Texto: Tsubasa Ōzora
Fotos: Oliver Heras
Si creciste en los 2000’s con una tabla bajo el brazo, los auriculares llenos de punk melódico y la mochila forrada de parches, seguro que el Deconstruction Tour fue uno de esos recuerdos dorados que aún te sacan una sonrisa. Aquella gira itinerante de skate y punk que sacudió Europa entre 1999 y 2006 fue el campamento de verano de toda una generación rebelde, y aunque parecía haber quedado enterrada en el tiempo como esos vaqueros anchos que aún guardamos por si vuelven, este 16 de mayo en el Poble Espanyol algo se removió… el Reconstruction Tour vino a recoger el testigo, y lo hizo con dignidad, espíritu comunitario y muchas, muchas ganas. Barcelona fue la única parada española en esta gira europea.
PUEDES VER TODAS LAS FOTOS EN ESTE ENLACE.
Con bandas de peso como Pennywise, Propagandhi, Madball, Comeback Kid, The Iron Roses y Dead Pioneers, el evento no solo fue un festín sonoro, sino también una especie de reunión entre viejos amigos, con músicos viendo a otros músicos desde el lateral del escenario, entre el público o sirviéndose su propia birra en ese rincón mágico de autoservicio. Nada de vips ni egos inflados, solo buen rollo, abrazos sudados y miradas de felicidad por estar allí.
A diferencia de los macrofestivales donde terminas rezando por oxígeno, aquí había espacio para moverse, saltar y respirar. La asistencia fue notable, pero sin agobios, y aunque la oferta culinaria terminó siendo bastante mejorable (Hacendado, cof cof) el ambiente cálido, casi familiar, lo compensó con creces. Más que un simple festival, el Reconstruction Tour fue una carta de amor a los que nunca dejaron de creer en el poder de tres acordes y una actitud.
Arrancar un festival como el Reconstruction Tour no es poca cosa. A media tarde, con el sol todavía calentando el adoquinado del Poble Espanyol y la primera cerveza apenas en la mano, los Dead Pioneers subieron al escenario como quien prende una mecha con una sonrisa torcida. Desde el primer acorde de “PO$T AMERICAN”, quedó claro que aquí no veníamos a calentar motores lentamente, sino a encender la máquina con combustible directo desde las tripas. Su mezcla de punk, spoken word y furia anticapitalista fue una bofetada para despertarnos, especialmente con temas como “My Spirit Animal Ate Your Spirit Animal”.
Con el sol bajando lentamente y la energía en el aire empezando a ebullir, The Iron Roses salieron al escenario con la misión clara de elevar el ánimo… y vaya si lo lograron. Si Dead Pioneers encendieron la mecha, The Iron Roses prendieron fuego a la plaza con una mezcla de rabia, esperanza y estribillos que daban ganas de abrazar a extraños y lanzarse a bailar como si estuviéramos en una revolución con banda sonora propia.
Desde el arranque con “Old Guard” dejaron claro que su punk va más allá de gritarle al sistema. También hay alegría, comunidad y un montón de corazón. Con un sonido que bebe del punk rock clásico pero filtrado por una sensibilidad moderna, lograron que hasta el que se escondía a la sombra con una birra se acercara unos pasos más.
“Raising Hell, Raising Hope” fue puro dinamismo, mitad pogo, mitad coro colectivo… y ahí ya estaba claro que The Iron Roses no venían solo a tocar sino a conectar. La banda es como una patada al cinismo, con letras que combinan la furia activista con un mensaje de unidad que sorprendentemente no suena a cliché ni a sermón. Los vocalistas de The Iron Roses bajando a pista a cantar con las primeras filas fue la delicia de todos, fotógrafos incluidos como el nuestro que no soltó su vaso en ningún momento mientras no dejaba de disparar.
¿Que los Comeback Kid estuvieron hace nada en Madrid celebrando los (ya míticos) años de ‘Wake the Dead’? Sí ¿Que podrían haberse dosificado para este Reconstruction Tour? También ¿Que en lugar de eso salieron al escenario del Poble Espanyol como si acabaran de ser descongelados para salvar al hardcore? Por supuesto que sí.
Desde el primer rugido de “False Idols Fall” quedó claro que esto iba a ser una descarga sin anestesia. Andrew Neufeld y compañía salieron enchufadísimos, como si quisieran comprobar cuántos pogos pueden arrancar en una hora sin que el público reviente. Y vaya si lo lograron, ya que el recinto, hasta entonces alegre y relajado, se convirtió en una olla a presión de saltos, empujones amistosos y sonrisas cómplices.
Con un setlist que fue una montaña rusa emocional y muscular, temas como “The Trouble I Love” y “Talk Is Cheap” desataron los primeros moshpits serios del día. Los de puño en alto y salto coordinado, los de “perdona que te empuje, pero es que el cuerpo me lo pide”. Guardaremos en nuestra memoria para siempre momentazos como ese “Wake the Dead” que soltaron hacia el final como quien lanza una bengala en mitad de un pogo. Si en Madrid celebraron el disco como pieza de museo hardcore, en Barcelona le sacaron brillo a base de pogo, coros al unísono y mucha nostalgia.
Si alguien pensaba que el Reconstruction Tour iba a ser solo punk melódico, llegó Madball para dejar claro que el hardcore neoyorquino sigue siendo una apisonadora con nombre propio. Con Freddy Cricien al frente y una banda que suena como una mezcla entre tanque blindado y terapia de grupo muy intensa, los de NY salieron al escenario del Poble Espanyol con la energía de quien viene a poner orden con unos vergazos.
Freddy ya lo dejaba caer con humildad y flow callejero: “Gracias a Pennywise por hacernos parte de esto, porque en muchos países europeos no solemos estar en el cartel” Y lo decía como quien sabe que, si bien no pisan estos escenarios tan a menudo, cuando lo hacen, lo dejan todo patas arriba. Así fue.
Arrancaron con “Can’t Stop, Won’t Stop” y fue como poner en 2011 el temazo “Johnny, la gente está muy loca”. El público que venía de un subidón emocional con Comeback Kid se transformó en un mar de brazos, pogos laterales y fans que sabían cada palabra como si la hubieran aprendido en el Camp Nou un domingo a mediodía.
Madball tiene esa cosa de ser duros pero cercanos. Freddy no suelta grandes discursos, pero lo que dice va directo al corazón: respeto, comunidad, aguante. Y cuando gritaron “Hardcore Lives” no fue un lema vacío, fue un recordatorio de que el espíritu sigue tan vivo como su melena.
Cuando Propagandhi subió al escenario el ambiente en el Poble Espanyol ya estaba bien caldeado. Pero lo que se venía no era solo potencia punk, era una clase magistral de virtuosismo, ironía política y una buena dosis de “no nos tomamos tan en serio aunque toquemos como si fuéramos Rush versionando a Black Flag”.
Abrieron con “Failed Imagineer”, y la cosa ya se puso seria, o todo lo contrario, dependiendo de tu nivel de cinismo. La banda desplegó su habitual mezcla de velocidad, melodía y letras que te hacen pensar mientras se te vuela la gorra con el viento del pogo. Y entonces, pasó lo impensable: en mitad de uno de sus temas, Chris Hannah (el eterno cerebrito de la banda) tuvo un lapsus y… se olvidó la letra.
Silencio, una risa incómoda, pero lejos de arruinar el momento aquello humanizó aún más a una banda que a veces parece demasiado perfecta para ser real. El público, lejos de molestarse, respondió con aplausos y risas. Era como ver a tu profesor favorito tropezar con uno de sus temas favoritos, gracioso y entrañable.
Momentazos como “Cat Guy” (gatetes) y “Victory Lap” mantuvieron el equilibrio perfecto entre sarcasmo y sensibilidad, y “Night Letters” sirvió como cierre en tono más introspectivo, como quien después de gritar contra el mundo se sienta a mirar las estrellas y preguntarse “¿Y ahora qué?”
El Reconstruction Tour llegó a su clímax absoluto con los eternos Pennywise, los padrinos de la fiesta, los veteranos que no solo organizan el lío, sino que lo desatan con una sonrisa en la cara y una birra en la mano. El Poble Espanyol, con la noche ya bien asentada se preparaba para la traca final… y Pennywise no decepcionó. Desde que arrancaron con “Wouldn’t It Be Nice” la energía fue total, era como si el suelo vibrara con cada pogo, cada coro multitudinario y cada punteo inconfundible de Fletcher Dragge, que estaba listo para derribar cualquier edificio con su muro de guitarras.
Uno de los momentazos de la noche llegó cuando, entre risas, se lanzaron con un medley sorpresa de NOFX. Sí, NOFX. Y con un comentario a lo Pennywise: “Todavía no nos creemos que lo dejen, así que esto va por ellos”. Entre “Bob”, “Don’t Call Me White” y “The Brews”, el público estalló en una especie de pogo-karaoke colectivo, con más de uno intentando cantar y reírse al mismo tiempo. Una auténtica fiesta punk que abarcaba generaciones.
En “Bro Hymn” llegó el momento más emotivo con la dedicatoria a Greg Browning, surfista y cineasta que había fallecido hace unas semanas tras su batalla con el ALS. Fue un instante de comunión total como simepre, con el público coreando al unísono ese himno inmortal con el que se cierra todo buen concierto punk de Pennywise desde que tenemos memoria. No hubo ojo seco ni brazo sin levantar. También hubo tiempo para el cachondeo, porque Pennywise convirtieron su puesto de merch en una feria de los 90’s, porque fueron la única banda pusieron el pago en efectivo obligatorio…nada más punk que no tener datáfono. Un cierre de festival que fue puro espíritu DIY, punk de estadios sin perder el alma de garaje, medley de homenaje, pogo emocional, y sí, merchandising solo en efectivo. Porque así son Pennywise, auténticos hasta la última moneda suelta en tu bolsillo.














































