[el cinéfilo] Immaculate, de Michael Mohan

Por Jose Luna

“Immaculate”, dirigida por Michael Mohan y protagonizada por Sydney Sweeney, es una inmersión inquietante en el género del suspense y el terror psicológico. La atmósfera en “Immaculate” se va tensando lentamente, construyendo un crescendo de inquietud que de una manera u otra nos mantiene al vilo de lo que ocurrirá finalmente y que no termina de cuajar.

Michael Mohan demuestra una maestría en la creación de un ambiente cargado de tensión y misterio. Su estilo de dirección es a la vez sutil y potente, utilizando la cinematografía para acentuar la sensación de claustrofobia y desasosiego que impregna la película. Los encuadres meticulosamente compuestos y el uso eficaz de la iluminación y el sonido contribuyen a crear una experiencia cinematográfica que es tan visualmente impactante como emocionalmente resonante.

Sydney Sweeney ofrece una actuación magnética y profundamente emotiva. Su interpretación de la hermana Cecilia quizás la más compleja de su carrera, logrando transmitir una amplia gama de emociones que van desde la vulnerabilidad hasta la determinación feroz. Sweeney tiene una habilidad innata para atraer al público, haciendo que su viaje personal sea intensamente convincente y empático por primera vez desde Euphoria.

El guion de “Immaculate”, coescrito por Mohan y su frecuente colaborador, brinda una narrativa cuidadosamente estructurada que se despliega con precisión. La película juega con las expectativas del espectador, ofreciendo ciertos giros y con un aire de cine zeta con un gran presupuesto . Quizás se extrañan diálogos más afilados y efectivos, aque añadan profundidad a los personajes como el de Álvaro Morte.

“Immaculate” explora temas de culpa, redención y el peso del pasado. La película también toca aspectos de la fe y la superstición, y cómo estos pueden ser manipulados para ocultar verdades inquietantes. La historia de Cecilia es una metáfora poderosa de la lucha personal contra los demonios internos y externos, y su búsqueda de la verdad es tanto una batalla interna como externa.

El hype no está del todo justificado, posee una dirección experta, una buena historia y una actuación destacada de Sydney Sweeney, pero el guión es bastante mejorable. Es una película que desafía y recompensa a su audiencia con una experiencia rica y compleja visualmente, llena de momentos escalofriantes y revelaciones impactantes, pero no es la joya del  género del suspense y el terror que nos quieren vender. Se queda en un quiero y no puedo de la reflexión profunda sobre los aspectos más oscuros del alma humana.