Texto: José Carlos de Marte
Fotos: Gerald Peralta
Hay que aplaudir al Brutal Assault, que tuvo la brillante idea de meter a miles de metalheads dentro de una fortaleza militar del siglo XVIII y llenarla de escenarios, cerveza, humo, catacumbas, riffs y ruido durante cuatro días ¿Qué podía salir mal? Nada, excepto el calor extremo que ha reinado durante este fin de semana en República Checa. Del 5 al 8 de agosto la fortaleza de Josefov, en Jaroměř, volvió a convertirse en una auténtica ciudad del metal con sus muros de piedra, pasadizos, pequeñas plazas, rincones imposibles y cinco espacios funcionando prácticamente a todas horas. El propio festival habla de más de 160 artistas y cinco días de actividad contando el warm-up, pero los números aunque impresionan se quedan bastante cortos a la hora de explicar lo que supone estar allí dentro.
Porque el Brutal Assault no es solamente ir de escenario en escenario, es perderte por una fortaleza mientras suena un grupo de black metal a lo lejos, también es entrar en una catacumba porque hace un calor del demonio, es cruzarte con alguien vestido como si acabara de escapar de una película de terror y no sorprenderte absolutamente nada, o tener que elegir entre tres conciertos que quieres ver a la misma hora y asumir que por mucho que corras uno te lo vas a comer con patatas.
En esta edición 2026 hubo que hacer algunos ajustes de última hora, por ejemplo Crowbar no pudieron actuar por los problemas de salud de Kirk Windstein y su puesto acabó ocupado por Belzebong, mientras que Satyricon entraron en el cartel para sustituir a Cradle of Filth. Ningún cambio demasiado drástico que empañase otra edición de ensueño.
WARM-UP — MARTES 4
EMPEZAR A LO BESTIA ANTES DE EMPEZAR
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El martes era oficialmente el calentamiento. Oficialmente, porque poner juntos a Ahab, Filth, Morax, Mordloch, Nahum, Patriarcha, První Hoře y The Laws interpretando Sarcófago, además de Octopoulpe y Bolehlav no parece precisamente la manera más relajada de ir preparando las cervicales. El warm-up tiene esa cosa tan peligrosa de los festivales ya que todavía estás fresco, hasta que ya no lo estás…en cuanto empiezan los primeros riffs esa teoría se va al carajo.
Mordloch y Nahum pusieron pronto las cosas en su sitio, mientras Patriarcha y Filth iban metiendo oscuridad en el ambiente. Morax y Ahab llevaron la cosa hacia terrenos más pesados y atmosféricos, y The Laws con su set dedicado a Sarcófago pusieron la guinda a una primera noche que ya dejaba bastante claro por dónde iban a ir los tiros.
Y luego estaban Octopoulpe y Bolehlav recordando que el Brutal Assault nunca ha sido únicamente guitarras y doble bombo. La fortaleza estaba calentando motores y nosotros también, aunque mala idea esa de dormir poco y en tienda desde el martes.
MIÉRCOLES 5 — EL PRIMER MARTILLAZO
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El miércoles llegaba el festival de verdad y el cartel parecía diseñado por alguien con muy mala leche. Onslaught, Unearth, H2O, Metal Church, Samael, Nevermore, Periphery, Municipal Waste, Triptykon, Amenra y Batushka, entre otros ocupaban las dos grandes áreas, mientras Obscure, Octagon y KAL se encargaban de que resultara prácticamente imposible verlo todo.
Y es que uno de los grandes problemas del Brutal Assault es que hay demasiado que ver. La jornada arrancó con tralla y fue creciendo hasta convertirse en una auténtica barbaridad. Onslaught pusieron el thrash sobre la mesa desde temprano y Municipal Waste demostraron que un buen circle pit sigue siendo una de las formas más eficaces de hacer cardio.
Nevermore tenían además ese punto de acontecimiento que siempre acompaña a una banda de culto, mientras Periphery llevaron la precisión técnica a otro terreno. Pero si hubo una constante durante el día fue la variedad, ya que podías pasar de Samael a Triptykon, de ahí a Kylesa, luego acercarte a Die Krupps y terminar con Witch Club Satan. Y si te daba por meterte en Obscure todavía tenías Elder, Kylesa, Sólstafir, Protest The Hero o Kim Dracula esperando.
Ojo con la barbaridad de Amenra. Los belgas tienen esa capacidad de convertir un concierto en algo más parecido a una ceremonia que a un simple bolo. Oscuridad, intensidad y esa sensación de que el volumen no está ahí para impresionar sino para meterse directamente en el pecho ¿Quieres sentirla en el pecho? Pues eso. Y cuando parecía que ya habíamos tenido suficiente, Batushka cerraron la jornada con toda su parafernalia oscura. Primer día completo y ya había gente caminando como si llevara una semana allí.
JUEVES 6 — CUANDO EL FESTIVAL YA TE HA ATRAPADO
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El jueves fue posiblemente uno de esos días que obligaban a sacar el móvil cada media hora para comprobar horarios. Cryptic Shift, Baest, The Casualties, Death Angel, Kittie, Deicide, Thy Art Is Murder, Body Count feat. Ice-T, Amorphis, Carpenter Brut, Alcest e Immolation entre muchísimos otros. Una auténtica barbaridad.
The Casualties aportaron punk, velocidad y caos. Death Angel demostraron por qué el thrash clásico sigue teniendo una pegada que muchos no han conseguido igualar y Deicide pusieron la correspondiente ración de mala hostia. Body Count con Ice-T al frente fueron una de las grandes fiestas del día. El crossover, el rap y el metal funcionando juntos como si nunca hubieran hecho otra cosa.
Y después estaba Carpenter Brut, que directamente jugaba otro partido. El synthwave y el metal pueden parecer dos mundos bastante alejados hasta que alguien convierte un escenario de un festival extremo en una pista de baile gigantesca. Según varios asistentes fue precisamente uno de los conciertos más inesperadamente desatados de todo el festival.
En el otro extremo del espectro estaban Alcest aportando esa mezcla de oscuridad, shoegaze y belleza que tan bien encaja en un festival dispuesto a saltarse sus propias etiquetas. Y para terminar de rematar la noche Immolation, porque después de todo lo anterior todavía quedaba espacio para volver a entrar en la trituradora.
VIERNES 7 — EL DÍA EN QUE YA NO SABES QUÉ DÍA ES
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A estas alturas el concepto de calendario empieza a ser relativo, sabes que es viernes porque alguien te lo dice. Tú simplemente sabes que llevas varias horas dentro de una fortaleza escuchando música a un volumen poco razonable.
El cartel tampoco ayuda a recuperar la cordura, con Angelus Apatrida, Ratos de Porão, Corrosion of Conformity (de quienes os traeremos una entrevista en breve), Animals as Leaders, Coroner, Primus, Katatonia, Old Man’s Child, Marduk, Vio-lence, Grave, Arthur Brown, Saor, Thy Catafalque… Y aquí el Brutal Assault volvió a hacer de las suyas.
Ratos de Porão llevaron el espíritu crossover brasileño a Josefov, mientras Angelus Apatrida demostraron una vez más que el thrash español no necesita pedir permiso para entrar en ninguna fiesta. Animals as Leaders fueron otra historia, precisión y técnica absurdas, ese tipo de concierto que te hace mirar a Tosin Abasi pensando que quizá tus manos están defectuosas.
Primus en una fortaleza checa es una de esas cosas que no sabías que necesitabas hasta que ocurre, pero el viernes tenía también una buena dosis de oscuridad con Marduk, Vio-lence, Grave, Old Man’s Child y Coroner que hicieron que la noche se fuera poniendo cada vez más negra.
Y entre tanto en Obscure Arthur Brown protagonizó uno de esos momentos que explican perfectamente por qué merece la pena apostar por un cartel que no se limita a repetir las mismas fórmulas. También estaban Mortal Sin, Sadistic Intent, Master Boot Record, Saor… A estas alturas uno ya no sabía si estaba viendo conciertos o acumulando recuerdos para intentar ordenarlos después.
SÁBADO 8 — EL ÚLTIMO ROUND
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El sábado amaneció con un problema evidente, y es que las piernas ya no estaban colaborando. El Brutal Assault tampoco tenía ninguna intención de ponértelo fácil. Sacred Reich, Demolition Hammer, Imminence, The Ghost Inside, Left to Die, Candlemass, Wardruna, Satyricon y Perturbator encabezaban un día en el que todavía quedaban demasiadas balas.
Sacred Reich fueron una dosis de thrash clásico de las que entran especialmente bien cuando ya llevas tres días de festival encima. Demolition Hammer tampoco dejaron demasiado margen para la contemplación, y cuando apareció Left to Die el asunto volvió a ponerse muy serio. De hecho fue uno de los nombres que más se repitió entre quienes hicieron balance del festival, junto a Satyricon, Amenra, Blackbraid, Grave o Marduk.
En Obscure mientras tanto se estaba montando otra película. SLIFT, Vader, Deafheaven, Cryptopsy, HEALTH, Borknagar y Carpathian Forest. Porque claro ¿Para qué descansar?
Deafheaven volvieron a demostrar por qué su directo sigue generando tanta conversación y Cryptopsy se encargaron de convertir Obscure en una olla a presión. Aunque el sonido en algunos momentos del escenario secundario generó opiniones bastante dispares entre el público, especialmente durante algunos conciertos.
Sin pedir permiso llegó Satyricon. El cambio de última hora respecto a Cradle of Filth terminó dando al festival uno de esos cierres que parecen hechos a medida para Josefov, o sea frío, oscuro, solemne y con toneladas de black metal.
Pero aún faltaba Wardruna, y después Perturbator. No parece que tenga sentido, pero precisamente por eso funciona. Cuando todo ya ha acabado y recuperas la tranquilidad te das cuenta que has estado viviendo en una especie de universo paralelo.
El Brutal Assault tiene mucho de eso. No es solamente el cartel lo que justifica el viaje sino el lugar. La fortaleza del siglo XVIII condiciona completamente la experiencia con sus escenarios separados por calles y muros, rincones donde perderse, catacumbas, bares, exposiciones, cine de terror, zonas de descanso y una programación paralela que hace que siempre esté pasando algo aunque no estés delante de un escenario.
Eso hace que el festival tenga personalidad propia. Aquí puedes ir a ver a Nevermore y acabar descubriendo una banda de black metal en Obscure. Puedes entrar buscando un concierto de death metal y salir de Carpenter Brut con ganas de bailar. Puedes pasar de Amenra a Municipal Waste, de Primus a Marduk, de Wardruna a Perturbator. Y por supuesto puedes acabar sentado contra una pared de piedra a las cuatro de la mañana preguntándote “¿Quién coño pensó que era buena idea ver tantos conciertos seguidos?”
La respuesta es sencilla. Somos nosotros y volveríamos a hacerlo año tras año. Es esa la sensación de haber estado dentro de uno de los festivales más particulares y jodidamente especiales que puede ofrecer Europa.
Una fortaleza. Cinco escenarios. Cientos de bandas y actividades.
Nos vemos en Josefov el año que viene.
















































