[el cinéfilo] Ash, una pesadilla cósmica con mucho estilo

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Por Nekrokosmos

Si alguna vez fantaseaste con dejar este planeta e irte a vivir a otro, Ash te va a hacer pensártelo dos veces. La nueva aventura de ciencia ficción y horror dirigida por Flying Lotus (sí, el mismo músico experimental de Los Ángeles que aquí firma como Steven Ellison) es una mezcla lisérgica de trip espacial, misterio sangriento y atmósfera pura.

La historia arranca fuerte cuando Riya, interpretada por la actriz Eiza González, se despierta toda ensangrentada en una estación espacial sobre un planeta llamado Ash, solo para descubrir que sus compañeros de misión han sido brutalmente asesinados. A partir de ahí, la película nos lanza a un viaje que se siente como un mal viaje después de una rave más que una misión científica. Luces parpadeantes, sonidos electrónicos inquietantes, flashbacks confusos… todo parece gritar «no estás sola, y esto va a empeorar»

No esperes mucha charla ni exposición larga. Aquí lo importante no es tanto el qué pasó, sino cómo se siente estar atrapado en ese lugar extraño, frío y letal. La dirección de arte y la fotografía, a cargo de Richard Bluck, son impecables. Visualmente la película es un festín para los sentidos, con cielos de estrellas caleidoscópicos, pasillos sombríos y una tensión constante que no afloja.

El guion de Jonni Remmler nos da lo justo, con un equipo de cinco personas, un planeta inhóspito, y una amenaza que se va revelando poco a poco. Cuando aparece Brion, interpretado por Aaron Paul, las piezas del rompecabezas comienzan a encajar. Pero lo que parecía una historia de supervivencia se transforma en algo mucho más retorcido y corporal, al estilo The Thing o Alien.

La música aquí es un personaje más. Flying Lotus se nota en casa, construyendo un ambiente sonoro que mezcla sintetizadores al estilo John Carpenter, momentos de melancolía a lo Twin Peaks, y beats que podrías escuchar en una sesión techno futurista mientras huyes de algo que quiere meterse dentro de ti. Literalmente.

Ash es más una experiencia sensorial que una peli de trama clásica. No reinventa la ciencia ficción ni el horror, pero sí le da una vuelta muy personal, muy fumada y muy estética. En tiempos donde todo el cine espacial parece querer explicarte hasta el último tornillo de la nave, Ash apuesta por el misterio, el suspenso visual y el terror que no necesita palabras. No es para todos los gustos, pero si te van los sustos elegantes, el gore con diseño y los viajes cósmicos con tintes filosóficos, esta puede ser tu película favorita de 2025.