Texto: Oriol Martinez
Fotos: Elena Marco Solis
El pasado 17 de abril de 2025, tuvimos la suerte de poder volver al Inferno Metal Festival, el cual tiene lugar cada año durante la Semana Santa, en Oslo, cuna del Black Metal Noruego. Aunque la propuesta musical varía de año en año, trayendo bandas que van desde el metal actual más extremo hasta bandas de los años sesenta, sin duda alguna, el género que predomina en el cartel es el Black Metal, podríamos decir “local”. Una reunión de bandas pioneras en este género, que siguen bien vivas, y que són difíciles de ver juntas en tan pocas ocasiones. Así que la elección de estas fechas no es ninguna casualidad. A parte de esto, este año los abonos de día único se agotaron para los primeros tres días.
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Antes de entrar de lleno en esta crónica, quisiera destacar que esta edición, desgraciadamente, quedó marcada por la ausencia del fundador del Inferno Metal Festival, Jan-Martin Jensen, toda una institución en la escena musical Noruega desde principios de los noventa, que el pasado 10 de febrero nos dejó. Muchas de las bandas, cada una a su manera, dedicaron un momento a recordarle y a agradecer su labor tras todos estos años, y sobre todo, por hacer posible este festival.
Los conciertos principales del evento tienen lugar en un recinto con dos salas a cubierto que se comunican entre ellas, tanto por una escalera interior como por el exterior. La sala principal se llama Rockefeller, tiene capacidad para 1300 personas, con 2 plantas superiores con balcones que la rodean, algo que va muy bien si tenemos en cuenta la media de altura de la gente noruega. La sala pequeña, la John Dee, solamente tiene capacidad para unas 500 personas, así que aunque nunca se solapan los conciertos, hay que tener presente que a veces la sala pequeña está llena un rato antes de empezar y es probable que no nos dejen acceder a ella hasta que no se vaya vaciando.
Como en la mayoría de festivales, no solamente de música va el evento. Hay muchas actividades disponibles a lo largo de los días para ir explorando. Dentro del recinto principal, podemos encontrar la tienda de merchandising oficial, que va cambiando a diario adaptándose a las bandas que toquen. También hay una tienda de discos con un gran surtido dónde podemos encontrar desde reliquias hasta novedades del mundillo, exposiciones con trabajos de los artistas que hacen las portadas de los discos de distintas bandas y la asociación Metalheads Against Bullying.
El arte del tatuaje tiene una zona propia , dónde se recomienda reservar con antelación, ya que són los mismos artistas que han tatuado a muchos de los músicos que han ido pasando por el festival a lo largo de los años; aunque de vez en cuando, si tienes suerte, puedes tatuarte en el acto. Para los hambrientos, hay food trucks tanto en la entrada como en la tercera planta en una terraza al aire libre. Hay distintos tipos de comida, con precios no abusivos y hay opciones veganas.
A parte del recinto principal, cada día hay conciertos en distintos bares de la ciudad (Vaterland, Brewgata, Dattera til Hagen, Goldie, Kniven) que empiezan sobre las 14:00, antes de abrir puertas. Suelen llenarse rápidamente porque son pequeños, pero el ambiente es muy bueno y están muy bien para echar la previa antes de los conciertos.
El hotel Clarion The Hub, es el hotel oficial del festival. En él hay una pequeña exposición de arte , la Inferno Art Exhibition, que es muy interesante de ver. También hay un par de salas donde se dan conferencias durante los días que dura el festival. Gracias a que los conciertos no acaban demasiado tarde, por las mañanas es posible dar unas vueltas por Oslo, que es una ciudad pequeña, y hacer un poco de turismo si el tiempo acompaña. Teniendo en cuenta que es Semana Santa y que algún día encontraremos todo cerrado.
JUEVES 17 DE ABRIL. ATERRIZANDO
Como aterrizamos a las 16:20, nos perdimos los grupos encargados de dar abrir el festival, Dødheimsgard, Necrophobic, y UDÅD, el nuevo proyecto de Thomas Eriksen de MORK, que teníamos muchas ganas de ver. Hicimos un sprint para dejar todo en el hotel y poder llegar al pequeño recinto lo antes posible.
Llegamos justo para poder ver a los suecos Tiamat, quienes no perdieron tiempo ni para saludar, así que tan pronto como retiraron el telón, empezó a sonar “In a Dream”, seguida de “Clouds” y “The Sleeping Beauty”, todas ellas de uno de sus primeros álbumes ‘Clouds’.
Con la cabeza todavía aterrizando, decidimos ir a por unas cervezas para hacer oficial el arranque del festival, así que sacrificamos una parte del concierto para empezar a explorar un poco los alrededores e intentar coger sitio para la siguiente banda, los canadienses Spectral Wound, pero fue imposible porque la sala se llenó media hora antes de que comenzaran y ya no dejaban bajar a más gente. No os puedo comentar ese concierto, pero sí un hecho: las camisetas de la banda se vendieron como churros, buena señal.
Dicen que no hay mal que por bien no venga, así que con tiempo más que de sobra, fuimos a buscar un buen sitio para poder ver a Batushka. Los polacos tenían preparada una auténtica misa. Con el escenario lleno de velas, los músicos pasearon los incensarios durante todo el concierto, y en el centro de todo una especie de altar, con algo que parecía un ataúd, y la foto de Jan-Martin Jensen colocada a modo de homenaje.
Aunque no es uno de los grupos más activos sobre el escenario, la escenografía y ver a ocho personas ahí arriba, de las cuales hay cinco que cantan, tanto gutural como canto gregoriano, hacen que uno se adentre por completo en su atmósfera de calma y oscuridad hasta el fin del show.
Aunque los conciertos entre Rockefeller y John Dee nunca se solapan, hay uno de los locales asociados al festival, el Goldie, que alguna noche ofrece algún concierto alternativo a la vez. En este caso, decidimos arriesgar e ir a descubrir a una banda que vino de Japón, Violent Magic Orchestra. Los tenía escuchados desde el primer anuncio de bandas el pasado 2 de julio, dónde en la web del festival ya anunciaban que verlos en directo era un “MUST”, y la verdad es que no defraudaron.
Comenzaron con más de cinco minutos de una melodía densa, lenta, grave y siniestra, sin cantante; solamente los dos “Dj” y un guitarrista muy serio pintado con corpse paint. Las proyecciones psicodélicas en la pantalla añadían otra dimensión al show, que poco a poco se fue calentando para explotarnos en la cara. ¡Menuda nos tenían preparada!
La cantante salió mirando hacia el suelo tapando su cara con el cabello, bailando lentamente…hasta que llegó el momento. De golpe el concierto se transformó en una rave donde sonaba una mezcla entre música electrónica y Black Metal a toda velocidad y a todo lo que daban los altavoces. El público no fue el único que enloqueció a través de saltos, bailes y mosh pits repentinos; los músico empezaron a saltar sobre el público, a subirse por cualquier lugar del local donde vieran gente, y en general, a no parar ni un solo momento.
¡Menudo acierto asistir a este concierto!
El grupo encargado de cerrar el día, y primer cabeza de cartel del festival fueron los de Bergen, Abbath, que para la ocasión trajeron un repertorio de doce temas de Immortal. La Rockefeller estaba llenísima y tras la cortina con la cara de Abbath, se podía intuir la gran batería custodiada por dos hachas gigantescas que traía la banda. De hecho, este fue uno de los tres días de “Sold Out” del festival. Abrieron con “Withstand the Fall of Time”, “Sons of Northern Darkness” y “All Shall Fall”. Los músicos no paraban de moverse de un lado a otro, animando a un público que no dejó de cantar junto a la banda todos los temas. Entre canciones, hicieron alguna broma con el público, pero nuestro nivel de noruego no fue suficiente para entender qué decían.
Sería el tema “Damned in Black”, donde se usaron por primera vez en esta edición, los lanzallamas del escenario. ¡Ahora sí que estábamos de lleno en el Inferno! El setlist completo, en orden, fue el siguiente:
“Withstand the Fall of Time”, “Sons of northern darkness”, “All Shall Fall”, “Solarfall”, “One By One”, “Damned in Black”, “Years of Silent Sorrow”, “Nebular Ravens Winter”, “Mountains of Might”, “The Call of the Wintermoon”, “Blashyrkh” (Mighty Ravendark), The Sun No Longer Rises”.
Totalmente sin fuerzas, nos retiramos a descansar pensando en qué sorpresas nos esperaban para el segundo día.
VIERNES 18 DE ABRIL. DÍA DE SORPRESAS
El segundo día del festival arrancó de forma amable y la lluvia nos dio un poco de tregua. Tras un poco de turismo por Oslo, fuimos a parar a uno de los bares donde hay conciertos, concretamente al Vaterland, pero la cola en la calle era larguísima. Nuestra intención era ver a Kirkebrann (Si Kirke es iglesia y Brann es fuego, no hace falta explicar más…), pero nos tuvimos que conformar con escucharlos desde la planta baja tomando unas cervezas en buena compañía.
De camino al festival, nuestras ganas de explorar nos llevaron primero por el Goldie, donde tocaban otros japoneses, Minami Deusth. Los de Tokio, catalogados como Krautrock, tenían al público totalmente concentrado en esa atmósfera psicodélica y tranquila que habían creado. Los temas iban evolucionando, volviéndose más pesados y elaborados por momentos, hasta que llegaban a un clímax antes de finalizar. Vale la pena darles una escucha. Este día quisimos ser puntuales para poder ver a la primera banda desde un buen sitio, ya que también era día de sold out, pero para nuestra sorpresa, la cola de entrada ya giraba la esquina y rodeaba la manzana. Parece que no éramos los únicos que teníamos ganas de verles.
La banda en cuestión eran los portugueses Gaerea, a los que no habíamos tenido ocasión de ver todavía. Habíamos escuchado opiniones muy diversas sobre ellos, así que queríamos verlos para tener la nuestra propia. Presentaban su nuevo álbum ‘Coma’, donde sin dejar el metal extremo, rompen un poco con la etiqueta de Black Metal y van algo más allá musicalmente. Empezaron con tres temas del último disco: “Hope Shatters”, “World Ablaze” y “Unknown”. Pero no se limitaron a salir simplemente a tocar, había movimiento, los músicos iban intercambiando posiciones por el escenario para que todo el mundo pudiera verlos tocar bien, las luces estaban muy bien adaptadas a cada canción y además, sonaron súper bien.
El cantante, parecía que fuera danzando por el escenario, y aunque no se le viera la cara, había momentos en que podíamos sentir su desesperación, intentando salir de esa máscara negra, tirándose al suelo, arrodillándose ante todas las personas ahí presentes y contorsionando las manos y los brazos como si quisiera apartar el aire que no le dejaba respirar. Sinceramente, qué lástima que no tuvieran más tiempo, y qué gran sorpresa para nuestros sentidos, porque estuvieron de diez. Por supuesto, se llevaron una gran ovación por parte de una sala que si se llenó desde el primer minuto, fue por ellos.
El setlist completo, en orden, fue el siguiente:
“Hope Shatters”, “World Ablaze”, “Unknown”, “Urge”, “Salve”, “Mirage”, “Wilted flower”, “Laude”
El problema de que una banda deje el listón tan alto desde el primer momento, es que uno espera que lo que sigue sea, como mínimo, de un nivel parecido; pero no fue así. Blood Incantation, de Denver, Colorado, fueron los siguientes que pudimos ver. Es una de las bandas que más esperábamos, ya que iban a tocar al completo su último álbum, ‘Absolute Elsewhere’, que es espectacular. Tocan Death metal técnico, cósmico, con fuertes influencias del prog psicodélico de los 70’, de hecho, en el tema “The Stargate [Tablet II]”, colabora con ellos Thorsten Quaeschning, de Tangerine Dream.
El escenario estaba custodiado por dos obeliscos gigantes con unas inscripciones iluminadas en rojo, que sería prácticamente toda la luz que veríamos. ¡Pobres fotógrafos! El problema fue la sonorización. Tal como empezaron a tocar, una molesta bola de bajos anularía casi por completo la voz y las guitarras. Llegamos incluso a quitarnos la protección auditiva para asegurarnos que esta no estaba interfiriendo de ninguna manera y acabamos abandonando el concierto.
Si Gaerea fue la gran sorpresa, Blood Incantation, fue la gran decepción. No por la banda, que lo dió todo en el escenario, sino por la sonorización. De hecho, más gente lo comentó durante el resto del festival, porque justo el concierto anterior sonó perfecto.
En estos casos, lo que uno desea es poder verlos de nuevo en algún concierto de su gira, pero de momento, nuestro país no forma parte de su recorrido. Tocará esperar.
Tras unas cervezas y un poco de descanso, era el turno de los estadounidenses Kylesa. Empezaron tres minutos tarde y hubo algún acople de guitarra en los primeros momentos del concierto, pero se solucionó rápidamente y hay que tener en cuenta que justo el día anterior, en la sala 013 de Tilburg, Países Bajos, dieron su primer concierto tras un parón de diez años, celebrando el 25 aniversario de la formación. Así que los asistentes al Inferno podemos sentirnos afortunados de haber podido disfrutar se su estilo tan particular, que se alimenta de muchos géneros, sobre todo stoner y sludge, pero sin dejar a parte un toque psicodélico e incluso tintes de punk. Esta vez, eso sí, con una sola batería.
El sonido volvió a la normalidad, pero esta vez fueron las luces, o la falta de ellas, las que nos dejaron una anécdota curiosa cuando la cantante, Laura Pleasants, pidió algo más de luz a los técnicos porque era incapaz de ver nada en el escenario.
Esta vez fuimos previsores y decidimos sacrificar el final de este concierto para dirigirnos a la pequeña John Dee y asegurarnos un buen sitio para ver a una de las tres one man bands del misterioso Noise, creador de Kanonenfieber, Leiþa, y la banda que estábamos a punto de ver: Non Est Deus, que asistían al Inferno justo antes de empezar gira por Europa. Los de Bavaria tocan un black metal melódico de temática anti cristiana. En sus canciones hablan del sinsentido de los fanatismos religiosos y el sufrimiento que provocan, basando sus letras en los libros “sagrados”.
En el altar había crucifijos en lugar de atriles e iban vestidos con unas túnicas envejecidas sucias y roídas, que antaño fueron blancas, y aunque llevaban el rostro cubierto, podían verse sus ojos para apreciar bien sus miradas de locura. Hay que reconocer que venían con los deberes hechos respecto al espectáculo que querían ofrecer. Sonaron súper bien, la técnica encargada de las luces parecía otra componente del grupo, pudimos ver en primera persona cómo se iba adaptando a los diferentes temas a lo largo del concierto.
Les gusta la teatralidad e interactuar con el público, al que llegaron a bendecir con agua bendita en “Burn It Down”, y tras colocar una corona de espinas al cantante, este acabó comulgando en “Thousand Years of Sand”, ostia incluida. El setlist completo fue:
“Save Us”, “Hiob”, “Babylon”, “Fuck Your God”, “Burn It Down”, “Thousand Years of Sand” y “The Last Chapter”.
De camino a reponer fuerzas para lo que quedaba de día, pasamos por una Rockefeller ya muy llena para poder tomar unas fotos de los griegos Septicflesh, que estaban abriendo con “The collector”. Nos quedamos atrapados con la voz del también bajista de la banda, Spiros Antoniou, un gutural tan grave que acojonaba. Así que tras “The Vampire from Nazareth” y “Hierophant”, hicimos una breve escapada. Fue una pena no poder quedarnos un rato más, pero queríamos llegar enteros a los cabeza de cartel de este día.
Para terminar este segundo día, los organizadores del Inferno nos traerían a otra banda local, del mismo Oslo, os hablo de 1349, quienes llevan desde 1997 tocando sin parar. El guitarrista, Archaon, fue el encargado de dar comienzo al concierto, antorcha en mano y escupiendo una gran bola de fuego ante una Rockefeller llenísima.
Apenas habían sonado unos acordes de “Riders of the Apocalypse”, pero el caos ya se había desatado entre el público, formando un moshpit que duraría hasta el final del concierto. Normal, estos tíos tocan a toda velocidad, con un batería, Frost, que en algunos momentos parece que tenga más de cuatro extremidades! Siguieron con “Ash of Ages”, de su último álbum ‘The Wolf and the King’, y “Slaves”, un temazo del ‘Massive Cauldron of Chaos’.
Algo sucedía ese día porque al principio del concierto volvió a aparecer la bola de bajos que arruinó el concierto de Blood Incantation, pero esta vez se solucionó tras un par de canciones. Sin parar ni un segundo, tocaron trece temas haciendo un recorrido por toda su discografía, excepto el ‘Revelations of the Black Flame’, el disco más experimental que tiene la banda. Los temas “The God Devourer” y “Atomic Chapel” se juntaron en un solo de batería para acabar con “Golem”, tema con una duración más propia de una canción de punk que de Black Metal. Un gran cierre para este segundo día.
El setlist completo y en orden fue:
“Riders of the Apocalypse”, “Ash of Ages”, “Slaves”, “Through the eyes of Stone”, “Shadow Point”, “I Am Abomination”, “Striding the Chasm”, “Inferior Pathways”, “Blood is the Mortar”, “The God devourer”, “Atomic Chapel”, “Abyssos Antithesis”, “Golem”.
SÁBADO 19 DE ABRIL. UN BUS TURÍSTICO DE LUJO.
Durante los primeros tres días del festival, se organiza el Black Metal Bus Tour. Las plazas suelen agotarse semanas antes del festival, pero por suerte este año fuimos afortunados. Es un tour en autocar peculiar, pero vale mucho la pena. El guía es Anders Oden, actual cantante y guitarrista de ‘Cadaver’, que también ha acompañado a ‘Satyricon’ durante años en sus directos, y que veríamos tocar ese mismo día unas horas más tarde.
No quiero hacer demasiado spoiler para quien quiera ir alguna vez. Lo que os puedo contar es que Anders, vivió de primera mano el nacimiento del Black Metal, y cuando explica cómo era Noruega en aquellos tiempos en los que no tenían ni autopistas, donde las primeras bandas se intercambiaban cassettes por correo o las gamberradas que se les ocurría hacer, le brillaban los ojos. Durante todo el trayecto Anders va explicando un montón de anécdotas, algunas muy divertidas y otras… más difíciles, mientras va poniendo en el autocar, temas inéditos, de Thorns, Mayhem, Morbid, incluido alguno del mismísimo Dead, que por supuesto nos pidieron que no grabásemos, y todos lo respetamos. Lo que se escucha en el bus, en el bus queda. Fuimos a la estación de Langhus, donde por supuesto, todos quisimos replicar la famosa foto de Mayhem.
El momento más emotivo de la visita fue cuando pudimos visitar la tumba de Øystein Aarseth (Euronymous), en el cementerio de Ski. Pocas palabras podían salir de la boca de Anders, que nos pidió máximo respeto y nos dejó unos minutos a solas. La siguiente parada sería en la tienda de discos ‘Nesseblood’, antes llamada ‘Helvete’, cuando perteneció a Euronymous, y que sufrió un incendio hace un año, justo después de la anterior edición del Inferno. En el sótano de la tienda, está la sala/habitación/zulo dónde solían ensayar e incluso dar conciertos para reducidos grupos. Aquí podemos encontrar la famosa pintada de ‘Black Metal’. Este templo de la historia del metal, es visita obligada y gratuita, eso sí, hay que ir con tiempo porque cuando empiezas a rebuscar entre discos, cassettes, parches, fotos, etc… se pasa volando.
La parte final del recorrido sería la visita a la iglesia (reconstruida) de Holmenkollen, que fue una de las tantas que quemaron Varg y compañía. La iglesia está en un punto elevado de Oslo, es de madera y no es para nada pequeña; cuando la quemaron, seguro que se vió desde varios kilómetros de distancia. De vuelta de nuevo al punto de partida, y completamente muertos, no hubo más remedio que hacer un pequeño descanso y perdernos a ‘Coven’, que eran los encargados de abrir este día. Así que el primer concierto al que asistiríamos, sería el de nuestro guía turístico con su banda: ‘Cadaver’.
Una gran ovación por parte del público dio la bienvenida a esta banda, que lleva más de 35 años tocando y vinieron dispuestos a hacer retumbar la Rockefeller con su death metal clásico. Hicieron un repaso por temas antiguos, de hecho empezaron con “Ignominous Eczema”, del primer del primer LP, ‘Hallucinating Anxiety’, de 1990. Siguieron con “Decomposed Metal Skin” y ‘The Age of the Offended”.
Desde el primer momento se formó un buen mosh pit, bastante escasos en este festival, y Anders no paró de bromear con el público entre temas.
El penúltimo tema fue “Mr. Tumor’s Anxiety”. Anders, superviviente del cáncer, quiso dejar claro que lo escribieron muchos años antes de que él lo sufriera, momento en que quisieron recordar a Jan-Martin Jensen, conociendo de primera mano lo que tuvo que pasar.
“D.G.A.F.” sería el tema con el que cerrarían este conciertazo, que sonó de lujo.
El setlist completo y en orden, fue el siguiente:
“Ignominous Eczema”, “Decomposed Metal Skin”, “The Age of the Offended”, “Blurred Visions”, “Innominate”, “Bypassed”, “Mr Tumor’s Misery”, “D.G.A.F.”.
Solo había una forma de dejar atrás el conciertazo de Cadaver, y eso lo sabían los de Aura Noir, que no esperaron ni a que se abriera el telón para empezar a repartir con “Black Thrash Attack”. No saludaron hasta casi medio concierto porque iban a toda velocidad, costaba hasta seguirles las manos, y no hace falta decir, que se formó un mosh pit bastante más bestia que con Cadaver, que hizo subir la temperatura de la sala.
Tras tocar su tema más “nuevo”, “Belligerant ‘Til Death”, de 2019; bromearon con tocar una más lenta, pero para estos tíos eso es imposible. Así que nos atropellaron a todos y terminaron con “Condor”, para dejar a unos cuantos con ganas de más. No pude descifrar el setlist completo, pero los temas que seguro que tocaron, fueron los siguientes:
“Black Thrash Attack”, ““Sulphur Void”, “Trenches”, “Belligerent ‘til Death”, “Black Deluge Night”, “Shadows of Death”, “Hell’s Fire”, “Unleash the Demons”, “Condor”.
Una sala abarrotada mucho antes de que empezara el siguiente concierto, esperaba a una de las bandas que más seguidores reúnen hoy en día, Rotting Christ. Los griegos, abrieron con “Χ Ξ Σ – 666” y “P’unchaw kachun- Tuta kachun”, dónde se hizo curioso ver al público escandinavo corear en castellano ‘Sombras del infierno…’.
Tenían al público completamente entregado, y los músicos, se lo estaban pasando genial. De hecho, fue un concierto tan alegre y feliz que por momentos no parecía black metal, con el público saltando y coreando las canciones. El momento más serio y emotivo fue cuando quisieron recordar a Jan-Martin Jensen y agradecerle que este festival sea el que es hoy en día.
El setlist completo, y en orden fue el siguiente:
“Χ Ξ Σ – 666”, “P’unchaw kachun- Tuta kachun”, “Fire, God and Fear”, “Kata ton Daimona Eaytoy”, “Like Father, Like Son”, “Elthe Kyrie”, “Non Serviam”, Societas Satanas”, Grandis Spiritus diavolos”
Aprovechamos que Rotting Christ retuvo a mucha gente hasta el final, para bajar a la John Dee a ver una de las bandas que teníamos mucha curiosidad de ver, los franceses Seth. Eran seis personas sobre el pequeño escenario, que se completó con dos cabezas humanas guillotinadas clavadas en picas, lo que cuadra con su temática de la revolución francesa.
Conectaron a la primera con el público con “Paris des Malefices”, haciendo que toda la sala siguiera con sus cabezas la melodía. Siguieron con “Metal Noir” y “La Destruction dees Reliques”. Tras un corto intermedio, siguieron con uno de sus temas más conocidos, “Et que Vive le Diable”, convirtiendo a la sala en un bonito mar de cuernos. Ofrecieron un buen concierto, un trabajo de luces impecable y hay que reconocer que sabiendo quién tocaba después, fue todo un lujo mantener la pequeña sala llena hasta el final.
El setlist completo, y en orden fue el siguiente:
“Paris des Maléfices”, “Métal Noir”, “La Destruction des Reliques”, “La Morsure du Christ”, “Et que Vive le Diable”, “Insurrection”, “Hymne au Vampire, acte I”, “Hymne au Vampire, acte III”, “Le Triomphe de Lucifer”.
Sin perder ni un segundo, fuimos a la sala principal para ver a los cabezas de cartel de este día, que también són de Oslo y són toda una institución en este mundo. Era el turno de Satyricon. Como dato curioso, el batería, Frost, tocaba con los cabeza de cartel por segundo día consecutivo, ya que es batería también de 1349.
Satyricon siempre ha seguido su propio camino, innovando en el género, experimentando y adaptándose a los tiempos, así que este día, nada de corpse paint y luces tenebres, sino una banda elegante y un escenario bien iluminado para que el público disfrutara. Abrieron con tres temazos, “‘Now, Diabolical”, “Repined Bastard Nation” y “Black Crow on a Tombstone”, el más “nuevo” de 2008.
La verdad es que hasta este momento del festival, no habíamos visto la Rockefeller tan entregada. Solamente hacía falta una mirada o un pequeño gesto con la mano de Satyr para que toda sala respondiera al unísono. Impresionante. Hicieron un recorrido por su discografía, tocando incluso “Walk the Path of Sorrow” primer tema de su primer LP, pero tenían preparada una sorpresa.
Hablando con gente del público durante el día, había el rumor sobre un posible artista invitado. Con el concierto casi terminando, Satyr recibió en el escenario a Sivert Høyem, cantante de Madrugada, que también vimos en el inferno el año anterior como invitado de Me and That Man, y que colaboró con Satyricon en 2013 en la grabación el tema “Phoenix”.
Fue un momento increíble, que preparó a la Rockefeller para terminar por todo lo alto con “Mother North” y “K.I.N.G.”. Por supuesto, se llevaron una gran ovación por parte de los allí presentes.
El setlist completo, y en orden fue el siguiente:
“Now, Diabolical”, “Repined Bastard Nation”, “Black Crow on a Tombstone”, “Deep Calleth Upon Deep”, “Walk the Path of Sorrow”, “Du som hater Gud”, “Hvite Krists død”, “Rhapsody in Filth”, “Filthgrinder”, “Black Wings and Withering Gloom”, “The Pentagram Burns”, “To the Mountains”, “Phoenix”, “Mother North”, “K.I.N.G.”.
DOMINGO 20 DE ABRIL. DESPEDIDA POR TODO LO ALTO.
Cuando te despiertas el último día de un festival, sabes que lo bueno se va a acabar y mucha gente se entristece. El mejor remedio, es exprimirlo desde el primer minuto, así que decidimos empezar pronto, cerveza en mano, para poder ver a Vingulmork en el Vaterland. Por fin pudimos subir al pequeño altillo reconvertido en sala de conciertos, que poco tardaría en llenarse por completo. Como es lógico, las luces y el sonido en un lugar tan pequeño, no dan para más, pero fue suficiente para que la banda de blackened thrash, nos pegara en toda la cara sin piedad.
No nos quedamos hasta el final porque también queríamos ver a otra banda antes de la apertura de puertas del festival. Fuimos al sótano del que dispone el bar Kniven para ver a Dizmal. El lugar, de techo bajo, oscuro, un poco claustrofóbico, con un minúsculo escenario y que olía a humedad y a charco de cerveza reseco, le vino de lujo a la banda, que rápidamente hizo retumbar todo en esa atmósfera agobiante y llena de gente. Creo que debe ser lo más parecido a un concierto en el sótano de la tienda Nesseblood que se puede vivir ahora mismo.
De vuelta a la Rockefeller, llegamos para ver los últimos temas de los daneses Lamentari, quienes abrieron este día. Una escenografía minimalista pero cuidada, con muchas velas y unos estandartes con el símbolo de la banda, junto a su estilo “sinfónico”, les daban un aire épico que nos gustó mucho. Se ganaron una escucha en casa, y esperamos poder verlos alguna vez más, esta vez desde el principio.
Aprovechando que todavía no se había masificado el festival, bajamos a la John Dee para ver a otros daneses, la banda de death metal progresivo Thus. Teníamos las expectativas altas… y las superaron. Son una banda joven, ganadores de la Wacken Metal Battle 2024, que saben muy bien lo que hacen. Ofrecen un sonido impecable y directo, que hace que quieras más.
Abrieron con “Inhale the Ash”, atrapandonos a todos desde el primer instante. Siguieron con “Pacify the Parasite” y “Spit from the Ceiling”. No dispusieron ni de una hora pero además, el tiempo voló. Eso sí, fue suficiente para estar seguros de que los veremos en más de una ocasión si siguen así.
El setlist completo, y en orden fue el siguiente:
“Inhale the Ashes”, “Pacify the Parasite”, “Spit from the Ceiling”, “Incorporeal”, “Atlas of hate”, “Inevitable Saints”, “Graveyard of Empires”.
De vuelta a la sala principal, era el turno de los de suiza, Schammasch, que nos trajeron su oscuro y atmosférico black metal. El inicio fue tan oscuro, que una tenue luz roja era la encargada de permitirnos vislumbrar sus oscuras siluetas. Teniendo en cuenta que veníamos de ver a una banda que tocaba a toda velocidad, la verdad es que al principio costó un poco meternos de lleno en el concierto, ya que abrieron con “Winds that Pierce the Silence” y “They Have Found Their Master”, dos temas de unos diez minutos cada uno, que hasta pasado un buen rato, no explotan del todo.
Tocaron solamente seis temas, a causa su duración, pero hay que reconocer, que una vez atrapados, nos gustaron muchísimo. “A Paradigm of Beauty” fue increíble y el último tema fue “Chimerical Hope”, que nos dejó a todos con ansia de más.
Aunque las luces fueron escasas, sonaron muy muy bien.
El setlist completo, y en orden fue el siguiente:
“Winds that Pierce the Silence”, “They Have Found Their Master”, “Golden Light”, “A Paradigm of Beauty”, “Metanoia”, “Chimerical Hope”.
Empezaba a notarse mucho movimiento de gente, pero pudimos bajar para una buena dosis de Black Metal Noruego en estado puro. Unos Nattverd, que salieron a comerse la John Dee, transmitían hostilidad, violencia, y muy mala leche. El cantante, Ormr o también conocido como Doedsadmiral, es también el cantante de Nordjevel, que estuvieron en la edición del 2024. Abrieron con “Nattverd” y “Det Stormer i Norge”, que significa “Hay tormenta en noruega”. Aunque la tormenta estaba en la pequeña sala, recibiendo tema tras tema sin parar. ¡Qué brutalidad!
No acabamos el concierto para poder coger sitio en la Rockefeller y poder ver a los suecos Naglfar, que en comparación con lo que acababa de suceder abajo, fue como si hubiéramos huido del inframundo para estar a salvo, y no es que el black metal más melódico de Naglfar sea precisamente algo tranquilo.
Abrieron con “And the World Shall Be Your Grave” y “The Darkest Road”, y los temas empezaron a sucederse de forma que no se sabía cuando acababa uno y empezaba el otro. Kristoffer, el cantante, no paró ni un momento quieto por el escenario y provocando al público, lo que desencadenó finalmente en un mosh pit de mitad de concierto hasta el final. Sonaron muy bien, y aunque no hubo mucho juego de luces, por lo menos no eran siluetas en la penumbra. Terminaron con “A Swarm of Plagues” y “Harvest”.
Bajamos a ver un poco a los finlandeses Bythos a la John Dee, que sería la primera vez que tendríamos oportunidad de verlos.
Ofrecieron un concierto bastante calmado, oscuro y con un ambiente que se iba cargando por momentos. Aunque no llegamos hasta el final, nos vino bien para coger energías para lo que quedaba de día.
Tsjuder, sería el penúltimo grupo que veríamos, y tenían también una sorpresa preparada, que fué muy comentada y aplaudida.
Los de Oslo abrieron con “Malignant Coronation” y “Possessed”. Fueron haciendo un repaso por su discografía, pero no sería hasta terminar el noveno tema que el concierto daría un giro inesperado. Frederick Melander, bajista de Bathory se unió a la banda, la pancarta de fondo con el logo de Tsjuder, se descolgó para descubrir lo que se escondía detrás: La cabra de Bathory.
De ahí en adelante, tocarían exclusivamente temas de Bathory. La gente estaba alucinando por poder disfrutar de nuevo con estos temas en directo, pensad que muchos de los ahí presentes, no habían ni siquiera nacido cuando estos tíos empezaron a sacar discos en los años ochenta. Por desgracia, lo bueno pasa muy rápido, y con “Born for Burning”, esta delicia terminó.
El setlist, dividido en dos partes, fue el siguiente:
Tsjuder:
“Malignant Coronation”, “Possessed”, “Kill for Satan”, “Prestehammeren”, “Ghoul”, “Mount of Madness”, “Slakt”, “Gods of Black Blood”, “Kaos”.Bathory:
“Sacrifice”, “The Return of Darkness and Evil”, “Woman of Dark Desires”, “Satan My Master”, “Raise the Dead”, “Born for Burning”.
Behemoth fue la banda encargada de cerrar esta edición del Inferno, que sería su concierto más “pequeño” antes de empezar la gira de ‘The Unholy Trinity’ junto a Satyricon y Rotting Christ por toda Europa. Era la primera vez que podía verlos en directo, y os aseguro que es uno de esos espectáculos que va a quedar guardado en mi memoria.
Esta edición del Inferno estaba siendo de las que menos fuego se había utilizado…hasta este momento. Parece que lo tenían guardado para que Behemoth lo gastara todo en esta bonita noche de Domingo de Resurrección. Abrieron con “The Shadow Elite”, y en el segundo tema “Ora Pro Nobis Lucifer”, empezaron a salir llamas de todos los lugares posibles del escenario, llegando a sentir el calor desde el tercer piso; aunque eso solamente era el inicio, ya que el fuego seguiría con “Demigod” y “The Shit ov God”, del nuevo álbum que está a punto de salir.
Es difícil para una banda tan prolífica, crear un setlist que repase su trayectoria sin dejarse nada, así que hicieron un repaso por nueve de sus álbumes, pasando por temas antiguos más black y otros más característicos del blackened death que tocan hoy en día. Tras un intermedio, con cambio de ropas y de escenografía, que ahora incluía un cristo crucificado boca abajo, y a Nergal llevando un sombrero alto como los del papa, que oficialmente seguía vivo, daría comienzo el segundo acto con “Wolves ov Siberia” y “Once Upon a Pale Horse”.
Cerraron con “O Father O Satan O Sun”, llevándose una merecidísima gran ovación de un público que disfrutó de principio a fin. Si tenéis la oportunidad de ver a esta banda alguna vez, no os los perdáis, es un espectáculo en todos los sentidos. El setlist completo, y en orden fue el siguiente:
“The Shadow Elite”, “Ora Pro Nobis Lucifer”, “Demigod”, “The Shit ov God”, “Conquer All”, “Ov Fire and the Void”, “Lvciferaeon”, “Bartzabel”, “Wolves ov Siberia”, “Once Upon a Pale Horse”, “Christians to the Lions”, “Cursed Angel ov Doom”, “Chant for Ezchaton 2000”, ““O Father O Satan O Sun”.
Completamente destrozados, sin sentir ni los piés, dimos por finalizada una edición del Inferno 2025, que sigue ganándose, año tras año, ser un festival referente tan importante del metal extremo.
Tusen takk Inferno.
Vi sees neste år!







































































































