Texto: Jorge Fretes y David Alonso
Fotos: Sebastián Flores y Oliver Heras
Muchos de los que estaremos leyendo esta crónica hoy probablemente estemos totalmente destruidos, ya que todo el recinto pudo vislumbrar como Limp Bizkit se consagra como uno de los conciertos más multitudinarios y salvajes que han ocurrido en toda la historia del Resurrection Fest.
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La notable cantidad de gorras rojas y camisetas de la banda (pese a no traer merchan al festival) auguraba que el día era dueño y señor de esta resucitada banda americana que goza en 2026 de su mejor estado de forma, en una tarde donde el cielo nublado y alguna que otra gota tímida nos daban la bienvenida a un día histórico.
Desde su confirmación hace ya varios meses atrás, me sorprendió el hecho de que tras casi 15 años sin venir a España, unos ya bastante olvidados The Rasmus volvían a la península y encima en un festival de heavy metal.
Los finlandeses, con una carrera que ya supera ampliamente las dos décadas, llegaron a Viveiro con ese estatus de banda transversal que trasciende géneros. Su repertorio cuenta con un par de canciones que forman parte de la memoria colectiva del rock alternativo de los 2000, que en momentos claves transformó el escenario en un coro masivo con los hits. Fue uno de esos conciertos que conectan generaciones distintas dentro del mismo público.
El resultado de esta peculiar incorporación podría resumirse en que desgraciadamente en lo que es sonoramente, su vocalista Lauri Ylonen no tuvo el día y desafino más veces de las que me gustaría. Si a esto le sumamos que su música dista bastante de la línea estilística del día, obtuvimos por resultado una banda que apenas levantó sensaciones hasta su tema pivotal.
Y es que al final las bandas ‘One Hit Wonder’ tienen eso, que la gente está esperando a que llegue el final y toquen esa canción que todo el recinto conoce, algo que con “In The Shadows” sucedió y que probablemente en unos días no recordemos mucho más de este concierto.
Not Yet repetían en el cartel, pero esta vez en el Ritual Stage. Representando a la escena local de Viveiro, este grupo de post-hardcore y rock alternativo con muchas melodías consiguió en poco tiempo y con poco material editado sorprender a varios no solo gracias a sus temas sino también a su excelente puesta en escena que dejó bien en alto el nombre de la pequeña localidad.
La intensidad volvió con Mourir, que llevaron el festival hacia terrenos mucho más oscuros y abrasivos. Su propuesta, marcada por la crudeza y la visceralidad, funcionó como un recordatorio de que el Resurrection sigue manteniendo espacio para la experimentación dentro del extremo más ruidoso.
Uno de los nombres más celebrados de la jornada fue Bleed From Within. Los escoceses atraviesan uno de los mejores momentos de su carrera, y eso se notó desde el primer minuto. Su mezcla de metalcore moderno, groove y agresividad perfectamente medida convirtió su actuación en una de las más sólidas del día. Cada tema sonaba más grande que el anterior, confirmando su estatus como una de las bandas más fiables del circuito actual.
Ya en un lejano 2023, cuando pude vislumbrar ligeramente por primera vez a esta banda en el Leyendas del Rock, noté que el fanatismo y el seguimiento a esta formación era bastante fuerte y hoy, solo tres años después, he podido ver de primera mano que seguramente estén destinados a ser una de las bandas que lideren la escena del metalcore moderno en Europa.
Con un show lleno de visuales bastante chulos en las pantallas y fuego, estos escoceses desfilaron su metalcore demoledor y provocaron los primeros circle pit de tamaño XXL del día, con una banda que no dejo de pisar el acelerador en ningún momento y en la que sacaron un excelente sonido del Main Stage.
En el extremo opuesto del espectro sonoro apareció Rosalie Cunningham, aportando una dosis de psicodelia y rock clásico que rompió por completo la dinámica del festival. Su propuesta fue elegante y teatral, ofreciendo un respiro necesario en mitad de una jornada dominada por la intensidad.
El turno de Trivium marcó uno de los puntos álgidos del día. Su capacidad para combinar técnica, melodía y agresividad sigue intacta, y su directo es un ejercicio de precisión absoluta. Matt Heafy lideró una actuación impecable, alternando momentos de pura contundencia con otros más melódicos, en un set que repasó distintas etapas de su carrera con naturalidad y fuerza.
Tras Bleed From Within abrir boca y quitar las telarañas del respetable, Trivium vino con la intención de seguir con la ración de metalcore y repasar gran parte de su excelso ‘Ascendancy’, creando de nuevo un círculo infernal en medio de la pista, con una banda que sonó a las mil maravillas y que se encuentra en el mejor estado de su carrera.
Matt Heafy ha sabido darle a la banda un excelente equilibrio entre temas más old school dentro del metalcore con cortes de metal moderno que se fusionan perfectamente, donde piezas como “Until the World Goes Cold”, “Silence in the Snow” o “The Heart From Your Hate” sirven como bálsamo coreable entre toda la tralla intermedia.
Y entonces llegó uno de los momentos más esperados del festival. Limp Bizkit volvieron a demostrar que su estatus dentro del nu metal no solo es histórico, sino también vigente. Fred Durst y compañía transformaron Viveiro en una auténtica fiesta colectiva, donde la nostalgia de finales de los 90 y principios de los 2000 se mezcló con una energía completamente actual. El público respondió como si cada canción formara parte de su propia historia personal, convirtiendo el concierto en uno de los más multitudinarios y celebrados de toda la edición.
La banda comandada por Wes Borland y Fred Durst ha sido en estos últimos años una de las agrupaciones más solicitadas por los fans del festival en las encuestas anuales de grupos y hoy, tras casi 14 años desde su última aparición en el país (si nos olvidamos del inesperado concierto en Madrid del miércoles) muchos pudimos disfrutar a una de las bandas clave del un metal por fin en Viveiro.
Y es que no solo fue uno de los conciertos más multitudinarios del festival, sino que además fue uno de los que más la gente cantó y disfruto las canciones, todo ello en parte a los años acumulados de querer verlos y a unos sobrios y efectivos lyrics en las pantallas.
También es justo destacar que en especialmente sus primeros años se trataba de una banda bastante irregular en directo, con conciertos bastante mediocres y cancelaciones a veces un tanto sospechosas. Ahora, han envejecido como un buen vino y la banda se encuentra en su mejor estado de forma no solo de convocatoria, sino especialmente a nivel musical y de rodaje.
El concierto fue una autentica fiesta cargada de descontrol y desfase, donde en la doble interpretación de “Break Stuff”, “Take a Look Around” o “My Way” era literalmente imposible quedarse en el sitio sin bailar o saltar, en la que la pista del campo de Viveiro se convertía por momentos en un muelle gigante.
Además, como todos los conciertos que pasan a la historia, no faltaron momentos que aumenten la leyenda de este show como la aparición tras la llamada de Fred Durst de los promotores del festival, el hecho de que se tuvo que parar “Take A Look Around” por algún fan malherido o que una chica invitada al escenario de los puros nervios se puso a vomitar delante de la banda. Sin duda uno de los conciertos que pasarán a la historia del festival.
El cierre de la jornada llegó con Cavalera Conspiracy, que volvieron a reivindicar el legado de Sepultura con una descarga de thrash y groove metal absolutamente implacable. Max e Iggor Cavalera convirtieron los últimos minutos del viernes en una celebración del metal más primitivo y visceral, con un público entregado a cada riff como si se tratara de los originales.
Muchos estábamos completamente destruidos tras conciertazos como Trivium y Limp Bizkit, pero todavía quedaban por aparecer los hermanos Cavalera y terminar de destrozar nuestras piernas en forma de repaso a uno de los mejores discos de thrash metal que existen, ‘Chaos A.D.’
Aún no tocando el disco en su orden original, la banda si que respetó el brutal inicio con “Refuse / Resist” en la que desde el primer momento y tras ver la incansable actitud y furia de Max e Igorr Cavalera, entendí por que cuando estos hermanos marcharon de Sepultura, mucha gente es bastante insistente en que ya aquella formación ha dejado de ser lo mismo.
Ver a Max Cavalera soltar constantemente improperios en portugués, animar a los valientes supervivientes del día a seguir dándolo todo y todo ello mientras la banda suena como un reloj suizo nos dio a muchos las fuerzas necesarias para aguantar el resto de la noche e irnos a la cama completamente exhaustos en una jornada que nos dejará secuelas físicas para unos días, pero que a nivel emocional probablemente nunca se nos olvide.
Y aún queda un día para cerrar el círculo. Atentos a nuestras redes.

































