[entrevista] Monolord: «Queremos conservar la suciedad y los errores»

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Con más de una década construyendo algunos de los muros de sonido más densos y envolventes del doom contemporáneo, Monolord regresa con ‘Neverending’, un disco que expande su universo sin perder la identidad hipnótica que ha convertido al trío sueco en una referencia del género. Para esta nueva etapa la banda ha trabajado junto a la legendaria productora Sylvia Massy, una colaboración que lejos de suavizar su sonido ha servido para profundizar todavía más en la crudeza y la honestidad de sus composiciones. Hablamos con el batería Esben Willems sobre el miedo a repetirse, la evolución de la música pesada en los últimos años, la importancia de conservar la imperfección en las grabaciones y el proceso creativo detrás de ‘Neverending’. Una conversación en la que también hubo espacio para hablar de volumen, nostalgia y de por qué nunca regrabarían uno de sus discos antiguos. Por Jorge Fretes

— Estamos aquí para hablar del nuevo álbum de Monolord. Os he visto un par de veces en directo y siempre han sido conciertos increíbles.

Gracias.

— He escuchado el nuevo disco y me parece increíble. Hay algo curioso en vuestra música, normalmente se relaciona con esa idea de “hipnosis del riff” ¿no? Incluso el propio nombre, Monolord, transmite eso. Teniendo eso en cuenta, cuando escribís un nuevo álbum (especialmente uno como Neverending) ¿tenéis miedo de repetiros? Porque vuestra música también juega mucho con la repetición de riffs.

Sí, nuestra música es muy repetitiva, absolutamente. Y sí, siempre existe ese miedo. Creo que cualquiera que cree algo tiene miedo de repetirse, da igual el tipo de música que haga, los libros que escriba o cualquier cosa que cree. Al menos a mí me pasa. No me preocupa repetir algo que realmente disfruto, si soy sincero, pero sí me preocupa repetirme por pereza. Y creo que eso nos pasa a todos.

Porque cualquiera podría pensar: “Ah, esta es nuestra fórmula, hagamos otro disco siguiendo exactamente esa fórmula”. Pero eso es deshonesto, aburrido y perezoso. Y se nota. Así que sí… esa fue una respuesta muy larga para decir “sí”.

— Creo que esta vez probablemente trabajar con Sylvia Massy os hizo salir un poco de vuestra zona de confort ¿Ella os desafió de alguna manera?

Sí, aunque no de la manera que yo esperaba. El mayor desafío, al menos para mí —y digo “para mí” porque si preguntas a cualquiera de los tres miembros de la banda obtendrás respuestas diferentes sobre cualquier tema—, fue simplemente trabajar con alguien externo a la banda.

Monolord existe justo en el punto donde nuestras diferencias se cruzan un poco. Somos personas muy distintas, con perspectivas muy diferentes sobre todo, y eso es genial. Esa fricción es Monolord. Pero para mí, trabajar con Sylvia y dejar entrar a alguien en nuestro círculo interno fue el gran reto. Siempre hemos sido muy cabezotas, como viejos gruñones que solo quieren hacer las cosas a su manera: “No nos toquéis, dejadnos hacer nuestra música como queremos”.

Invitar a alguien a ese espacio fue difícil porque nunca lo habíamos hecho así. Siempre habíamos trabajado con esa idea de: “Dejadnos solos y ya aparecerá un disco”. Pero cuando empezamos realmente a trabajar con ella —después de que aceptara colaborar con nosotros, algo que jamás pensamos que ocurriría—, todo fue sorprendentemente fluido.

Y eso es una de las cosas increíbles que tiene Sylvia: desde el primer día consiguió que nos sintiéramos cómodos. Cuando llegamos al estudio, nunca me había sentido tan relajado grabando. Era como: “Qué acogedor es esto. Tengo mi café, tengo mi batería… esto es increíble”.

Y eso no es habitual en un estudio. Normalmente hay mucha tensión porque tienes que rendir, todo tiene que quedar perfecto para miles de escuchas… está esa famosa “fiebre de la luz roja”, cuando se enciende la grabación y te bloqueas. Con ella apenas sentí eso. Así que fue una experiencia con dos caras: fue difícil dejar entrar a alguien, pero al final fue la elección perfecta.

— Las agencias de prensa y los sellos suelen decir muchas cosas grandilocuentes cuando una banda publica un disco. Pero algo que me llamó la atención de las notas de prensa de ‘Neverending’ es que hablaban del álbum como una especie de culminación, como si hubieseis estado construyendo algo durante años y esto fuera el resultado final ¿Hubo momentos durante el proceso en los que os sintierais bloqueados creativamente?

Sí… aunque no en el estudio. Nosotros solemos llegar al estudio con el disco completamente terminado. Todo está escrito, preparado y preproducido. Ensayamos muchísimo antes de grabar. Así que en el estudio no sentí que ninguno de nosotros estuviera bloqueado.

Pero es una buena pregunta. El proceso creativo siempre es raro. Da igual cuánta estructura intentes ponerle: al final siempre es caos. Es como un accidente de tren y, de repente, aparece una canción. Y piensas: “¿Cómo ha pasado esto?”.

Con un disco ocurre igual. Sí, durante el camino hay momentos en los que te bloqueas, pero no creo que sea por expectativas externas. A veces simplemente formas parte del proceso. Hay días en los que piensas: “Tengo que crear algo hoy” y estás vacío, no tienes nada que dar. Y otros días ocurre exactamente lo contrario. Y no puedes explicar por qué. Simplemente pasa.

— Vuestra música es muy pesada. Os he visto en directo y especialmente ahí se siente como un muro de sonido enorme, y eso también se percibe en los discos pero la música pesada ha cambiado muchísimo en los últimos diez o doce años. ¿Crees que el concepto de “heavy” sigue siendo el mismo que en 2013 por ejemplo?

Creo que siempre está cambiando. Lo que yo he notado es que el metal se ha vuelto algo hiper pulido, hiper editado. Baterías alineadas perfectamente al grid, sonidos reemplazados, guitarras con simuladores… todo súper perfecto.

Y para mí eso le quita parte de la pesadez y de la agresividad al género. Lo que he percibido en los últimos años es que mucha gente empieza a cansarse de esa perfección. Quieren suciedad, aspereza, algo más orgánico.

Siento que estamos volviendo a algo más vivo, menos perfecto. Mantener los errores en la grabación. Si una voz está un poco desafinada pero la toma tiene emoción, dejarla así en lugar de corregirla con Auto-Tune.

Recuerdo que al principio mucha gente se sorprendía porque nosotros no grabábamos con claqueta, algo que casi todo el mundo hace. Y no tiene nada de malo. Pero se convirtió casi en “la banda que no usa claqueta”. Para nosotros simplemente tenía sentido porque queríamos grabar como sonábamos en nuestro pequeño local de ensayo.

También hemos evolucionado. En este disco sí grabamos con claqueta porque las canciones lo pedían, pero aun así buscamos conservar esa vibra humana. Muchas de las conversaciones con Sylvia giraban alrededor de mantener la suciedad, lo áspero, lo imperfecto. Pulir lo necesario, sí, pero sin perder la crudeza.

Y creo que eso está volviendo. Cuando regresa esa producción más orgánica, la música pesada se vuelve todavía más pesada.

— Durante la creación de Neverending ¿Hubo momentos en los que descartasteis ideas porque pensasteis “esto suena demasiado a Monolord”?

No solemos hablar en esos términos. De hecho, normalmente la conversación es más bien: “¿Esto suena a Monolord?”. Y queremos que suene así.

Pero no como una fórmula. Para nosotros, Monolord es algo muy amplio. Queremos mantenerlo abierto para no quedarnos atrapados en Empress Rising y repetir eternamente el disco que publicamos hace trece años.

Queremos que siga sonando a nosotros, a la banda que somos en cada momento. Evidentemente, si aparece un riff que simplemente parece una copia rehecha de algo antiguo, lo descartamos porque no queremos repetirnos. Pero nuestras discusiones no suelen ir por ahí.

Más bien es: “¿Esto se siente bien o no?”. Y a partir de ahí seguimos trabajando. Normalmente son dos “sí” y un “no”, y seguimos hasta que los tres estamos convencidos.

— La sensación que tengo escuchando ‘Neverending’ es que quizás las influencias vienen más del rock clásico. Canciones como “Iodine” me hacen pensar que estabais escuchando mucho rock clásico mientras escribíais el disco. Y siento que el metal moderno muchas veces intenta evitar esa herencia ¿Es importante para vosotros?

Entiendo perfectamente lo que quieres decir. Pero, como decía antes, los tres tenemos gustos musicales muy distintos y eso me encanta.

No tenemos una dinámica de “vamos a escuchar este tipo de música para inspirarnos en este disco”. Cada uno escucha cosas muy diferentes. Thomas escribió las canciones y luego las terminamos juntos, pero no hubo una influencia consciente del tipo: “Hemos estado escuchando mucho Creedence Clearwater Revival y por eso el disco suena así”.

Quizás si se lo preguntas a él te dirá otra cosa, no lo sé. Pero no creo que ninguno de nosotros se obsesione con una sola influencia y deje que eso dicte el álbum.

Ahora bien, si tú escuchas ese tipo de influencias y te gusta, me parece genial. Así es como debería funcionar la música: cada oyente debería vivir una experiencia distinta.

— El álbum termina con una canción junto a Jörgen Sandström de Vader y Entombed ¿Fue complicado colaborar con alguien externo a la banda?

No, fue absurdamente fácil. No sé por qué, pero todo salió de manera muy natural. Él es increíble, un tipo maravilloso.

Le dijimos que teníamos una canción para la que queríamos un vocalista invitado porque Thomas no se sentía cómodo cantando en ese estilo. Y él respondió enseguida: “Sí, claro, parece divertido”.

Unas semanas después nos envió las voces y me puse a reír mientras las escuchaba porque eran impresionantes. Los tres pensamos: “Esto es una locura de bueno”.

Cuando llegamos al estudio, Sylvia ya había escuchado las pistas y estaba obsesionada con ellas. No podía dejar de escucharlas. Él grabó las voces en Suecia mientras nosotros estábamos en Estados Unidos y simplemente nos las envió.

Fue ridículamente sencillo y quedó increíble. Me encantan sus voces en esa canción.

— ¿Hay algo en este nuevo álbum que vuestro yo más joven no entendería? Piensa en ti con 15 o 20 años ¿Crees que habría algo en ‘Neverending’ que rechazaría?

Esa es una pregunta muy interesante… tengo que pensarla.

Quizás sí. Era muchísimo más terco entonces que ahora. Tal vez habría reaccionado con un “no, eso no es el tipo correcto de lo que sea” y lo habría descartado automáticamente.

Pero creo que me gustaría el disco. Y creo que me gustaría especialmente la pesadez. Siempre me ha encantado eso: música pesada simplemente por el placer de ser pesada.

La primera banda seria que tuve iba un poco en esa dirección. Muy influenciada por The Sisters of Mercy, aunque acercándose más a lo que luego sería Monolord: guitarras graves, lentitud, peso…

Pero esta pregunta se me va a quedar rondando durante bastante tiempo. No tengo una respuesta perfecta, pero es muy buena.

— Como decíamos antes, vuestros conciertos son muy ruidosos. Y creo que vuestra música necesita experimentarse así. Igual que pasa con Motörhead o Swans, hay bandas que necesitas sentir físicamente. Pero hay países y salas con limitaciones de volumen ¿Crees que eso mata parte de la experiencia?

Sí, totalmente. Tenemos ese problema en Suecia. Las leyes sobre decibelios allí son extremadamente estrictas y prácticamente no puedes tocar fuerte.

Los buenos técnicos de sonido consiguen hacer que parezca potente igualmente, pero nunca llegas del todo a esa sensación. Y no creo que tenga que ser fuerte simplemente por ser fuerte, ni que tenga que doler físicamente. Ese no es el objetivo.

Pero sí quiero sentir el golpe del bombo y el retumbar del bajo cuando veo una banda de este tipo. Totalmente. Y sí, creo que limitar demasiado el volumen mata parte de la experiencia.

Por eso para una banda sueca como nosotros es liberador tocar en países donde no tenemos que preocuparnos por eso. Ir a Estados Unidos es increíble. Allí te dicen: “¿Leyes de decibelios? ¿Qué es eso?”.

— Para terminar: ya tenéis bastantes canciones y supongo que de vez en cuando revisáis vuestro material antiguo. ¿Alguna vez has sentido ganas de reescribir alguna canción?

Personalmente, no. Sí he pensado alguna vez: “Ojalá hubiéramos hecho esto de otra manera” o “ese detalle podría haber sido diferente”. Pero nunca he querido volver atrás.

De hecho, nunca he entendido la idea de regrabar discos antiguos. Incluso las partes que hoy quizá no me gustan tanto siguen formando parte de quiénes éramos en ese momento.

Hay canciones o fragmentos que ya no me encajan porque ahora soy otra persona, escucho las cosas de otra manera y he cambiado. Y eso es normal. Todos evolucionamos.

Pero no querría cambiar esos discos porque son documentos de un momento concreto de nuestra vida. Son una fotografía de dónde estábamos entonces. Regrabarlos borraría todo eso y no quiero hacerlo.

Claro que nadie mira todo lo que ha creado y piensa que era perfecto. Pero las imperfecciones también forman parte del viaje. Y precisamente por eso no quiero rehacerlas.

— También forman parte de una época de vuestra vida.

Exactamente. Sí, totalmente.

— Muchas gracias por tu tiempo y por la entrevista. Espero volver a veros pronto tocando en España.

Muchas gracias a ti. Ojalá volvamos pronto.

‘Neverending’ se publica el 29 de mayo a través de Relapse Records