Los reencuentros no siempre son algo bonito. Volver a lugares en los que fuiste feliz hace años no siempre te devuelve esa alegría que buscabas. Y, muchas veces, es una decepción. A mí me pasa con películas o, por ejemplo, me ocurrió al volver a salir de fiesta en la ciudad en la que fui universitario.
Havok + Blood Red Throne + Xonor + Eradikated 23/09/2026 | Revi Live, Madrid
Afortunadamente, no me pasó en el concierto de Havok. Yo hace años era un fan enfermizo del thrash metal. Desde lo más OG hasta lo más moderno, pasando por géneros adyacentes. Era muy fan de Fueled by Fire, Evile o Gama Bomb. Pero Havok siempre tuvieron su sitio en mi top (dejando de lado a los clásicos).
Fui al bolo con cierta reticencia por lo que os contaba al principio. Tenía miedo de que su música no me despertara lo que tanto me hacía feliz en mi adolescencia. Pero no fue así. Despertó al Oli del chaleco de parches, de las muñequeras de pinchos y que detestaba a los emos.
El despertar de Olithrash.
El cartel era un lujo. Cuatro grupazos y en una de las mejores salas de Madrid. Con gatitos en la puerta y pizza en la barra. Por problemas logísticos, las bandas llegaron con cinco horas de retraso y los horarios se modificaron un poco. No demasiado para haber aterrizado tan tarde. Según pude ver en las redes, montaron todo el show en una hora para no hacernos esperar más de treinta minutos sobre el horario original. Grandes. Venga, vamos con el concierto.
Eradikated fueron los jovencitos encargados de abrir el show. Lo bueno de la juventud es que tienes ese deseo de romper con lo viejo, pero es inevitable dejarlo de lado. Se nota que los suecos mamaron de la gran teta de los viejos Metallica y le dieron la vuelta, rompiendo con todas las reglas y trasladándolo a 2026. Show cortito, pero directo, que hizo que las doscientas personas que estábamos allí a esas horas lo pasáramos en grande.
Xonor eran los más modernos del cartel. Un thrashcore que me dejó flipado. Riffs más rápidos que Vinicius en su temporada buena y breakdowns más pesados que Hazard en el Madrid. Enmascarados con pasamontañas (no me quiero imaginar lo que tenían que sudar dentro de esas capuchas), hicieron, como dirían los Crisix, fast music y nos hicieron felices a todos los que estábamos allí con Monkey Mosh, uno de sus temas insignia, con la ayuda necesaria de un mono gigante que se metió con el pueblo al pogo entre risas y chillidos macaquiles. Fue un show muy, pero que muy corto. ¿Lo bueno? Que no he dejado de escucharlos desde entonces.
Todos sabemos que lo bueno de España es la tortilla de patata con cebolla. También sabemos que lo bueno de Noruega es el black metal, pero en este caso haré una excepción porque el death de Blood Red Throne fue épico. No pararon un instante, se lo pasaban bien sobre el escenario y eso se notaba. Pits interminables y los blast beats te volaban la peluca.
A priori, meter una banda de death metal en un entorno thrash puede sonar descabellado, pero no desentonaron en absoluto. De hecho, aportaron riqueza a una noche de, como diría ChatGPT, riffs afilados.
Empezar con Hang ‘em High es como entrar a jugar al fútbol sin calentar. Posiblemente te lesiones. Y creo que hubo muchas lesiones en el mosh constante según salió Havok al escenario.
Lo que yo no sabía es que Pete Webber no iba a aparecer. En su lugar, a las baquetas estaba Michael Ohlson, batería de Vektor y Animus Complex. ¿Fue un poco bajón al principio? Sinceramente, sí. Porque es uno de mis baterías favoritos desde hace mil años y nunca he podido verles. Pero girar con Fear Factory supongo que es una prioridad para él.
Durante Give Me Liberty…or Give Me Death llegaron los primeros crowdsurfers, que desgraciadamente no siempre llegaban a su destino. Como dijo el vocalista David Sánchez, hicieron un repaso desde su material más reciente, el single Fifth Generation Warfare, hasta sus temas más “vieja escuela”, si es que podemos considerar viejos unos temas de 2010, pasando por su álbum más reciente, New Eyes.
Volver a mi adolescencia viendo a Havok en directo me transportó a esos años en los que tu mayor problema es que Metallica saque una canción regulera o no tengas plan para el viernes por la noche. Escuchar D.O.A. o From the Cradle to the Grave en directo fue una catarsis que me llevó de vuelta a una de las épocas más felices de mi vida.
Supongo que ese era el miedo con el que entré en la Revi Live: volver a algo que me hizo feliz y descubrir que ya no funciona. Que aquello que escuchabas con quince años se haya quedado allí, en otra vida, junto al chaleco de parches y las muñequeras estilo James Hetfield. Pero funcionó.
Durante un rato volví a ser ese chaval. Y quizá los reencuentros no siempre tienen que devolverte exactamente lo que buscabas. A veces simplemente tienen que recordarte que todavía sigue ahí.
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Texto: Oliver Heras | Fotos: Beatriz Blanco













