[el cinéfilo] 28 Años Después, de Danny Boyle

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Por Nekrokosmos

Hay formas elegantes de volver al cine de terror. Y luego está Danny Boyle, que decide arrancar 28 años después con una ciudad escocesa en llamas, un niño en shock, y zombies rabiosos que corren como si les hubieran prometido WiFi gratis ¿Qué podría salir mal? Pues resulta que mucho. Pero también muchísimo bien.

La película arranca con una premisa que ya es clásica, con un niño que se despierta y el mundo está jodido. Pero Boyle no se duerme en los laureles de 28 días después. Esta tercera entrega, escrita por el siempre intenso Alex Garland, nos lleva de vuelta a un Reino Unido roto, salvaje, y con más locura que un grupo de WhatsApp familiar en época electoral. En una aldea escocesa fortificada los últimos humanos viven como si fueran una mezcla entre vikingos y personajes de The Wicker Man, donde beben, bailan, y se cagan de miedo cada vez que miran hacia el continente ¿Por qué? Porque el otro lado está lleno de infectados que gritan, corren y hacen parkour homicida. Todo muy relajado.

Y es ahí cuando Jamie (Aaron Taylor-Johnson), un padre al que claramente le faltan unas cuantas sesiones de terapia, decide llevar a su hijo Spike (el sorprendente Alfie Williams) de excursión a tierra de zombies con un arco y unas pocas flechas ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Con qué neuronas tomó esa decisión? Nunca lo sabremos. Quizá para enseñarle a ser un hombre. O a morir rápido.

Jodie Comer interpreta a la madre, sufriendo ataques de ansiedad que cualquiera tendría si tu pareja decide llevar a tu hijo a matar monstruos como si fuera un paseo escolar. Su papel tiene momentos desgarradores, especialmente uno en el que sufre un cara a cara con una infectada que te deja con el alma temblando. Visualmente Boyle no decepciona. Hay imágenes que se te quedan tatuadas en la retina con ríos que devoran puentes, hordas desnudas de infectados corriendo como si regalaran cerebros, y montañas de cráneos dignas de una portada de disco de heavy metal. El cine de Boyle sigue siendo poesía sangrienta en movimiento. Si Oppenheimer te pareció densa, esto es igual de ambicioso, pero con más acción y menos diálogos sobre física cuántica.

Y si pensabas que los zombies eran el problema principal, espera a conocer a Sampson (interpretado por Chi Lewis-Parry) una especie de Hulk en modo rabia máxima. En contraste total, Ralph Fiennes aparece como un chamán que habla en latín y te explica que todos vamos a morir… pero con estilo. Porque si algo tiene esta película, es estilo a raudales. ¿El problema? El final. Ay, el final. Sin hacer spoilers diremos que hay personajes humanos haciendo cosas que ni Spider-Man lograría con sobredosis de cafeína. Un desenlace que rompe con el tono reflexivo que se había construido. Como si al guionista se le acabaran las páginas y lo mandase todo a la mierda.

28 años después es una montaña rusa emocional y visual, con momentos que van del terror puro al existencialismo adolescente, pasando por lo que claramente es una crítica velada a los padres irresponsables. Boyle y Garland nos entregan una experiencia intensa, a veces incoherente, pero siempre entretenida ¿Es tan buena como la original? No. ¿Vale la pena verla? Sin duda.