[entrevista] Entrevista a Johannes Eckerström – Del circo al caos: Avatar habla de evolución, teatralidad y el poder del espectáculo

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Con motivo del lanzamiento del nuevo álbum de Avatar conversamos con Johannes Eckerström, vocalista de la banda sueca, para adentrarnos en el concepto detrás de ‘Don’t Go in the Forest’, su proceso creativo actual, la naturaleza democrática del grupo y la carga política que puede haber —o no— en algunas canciones. En una charla extensa, honesta y llena de imágenes potentes, Johannes profundiza en el trabajo subconsciente que marcó gran parte del disco, en la relación emocional entre la luz y la oscuridad en la música metal, en sus experiencias culturales alrededor del mundo y en momentos tan intimidantes como abrir para Iron Maiden. Esto es lo que nos contó.

— “Don’t Go in the Forest”. Para mí suena a advertencia, a un mito oscuro. ¿Qué está explorando Avatar en este álbum?

Lo primero es que, si creciste siendo uno de esos chicos raros que se sentían diferentes y por eso se sintieron atraídos por el metal, cuando alguien te dice “no vayas al bosque”, tu reacción es querer ir. Jugamos con esa idea. El título funciona por varias razones: por un lado, es una estética, una vibra. Imagina a alguien perdido en un bosque prohibido, oscuro, frío, a mitad de la noche. Estás solo, pero entre los árboles ves una luz, escuchas música, te acercas y aparece una carpa de circo en medio de la nada. Entras… y ese es el mundo de Avatar. Yo lo imagino dirigido por David Lynch.

Pero también está el aspecto lírico: cada álbum es un ejercicio de pelar mis propias capas de basura, una búsqueda de mayor honestidad. Y eso implica entrar en habitaciones mentales que parecen prohibidas y ver qué hay allí dentro si te atreves a mirar. Creo que hay algo sano en eso. Y no es algo exclusivo de Avatar: es parte de la naturaleza del metal. El metal es extraño; es agresivo, poderoso, emocionante… vas a un concierto de Metallica, bebes cerveza, celebras, pero ellos tocan “One”, que trata de alguien sin brazos ni piernas que quiere morir. Esa mezcla entre luz y oscuridad, y compartirlo con miles de personas, es esencial en el género. Avatar es un ejemplo extremo de ese contraste: el circo, el espectáculo, la fiesta… pero con canciones que lidian con lo difícil. Cuando estoy bien, eso no suele acabar en canciones. Me encantaría ser Stevie Wonder o Bob Marley y escribir sobre lo bonita que es una chica, pero no funciono así.

El bosque es una metáfora de entrar en aquello que evitamos. Como en terapia: no quieres ir ahí, pero necesitas hacerlo para sanar y crecer. Así que sí, “no vayas al bosque”… pero en realidad, sí, ve al bosque.

— Mencionaste que este álbum solo podía haber sido escrito ahora y no antes. ¿Por experiencias recientes o por qué lo dices?

En lo musical, lo más importante es dejar atrás lo que fuimos y hacer lo que tiene sentido ahora. Eso implica curiosidad y buscar cosas en las que aún no somos buenos, nuevos desafíos en la composición y en el estudio.

Pero lo más significativo para mí fue el proceso creativo: normalmente, cuando tengo una idea —unas líneas de letra, un riff— siento la urgencia de entenderla de inmediato, saber qué significa, incluso qué voy a decir en entrevistas sobre ella. Esta vez, dejé que la parte subconsciente trabajara más. No me preocupé por entenderlo. Confié en que una parte de mí sabía lo que hacía, que si me gustaba lo que salía, ya significaría algo al final. Y así fue.

Diría que la mitad del álbum nació de ese método: “A Magic Lantern”, “Take This Heart and Burn It”, “Captain Goat”, “Howling at the Waves”, “Dead and Gone and Back Again”… Otras canciones eran más concretas desde el inicio, como “Tonight We Must Be Warriors” o “Death and Glitz”. Pero las subconscientes son las que realmente marcan esta etapa y no sé cómo podríamos haberlas hecho antes.

— ¿Hay cosas que os haya dado miedo probar en Avatar? ¿Cosas que os gustan pero no encajan?

Supongo que pasa de algún modo, pero no como imaginas. Avatar es una banda muy democrática; Jay Ruston siempre dice que somos la más democrática con la que ha trabajado. Oficialmente hay tres iniciadores de canciones, pero las cinco personas del grupo manipulan y aportan a cada tema. Nada es sagrado. Ese es el primer filtro: no preguntamos “¿encaja en Avatar?”, sino que si lo muestras y los demás se entusiasman y empiezan a trabajar en ello, entonces es una canción que llegará al final. Eso limpia mucho el proceso.

Si fuéramos tres compositores que presentan canciones ya terminadas, entonces sí habría más momentos de “esto no encaja”. Pero nuestro proceso es tan orgánico que eso no ocurre tan claramente.

— Sobre “Tonight We Must Be Warriors”: ¿puede entenderse como una declaración política?

Ojalá sí. Esa canción nace de un lugar político. Quería darle a la izquierda política una canción estilo Manowar, porque yo crecí escuchando power metal, fantasía, reyes, guerreros… pero no puedo escribir sobre un rey si Jonas no es el rey; no quiero que haya un rey, soy antiautoritario, me gusta la democracia.

Lo mismo con las canciones de guerreros: hay miles que me encantan, pero ¿cómo las escribo yo? Si hablo de guerra y soldados, tendría que hablar del sacrificio, de la tragedia. No puedo escribir “mighty warrior”, solo “warrior, you poor fuck”.

Pero en “Tonight We Must Be Warriors” hay un “nosotros”. No es “él” o “ella”, es “nosotros”. Es un llamado a levantarse juntos, con ese rojo en el cielo, la sangre en el río… símbolos que claramente apuntan a la izquierda. Es una canción sobre encontrarse, unirse, organizarse, casi como crear un sindicato y hacer huelga por el bien común.

Ahora bien, cuando publicas un álbum renuncias a tener la única interpretación válida. Si alguien quiere escucharla antes de jugar un partido de fútbol, adelante. Pero sí, nació desde una intención política.

— Avatar siempre ha sido muy cinematográfico. Foo Fighters hicieron una película de terror completa; ¿os gustaría hacer algo así?

Ya hicimos algo parecido con Avatar Make a Killer Album, un documental con enfoque de terror. La idea surgió en la pandemia: mi esposa y yo vimos todas las películas de Paranormal Activity y pensé: “Esto es barato, podríamos hacerlo”. Si hacíamos un found footage que a la vez fuera documental real sobre el álbum, no teníamos que actuar casi nada. Y cuando actuáramos, lo haríamos en sueco, así nadie sabría lo malos que somos. Y además podríamos matarnos entre nosotros, lo cual siempre es divertido.

Jugamos con el terror ahí. Si surge una idea fresca, quizás volvamos a hacerlo. Lo gracioso es que a mitad del proceso Foo Fighters estrenaron su película y pensé: “¡Malditos Foo Fighters! ¡Nosotros también hicimos una película!”. Fue coincidencia, por supuesto, pero el timing fue curioso.

— Venís a España en febrero con Alien Weaponry. ¿Elegís vosotros los teloneros?

Tenemos la última palabra. Todo empieza con una lista de deseos: “sería genial si…”. El equipo consulta su disponibilidad, si están de gira, si pueden, si quieren, si se separaron hace 15 años… Luego también recibimos propuestas de agentes. Filtramos todo según quién es posible y quién encaja. Con Alien Weaponry había interés mutuo desde hace años, pero nunca se alineaban las agendas. Una vez consiguieron una gira con Gojira justo cuando podrían haber venido con nosotros; cosas que pasan. Pero ahora por fin se alineó.

— Tenéis fechas enormes en México. ¿Qué diferencias encuentras entre el público europeo y el latinoamericano?

Creo que la pasión es igual en todas partes, lo que cambia es la manera de expresarla. En Europa también hay diferencias: el sur es distinto al norte. Pero en Latinoamérica, culturalmente, existe una forma muy saludable de relacionarse con la oscuridad y la luz —pienso en el Día de los Muertos— que encaja muy bien con Avatar.

Además, suelen ser más expresivos, más generosos con su energía. En Latinoamérica, te dan muchísimo desde el primer minuto, incluso antes de que empieces el show. Eso facilita la conexión. También influye que no vamos tan seguido como, por ejemplo, a Alemania; la rareza de la ocasión lo hace especial para ambos lados.

Y sí, los países futboleros casi siempre tienen una cultura de cánticos e interacción que se traslada al metal.

— ¿Cuál ha sido la reacción más inesperada del público hacia un concierto de Avatar?

Una vez más, México. Sabíamos por redes sociales que había entusiasmo, pero no esperábamos tanto. Otro caso fue el Download Madrid: pensábamos que tocábamos a las dos de la tarde, pero era a las dos de la madrugada. Cruzamos toda Europa para llegar, creyendo que íbamos tarde… y resultó que estábamos 12 horas antes. Pensamos que no habría nadie, pero fue uno de los conciertos más memorables. Luego recordé que en España cenáis a las nueve si vais temprano, así que todo encajó. En Suecia, a las dos de la mañana solo hay un DJ para los que no pueden dormir.

— La gente piensa en ti como alguien imposible de intimidar. ¿Algo te sigue intimidando en directo?

La última vez fue al abrir para Iron Maiden por primera vez, en Brasil. Era nuestra primera vez en Sudamérica, y Maiden es nuestra banda de adolescencia. El primer viaje que hicimos como banda fue para verlos en Estocolmo siendo adolescentes. Así que nos convirtió en niños otra vez. Habíamos tocado en festivales grandes, pero no ante una multitud así como teloneros.

La boca estaba seca, todo parecía en cámara lenta, como un sueño. Después del primer concierto, ya estuvo todo bien, pero ese primero fue muy emocional, y ver a Iron Maiden después también lo fue.

Fuera de eso, ya es raro que me intimide algo. Me encanta que cuando llega el momento de salir al escenario ya es demasiado tarde para cambiar nada. Te subes al tren y simplemente vives el momento. Eso me hace estar bien.

— Muchas gracias, Johannes.

Gracias a ti. Nos vemos en febrero en España.