[el cinéfilo] Woodstock 99: Peace, Love and Rage

Por Alejandro B.

Más que un simple documental musical, “Woodstock 99: Peace, Love and Rage” es una cápsula de tiempo fascinante e inquietante que nos pone en situación sobre lo que pudo ser y no fue hace unos 22 veranos atrás. Tenemos mucho más presente el desastrozo Fyre Festival, pero lo de Woodstock es digno de estudiarse porque cambió las reglas del juego en cuanto a festivales masivos que vinieron después.

Woodstock 99 se llevó a cabo en una base militar abandonada y sofocante, principalmente porque su perimetro aseguraba que nadie pudiese colarse como en ediciones anteriores, básicamente una decisión monetaria. La avaricia, no la paz, el amor o la unidad, fue la fuerza impulsora de este desastre de festival con botellas de agua a 4 dólares.

En un mundo musical empoderado como el de hoy, con festivales como el Primavera Sound que busca la igualdad, parece irreal en el cartel del Woodstock 99 infestado por bandas de nu-metal solo existiesen tres artistas femeninas: Sheryl Crow, Alanis Morrisette, y Jewel. Muy lejos quedaba todavía todo el movimiento #MeToo y el desfile interminable de mujeres en topless hizo mella entre los jóvenes asistentes que lo utilizaron como una excusa para la ola de agresiones sexuales que estalló ese fin de semana.

Garret Price se recibe aquí editor de profesión y hace un gran trabajo entretejiendo imágenes del festival en sí y entrevistas contemporáneas, dejando claro que los 90’s en EEUU no acabaron muy bien. En general fue una época feliz, de relativa paz y prosperidad económica, con el choque cultural más polémico centrado en si Bill Clinton merecía o no ser acusado por mentir sobre una mamada.

La cultura popular de la época tenía que ver con la ira y la agresión masculinas. La masacre de Columbine fue en la primavera de ese año, y “El Club De La Lucha” se estrenó poco después. El documental de Britney Spears a principios de este año ya dejó ver lo jodida que estaba la cultura en esos días, especialmente cuando se trataba de género, y esa visión aquí se expande. Dos años más tarde llegó el 11 de septiembre, que llevó a la cultura a una era diferente, aunque no necesariamente a una mejor.

Este documental hace un buen trabajo al explorar esa dinámica. Puede que sean las sensibilidades modernas hablando, pero Woodstock ’99 se enfrenta repetidamente a la masculinidad tóxica, un término no popular en 1999, pero que representa lo que estaba sucediendo en ese festival, desde los frecuentes manoseos hasta la idolatría masiva de actitudes como las de Fred Durst. Kid Rock, y otros personajes que estaban en lo más alto del nu metal.

Este documental deja en evidencia a un festival que demostró ser la antítesis del ideal utópico de la idea original de Woodstock 1969. Price presenta una tesis que parece inverosímil al principio, pero que se ve cada vez más convincente cuanto más se mira: Woodstock 99 fue un crisol cultural que atrapó el espíritu de finales de los 90’s, con una rabia masculina que volvió a verse años después con los votantes de Trump.