltaría hacer uno más en Huelva – hace que la competencia por el público no sea tan fuerte y si vamos al caso particular del Rock Fest está cada vez más orientado al público extranjero que no al nacional; la marca Barcelona es la más potente de España y tiene una gran venta en el exterior. En cualquier caso, el tiempo dictará sentencia y durante el fin de semana no tardaremos en descubrir si la dinámica continúa.
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Entrando en materia, el Barcelona Rock Fest continúa con una disposición de dos grandes escenarios y una carpa, teniendo barras habilitadas para todos los escenarios, zona de merch propio y mercadillo, zona de restauración. Resulta cómodo y muy fácil moverse y ayuda mucho que la práctica totalidad del recinto está cubierta con césped artificial pero no con una alfombra uniforme sino con retales que se encuentran en diferentes estados de conservación y que son claramente reciclados de campos deportivos o parques municipales, formando un patchwork de dimensiones colosales. 0 waste, esto está bien. En cuanto al cartel, este año ha ampliado la tendencia ya iniciada hace dos y cada vez hay más bandas de estilos más diferentes, eso sí, apoyándose aún en los grandes nombres del metal más clásico como Helloween, Megadeth o Sabaton.
En todo caso, este primer día estaba reservado mayoritariamente a bandas de hard rock más Megadeth que dentro de su gira de despedida tocará por última vez en España, presuntamente – y recalco lo de presuntamente. – La primera banda a la que pude ver fue Blues Pills. Poco después de las cinco y media de la tarde saltaban a uno de los escenarios principales y les recibían un escaso público aún y el sofocante calor de Barcelona a esa hora. La razón por la que los escenarios están colocados de frente al sol tiene que ser logística y que no haya otra disposición posible porque si no, no se entiende que las primeras bandas en tocar tengan que sufrir el apabullante sol de cara en julio de nuestro país. En cualquier caso no pareció importarles y tocaron enérgicas y resueltas a superar la inclemencia climática temas de todos sus discos a un público que aún andaba situándose y que no fue hasta el final de concierto que se animó un poco con temas como Little Sun, que resulto irónicamente gracioso dado lo que tuvo que soportar la banda sueca. Tal vez su rock psicodélico setentero con toques stoner y blues no era la mejor opción para abrir el festival, lo que no quita que la banda tiene una calidad indiscutible. Dato, es una de esas bandas que va a tocar en los tres festivales de este fin de semana.
Los siguientes en salir a escena en el escenario contrario fueron los neoyorquinos Tyketto, una de esas joyas que pocas veces tienes ocasión de contemplar. Era la primera vez que los veía y la verdad me sorprendieron muy gratamente. Un hard rock ochentero, melódico y con fuerte presencia de teclados que ahora sí hizo las delicias de un público cada vez más numeroso. Sin especial virtuosismo pero con solidez demostraron que son un grupo a tener en cuenta aún. Con un Danny Vaughn que en su condición de frontman demostró estar en muy buena forma y conecto muy rápido con el público presente. Tocaron temas de toda su discografía siendo We rise y el final Forever Young los más coreados por la audiencia.
Siguiente en salir a escena fueron otros clásicos del hard rock, en este caso europeo. También es verdad que han coqueteado con el power y heavy metal en diferentes etapas pero siempre tienen en su sonido trazas de rock melódico. No son otros que los daneses Pretty Maids capitaneados por el incombustible Ronnie Atkins al que en todas sus actuaciones anteriores había visto con Avantasia. Lo que me quedó claro es que no importa con quien toque, él mantiene una personalidad arrolladora y un desgaste vocal que asombra teniendo en cuenta que ha pasado por un cáncer de cuerdas vocales. Recuperado de este trance sale al escenario a darlo todo como si fuera el primer día que canta apoyado por una banda sólida donde destacan el teclista Morten Sandager y su guitarrista Ken Hammer cofundador con Atkins de la banda. Repasaron su discografía con temas de todas sus épocas destacando el Back To Back, canción también inmortalizada por HammerFall, más recientes como Pandemonium y la deliciosa balada Little Drops Of Heaven.
La gran marcha hardrockera no tenía fin y en poco tiempo saltaron a escena los japoneses Loudness. Fueron habituales en las primeras ediciones del Rock Fest pero es verdad que hacía tiempo que no volvían. El recuerdo que tenía de ellos era el de una banda arrolladora, potente y dura cuyo hard rock estaba siempre en la frontera con el heavy más tradicional. Pude comprobar que en esencia siguen siendo así pero también que los años no pasan sin dejar huella y solo a aquellos que han hecho un pacto con el diablo no se ven afectados por ello. Todos sus miembros demostraron que el que tuvo retuvo pero es verdad que estaban muy estáticos, especialmente su cantante y frontman que se movía con dificultad y con una visible cojera. Sus piernas arqueadas denotan la artritis patológico-genético que afecta a las personas de edad avanzada en el país naciente. Fue una pena verlo así pero también fue grato comprobar que no ha perdido ni cualidades vocales ni presencia en el escenario. Contaron con un sonido apabullador lo que les permitió desgranar todos sus clásicos como Heavy Chains o Crazy Doctor sin percance alguno.
Saciado de hard rock, decidí cambiar de estilo y me dirigí a la Rock Tent para presenciar el concierto de los oñatiarras Latzen en lugar de los suizos Gotthard que tocaban en el escenario principal. Latzen es una banda euskalduna cuya calidad musical ha hecho que el idioma no sea barrera para llegar a público del resto del estado. Tienen una historia curiosa que pude seguir in situ ya que mi etapa universitaria la pasé estudiando en su localidad de origen Oñati, al tiempo que ellos comenzaban su carrera musical. Sus dos primeros discos Kontzientzia ala infernua y Ardi Larruz fueron editados a finales de los noventa conteniendo el primero un tema que fue canción del verano en Euskadi, la balada Laztana, que allí hemos cantado a pleno pulmón cerrando bares. La banda murió de éxito y decidieron dejarlo, teniendo algunas reuniones hasta la buena, la actual en la que el año pasado entraron en estudio y volvieron a grabar por primera vez en veinticinco años el disco Denboraren orbainak. En plena madurez vital han decidido hacer lo que cuando eran jóvenes les asustó y han salido a girar por todo el estado. En el Z pude verlos así que en Rock Fest lo tenía marcado como un must y puedo dar fe que acerté en la decisión obviando a los suizos Gotthad. Torrente de metal incontenible, tocaron con un sonido potente, una descarga directa y sin pausa temas de su disco nuevo como Memento Mori y clásicos como Ardi Larruz y la imperdible Laztana coreada por público vasco parlante y no vasco parlante, momentazo del festival. Terminaron su actuación con Ze ingo xu? Su tema más rápido y directo dejando con la boca abierta al público y llevándose una ovación muy merecida. Si hubieran nacido en San Francisco y no en Oñati no se llamarían Latzen, todos sabemos a qué me refiero y con quién los comparan.
Después de semejante subidón contemplar a los Sex Pistols fue un trabajo de aclimatación progresiva al cambio de estilo y energía. Los veteranos punks, los fundadores del estilo, los que en los setenta rompieron con la idiosincrática moral británica escandalizando a una nación, se presentaban con la inestimable ayuda de Frank Carter como uno de los platos fuertes del festival. No defraudaron, ni los miembros originales ni Frank a quienes buscaban himnos gamberros y clamas contra el sistema que desgraciadamente siguen más vigentes que nunca hoy. Frank en particular lo vi con el freno de mano echado como queriendo respetar a los veteranos músicos con los que compartía escenario y si bien cuajó una gran actuación, no fue todo lo salvaje que se espera de él. Bajó una única vez al público a realizar un pogo que no acabó saliendo del todo bien y viendo el resultado no volvió a probar. Clásicos inmortales como God Save The Queen y Anarchy in the U.K. con la que cerraron, dejaron satisfechos a los muchos fans de la banda y a los que no lo somos tanto también. Tenía ganas de ver a Frank y tengo la sensación de haberme llevado solo una pequeña píldora de lo que realmente puede llegar a dar, así que probaré en una siguiente ocasión. Apunte; voy a tener que darle la razón a Ignatius Farray y coincidir con él en que la derecha se ha apropiado del punk. Ni sé, ni me importan los ideales de Frank pero su look está más cercano a un performative male que a un antisistema. Así no se puede defender la anarquía total.
Y ahora sí llegaba el plato fuerte del día y uno de los eventos más esperados del festival. El show de despedida de una leyenda del metal como es Megadeth y su fundador Dave Mustaine. Puntual sonaron las primeras notas del Tipping Point y el sonido era apabullador, mayestático, se preveía una descarga antológica digna del artista y de la ocasión. Primeras líneas vocales de Dave y lo de la dignidad se fue a tomar por culo y no volvió a aparecer en todo el concierto. De lo primero que soy defensor es de la dignidad humana y ser testigo de una auto denigración tan obvia me dolió en el alma, por Dave y por mí. No se le entendía nada, cantaba con dificultad y apenas se le oía lo que hizo que por mucho que el resto de los miembros hicieran un gran concierto – y el mismo a las guitarras – la situación no remontó en ningún momento y acabara hasta aburriendo al personal. Ni clásicos como Hangar 18 ni Mechanix pudieron remediar el desastre como tampoco lo hizo la versión del Ride The Lightning. Solo al final y por nostalgia el bis con Symphony Of Destruction y Holy Wars… The Punishment Due remediaron algo el desastre pero no dejo de ser eso, un desastre. Nunca ha sido una de mis bandas predilectas pero si tenía buenas sensaciones de las dos veces anteriores que había asistido a una de sus actuaciones, y me jode tener que haberme quedado con este mal recuerdo de la última actuación de una de las bandas más icónicas del heavy metal. Ahora no tiene remedio y cuando escuche en el Symphony Of Destruction me trasladaré a una época anterior y no al concierto de despedida de Megadeth. Pero el festival es largo y seguro hay ocasiones en los dos siguientes días para borrar este mal recuerdo, que ojo es una vivencia muy personal mía y seguro que más de uno disfrutó del concierto ya que así lo percibí a mi alrededor.
























