[crónica y fotos] Larkin Poe + Son Little en Madrid – La Riviera, 14/11/2025

Tiempo de lectura: 3 minutos

Texto: Oliver Heras
Fotos: Bea Lawless

¿Os imagináis montar un grupo de música con vuestro hermano o hermana? Yo tengo claro que acabaríamos a hostias en el primer ensayo. Por eso aún admiro más a bandas como The Warning, Halestorm o, en su día, AC/DC. Oasis no cuenta, porque es una telenovela aparte.

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Yendo a lo que nos ocupa: con Larkin Poe la cosa es diferente. Las hermanas Lovell tienen una sinergia sobre el escenario que roza lo científico. Se entienden, se empujan y se elevan la una a la otra con una naturalidad que merece estudio. Venían a Madrid a presentarnos su octavo disco de estudio: Bloom, ante una Riviera a rebosar que lo dio todo.

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Desde hace años hay cierto fetichismo por copiar el estilo de vida yanki. Cientos de hamburgueserías por metro cuadrado, restaurantes que imitan a los famosos diners norteamericanos, cafeterías que quieren parecer sacadas de una carretera perdida de Wyoming e incluso barberías que recrean el rollo clásico de los 50 como si uno fuera a salir de allí con un Cadillac aparcado en la puerta. Lo que pasa que en términos musicales aún no ha calado al cien por cien y eso pasó con el telonero de la noche Son Little. Ritmos bluseros que te transportan hasta lo más recóndito de los States pero que se quedó algo frío en una Riviera recién abierta y con muy poquita gente. La calidad y técnica tanto de Aaron Earl Livingston como de sus músicos fue impecable, pero creo que no somos su público. O, no era su ambiente.

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Cuando la actuación de Son Little iba llegando al final empezó a entrar la inmensa mayoría de gente a la sala. Todo a última hora, como siempre. La gente tenía claro a quién venía a ver y quería apurar su tercio de Mahou en los bares aledaños. Hipersonrientes salieron a escena Rebecca y Megan ante el atronador aplauso de los miles de personas que abarrotábamos la Riviera. Lo bueno de bandas como Larkin Poe es que son capaces de congregar a un público muy pero que muy heterogéneo. Te puedes encontrar al más heavy del barrio con su camiseta de Slayer, como al más country rockero del mundo con su sombrero de cowboy y sus botas al más puro estilo western. También son un grupo que une generaciones y creo que la mejor manera de identificar eso ya no es mirar las arrugas de la gente sino basta con fijarte en cómo graba o hace fotos al concierto. Si lo hace en horizontal ya sabes de qué pie cojea.

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“Nowhere fast” y “Mockingbird” fueron las escogidas para empezar el repertorio. Como os decía arriba la sinergia en el escenario es bestial, se complementan mejor que una taza de chocolate con unos churros. Hicieron un enorme repaso por Bloom incluyendo temas como “Easy Love Pt 1”, “If God is a woman” y “Bluephoria”. A mitad del concierto toda la banda se recogió alrededor de un micro para hacer esa parte del set más íntima. “Little Bit”, “Southern Comfort” o “Devil Music” fueron parte de ese pequeño miniacústico que montaron en un momento.

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Cuando sonó la última nota de “Bloom Again” y el público estalló en aplausos quedó claro que Bloom no es solo el nombre de un disco: es lo que pasa cuando dos hermanas, dos músicos, dos almas, deciden florecer juntas ante miles de desconocidos que, por un momento, ya no lo eran tanto.

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