[el cinéfilo] Diablo Rojo (PTY), carta de amor al terror B de los 80

The Horror Collective han lanzado la primera película de terror de Panamá, y para aquellos de nosotros que disfrutamos del cine de terror B de los 80, es una jodida maravilla. Para aquellos que buscan algo mas “moderno” a lo Hereditary o Get Out, mejor busquen su fix en otro lado. Si hace tiempo te vienes diciendo: “eh, hace años que no veo una nueva peli de Leprechaun, seguirán haciéndolas?”, te invito a acompañarme en un viaje a lo más profundo de la selva cinematográfica latinoamericana, en donde los efectos prácticos, actuación con toneladas de queso y un soundtrack sorprendentemente genial, elevan a Diablo Rojo por encima de la gran mayoría del cine B/Z que se realiza actualmente. 

La trama está basada en leyendas Panameñas, tradiciones indígenas, y por supuesto, los diablos rojos. Se los llama así a aquellos buses escolares importados de Estados Unidos, que son decorados hasta el techo y se usan para el transporte público. Con la típica fama de ser más peligrosos que tirarse de un avión sin paracaídas, por supuesto. Tengo que ser honesto y decir que, para mí, la trama fue de lo más flojo de la cinta. No porque sea mala de por sí, porque no lo es, sino por las insinuaciones culturales que arroja.

Creo que hubiese sido una buena oportunidad para reivindicar a los habitantes nativos de América Latina en cuanto a cómo se los ve en el cine se refiere. Lastimosamente, Diablo Rojo (PTY) opta por perpetuar ciertos aspectos de la percepción que tenemos sobre pueblos nativos que, realmente, hubiese sido ideal que no fueran así. Sin tirar mucho spoiler, era una buena oportunidad de reversar los conceptos de los beneficios del colonialismo y el poder que el mismo ejerce sobre nuestros antepasados. Pero tal vez, me estoy volviendo muy viejo (y muy socio-político) para mi propio bien. Así que pasemos a lo que sí me gustó, que es mucho.

Empiezo por la banda sonora, que de pe a pa, de pelo a dedo, está genial. Un increíble homage a las bandas sonoras de antaño, de época pre-synth, en donde arreglos orquestrales y una percusión que te late hasta el tuétano, marcan el ritmo del filme perfectamente. Si tuviese que elegir mi elemento preferido de Diablo Rojo (PTY), sería su música. Muy por cerca le va, sin embargo, los efectos prácticos. Esto fue una sorpresa, ya que en el primer trailer que había visto para la película, no se mostraba nada de esto. Se presentaba a la cinta como algo mucho mas cerebral y sin efectos. Sin embargo, al mirar la peli, no llegamos a los 10 minutos sin ver brujas volando y manos mutiladas. Una vez que cambié mi chip mental y me puse en el modo “exploitation”, me divertí muchísimo. Existen momentos en donde se mezcla un poco de CGI con lo práctico, y no le hace favores. Sin embargo, las tripas y las criaturas que se ven definitivamente balancean los pro sobre los contra.

La actuación es una mezcla de genial, pasable y “top queso 1970/1980”, pero de nuevo, teniendo en cuenta el tipo de filme que es, es normal y agrega más “charm” del que quita. Como cineasta en un país en desarrollo, conozco las limitaciones que existen al crear una cinta en este entorno. Y definitivamente, Diablo Rojo (PTY) ha sabido hacer lo mejor de lo que tenía a su disposición, escogiendo un género (y sub-género) que abraza estas limitaciones, en vez de verlas como algo negativo.

Al final del día, la primera cinta de terror de Panamá no era lo que esperaba. Mientras aquí en Paraguay todos se esfuerzan por emular a Hollywood, Sol Moreno y su equipo han optado por un camino menos transitado. Haciendo homage al cine B de los 70 y los 80, con efectos prácticos a cacharrata, y una banda sonora fantástica, Diablo Rojo (PTY) va más allá de su desaprovechada trama, para convertirse en un futuro clásico de culto. Para amantes del cine de efectos prácticos, esta es una cita imperdible. 

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