Barcelona destaca entre otras cosas por ser una ciudad multicultural con un huequecito para todo tipo de personas, metaleros exigentes incluidos. El Okkult Session, que ya va por su quinta edición, encuentra precisamente su sitio ahí: un festival dedicado al metal más oscuro, atmosférico e incluso introspectivo que para mí, un metalero conformista, suponía la oportunidad perfecta para salir de mi zona de confort y descubrir nuevos sonidos.
Paradise Lost + Tiamat + Evoken + Hela + Sotabosc 27/09/26 | La Carpa Poble Espanyol, Barcelona
Empezaba a sufrir con el sol cuando la banda local emergente Sotabosc vino a salvarme con su fresco black metal atmosférico, una propuesta cruda y capaz de enganchar aunque no entiendas los guturales de David Rodríguez. No tardaron en conseguir que el público moviese la cabeza al ritmo de la batería imparable de Manel Woodcutter, con rapidez, doble bombo y breakdowns. Las guitarras quedaban algo más relegadas, aunque cobraban protagonismo en los escasos interludios. Lo suyo eran pocas canciones, pero de larga duración, así que cada descanso se recibía con una lluvia de aplausos.
El público, que al principio era escaso, iba creciendo hasta que, cuando me dio por girarme, ya era bastante numeroso. El momento más aplaudido de su actuación llegaba cuando Xavi Forné, guitarrista de la banda, dedicaba una canción a Nuria Luis, fallecida excompañera en Ulmus, proyecto con el que habían actuado en ese mismo escenario. El tema comenzaba con guitarras suaves y melódicas hasta que explotaba para devolvernos a su sonido más crudo y directo.
Para entonces el público ya había crecido considerablemente y subía al escenario Hela, joven banda ilicitana de doom y stoner. Su comienzo calmado y melancólico hacía que algunos bailasen lentamente, aunque a mí se me hacía algo monótono. Por suerte, fueron de menos a más: Miguel Fernández iba aportando cada vez más pegada desde la batería y el dinamismo crecía hasta llevar al público al headbanging, sin abandonar del todo los pasajes lentos. También la voz de Raquel Navarro ganaba fuerza y técnica a medida que avanzaba el concierto. Sus interacciones con el público fueron escasas, pero acabaron ganándose los aplausos de la sala, los míos incluidos.
El ambiente cambiaba con Evoken, pioneros estadounidenses del funeral doom metal, que dejaban claras sus intenciones desde el primer momento: Dave Wagner, bajista, aparecía con una calavera en cada mano. Su sonido era denso y pesado, reforzado por la atmósfera opresiva que generaba Don Zaros desde los teclados. No necesitaban grandes cambios de ritmo para hipnotizar al público, aunque de vez en cuando rompían esa gravedad con pasajes más rápidos, especialmente desde la batería de Vince Verkay, que tocaba con parte del rostro cubierto por una tela.
La respuesta del público era contenida pero constante: cabezas moviéndose al ritmo de la música y explosiones de aplausos al terminar cada tema. John Paradiso, guitarrista y vocalista, no dudaba en pedir más y respondía con unos guturales imponentes y afilados solos de guitarra, compartiendo protagonismo con Chris Molinari. La despedida fue especialmente sonora, pese a que abandonaron el escenario casi con prisas.
A esas alturas ya empezábamos a apretarnos frente al foso para recibir a Tiamat, una banda histórica que, aunque nació en el death metal, terminó asentándose en terrenos más cercanos al metal gótico. Lo que más me gustó de su actuación fue la química que mostraban sobre el escenario, especialmente entre Johan Edlund y Simon Johansson. Los dos se abrazaban, bromeaban y hasta jugaban con la cuerda del micrófono mientras el guitarrista ofrecía sus solos, melódicos, constantes y virtuosos. Un problema técnico con el cable hizo que se perdiera un par de canciones, pero no consiguió romper la dinámica del concierto.
El resto de la banda mantenía el nivel y Tiamat se ganaba a un público cada vez más entregado. Pedían más y lanzaban alguna cerveza —incluso unas gafas de sol— mientras el público respondía con palmas, gritos, estribillos y cánticos con el nombre de la banda. La mejor imagen para resumir su actuación era la de Lars Sköld, batería y cigarro en boca, tocando sin parar ni un segundo.
La noche llegaba a su fin con los británicos Paradise Lost, pioneros del death-doom metal y considerados una referencia fundamental para el desarrollo del metal gótico. La recepción era, como cabía esperar, eufórica, y las numerosas camisetas de la banda entre el público dejaban claro que jugaban en casa.
Su sonido era sobrio y adictivo, pero no era lo que más destacaba de su actuación. Los solos, los cambios de ritmo, la pegada y la voz de Nick Holmes, capaz de pasar de los guturales a registros más limpios y rasgados, demostraban de sobra su nivel. Pero donde realmente brillaban era en su capacidad para convertir al público en una auténtica mente colmena. Todos hacíamos lo mismo al mismo tiempo: bailar, mover la cabeza, dar palmas, cantar… Todo con una entrega contagiosa ante unos himnos que habían marcado la vida de muchos.
Y he de reconocerlo: yo no era fan de Paradise Lost, pero aquello era tan contagioso que acabé siéndolo.
El cierre fue por todo lo alto, con fuertes aplausos y una sala cansada y acalorada a pesar de que ya era de noche y el público no estaba tan apretado. Paradise Lost fueron la guinda de una jornada que precisamente resume por qué existe un festival como el Okkult Session. Porque aquí caben bandas que no son especialmente comerciales, propuestas que ni siquiera pertenecen exactamente al mismo estilo y, sobre todo, grupos que para determinadas personas significan mucho. El festival les da un espacio para reunirse, descubrir nuevos sonidos y disfrutar de esas bandas que forman parte de ellos.
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Texto: AliveOriol | Fotos: Andrea Rodríguez
SETLIST PARADISE LOST:
Serpent on the Cross
One Second
The Last Time
Faith Divides Us – Death Unites Us
The Enemy
As I Die
Salvation
Requiem
Say Just Words
Hallowed Land
Tyrants Serenade
Smalltown Boy (Bronski Beat cover)
Embers Fire
Ghosts
Silence Like the Grave















