El nuevo disco ‘Good God / Baad Man’ salió el 3 de abril de 2026, es el primer álbum de estudio de C.O.C. en ocho años y reúne 14 canciones en algo más de una hora. La propia banda ha explicado que el concepto de disco doble estaba presente prácticamente desde el principio, ya que querían abarcar las distintas caras que ha tenido Corrosion Of Conformity a lo largo de su trayectoria. Pudimos charlar con Pepper Keenan y Woody Weatherman antes de su actuación en el Brutal Assault y ahora traemos el resumen. Por José Carlos de Marte.
Corrosion Of Conformity parecen haber utilizado sus 40 años de trayectoria para demostrar que una carrera larga no tiene por qué convertirse en una fórmula. Desde aquellos primeros años en Raleigh, cuando eran poco más que una pandilla de chavales metidos hasta el cuello en el hardcore, hasta el sludge, el doom, el metal sureño y todo lo que fueron incorporando después, C.O.C. nunca han tenido demasiados problemas para cambiar de dirección cuando les ha apetecido.
En 2026 regresan con ‘Good God / Baad Man’, su primer trabajo de estudio desde ‘No Cross No Crown’ (2018), y lo hacen con una apuesta que difícilmente podría ser más explícita ya que se plantan con un álbum doble de catorce canciones que supera la hora de duración y que funciona casi como un recorrido por las distintas vidas de la banda. Hay riffs aplastantes, ecos de su etapa más punk, rock sureño, psicodelia, momentos más atmosféricos y canciones que recuperan ese pulso que convirtió a Corrosion Of Conformity en una de las bandas fundamentales del metal norteamericano de los noventa.
Pero ‘Good God / Baad Man’ también llega después de años complicados. La muerte de Reed Mullin en 2020 y la posterior salida de Mike Dean obligaron a la banda a recomponer sus piezas. Pepper Keenan y Woody Weatherman se dedicaron durante mucho tiempo a escribir y tocar juntos, mientras que la incorporación de músicos como Stanton Moore y Bobby Landgraf terminó dando forma a la nueva etapa. El resultado no parece tanto un intento de recuperar un pasado concreto como la continuación natural de una banda que ha aprendido a convivir con todos sus pasados.
Nos encontramos con Corrosion Of Conformity en el Brutal Assault, en plena gira de presentación del disco y después de haber pasado recientemente por España. Hablamos de la recepción del nuevo álbum, de la peculiar amplitud de su sonido, de la necesidad —o no— de mirar atrás después de más de cuatro décadas de carrera y de lo que significa seguir girando cuando buena parte de las bandas con las que compartieron escenario hace treinta años ya forman parte de la historia. También hubo tiempo para hablar de Europa, de los festivales, y cómo no, de Málaga.
La conversación no fue tanto una retrospectiva como una fotografía de C.O.C. en este momento concreto, el de una banda veterana que sigue teniendo claro que lo peor que podría hacer a estas alturas sería intentar parecerse a sí misma. Lo primero que llama la atención cuando se habla con Corrosion Of Conformity en 2026 es que ‘Good God / Baad Man’ no parece concebido como una simple continuación de ‘No Cross No Crown’. La sensación que transmiten es otra: después de tantos años tocando juntos, han llegado a un punto en el que pueden permitirse abrir todas las puertas de la casa al mismo tiempo.
La reacción al disco les está dando motivos para estar satisfechos.
“Estamos contentos con el disco. Por supuesto. Todo ha ido de maravilla”
Y no hay demasiado tiempo para teorizar sobre ello porque la realidad ha sido bastante más sencilla: desde que salió, han estado prácticamente permanentemente de gira.
“No nos hemos detenido. No nos hemos ido a casa”.
Tiene cierta lógica que un disco tan grande haya terminado provocando una gira igualmente extensa. ‘Good God / Baad Man’ no es solamente largo por una cuestión de minutaje. La idea era aprovechar el formato doble para dejar convivir dentro del mismo trabajo las diferentes personalidades que Corrosion Of Conformity ha ido acumulando desde los primeros años ochenta. En entrevistas realizadas durante este año Pepper Keenan y Woody Weatherman han explicado que la división en dos partes estaba incluso planteada antes de que todas las canciones estuvieran terminadas. Había material suficiente y sobre todo había ganas de explorar diferentes caminos sin obligar a todo a encajar en el mismo molde.
En nuestra conversación lo resumen de una manera bastante más directa:
“Simplemente nos volvimos locos”.
Escucharon de todo, tocaron de todo y fueron dejando que las canciones encontraran su sitio. La amplitud del resultado no fue accidental.
“Hay muchos estilos diferentes en el disco. Y, en cierto modo, fue algo premeditado. Lo hicimos de forma un tanto intencionada”.
Después llega una frase que probablemente sea una de las mejores maneras de entender la filosofía de C.O.C.:
“Sí, todo es ritmo”.
Y quizá ahí esté una de las claves, porque escuchar ‘Good God / Baad Man’ es encontrarse con una banda que no parece especialmente preocupada por demostrar que todavía puede sonar como en 1991, 1994 o 1996. Puede recuperar una energía cercana al punk de sus comienzos en “Gimme Some Moore”, hundirse en riffs de raíz Sabbath en “You Or Me”, pasearse por el rock sureño o abrir espacios mucho más atmosféricos en la segunda mitad del álbum. La propia descripción del disco publicada con motivo de su lanzamiento habla de una obra que recorre prácticamente toda la amplitud estilística de C.O.C.
Eso explica también la peculiar estructura de ‘Good God / Baad Man’. No parece tanto un disco partido artificialmente en dos como dos caras que se necesitan mutuamente. La propia idea del título juega con conceptos enfrentados —bueno y malo, arriba y abajo, tú o yo— y permite que las canciones tengan una personalidad diferente dependiendo del lado en el que aparezcan. Keenan explicaba en otra conversación que la división les daba precisamente libertad para colocar cada tema donde tenía sentido.
El momento actual de la banda no puede separarse de las ausencias que han marcado los últimos años. Reed Mullin, uno de los miembros fundamentales de la historia de Corrosion Of Conformity, murió en 2020. Su figura sobrevuela inevitablemente un disco que ha tardado ocho años en llegar desde ‘No Cross No Crown’, aunque la banda no parece querer convertirlo en un monumento funerario. «Forever Amplified», el tema que cierra el álbum, sí funciona como homenaje a Mullin y a otros amigos fallecidos pero el espíritu general del trabajo es más de continuidad que de despedida.
La nueva formación también ha obligado a encontrar un equilibrio distinto. Stanton Moore, que ya había trabajado con C.O.C. en ‘In the Arms of God’, participó en la grabación del nuevo material, mientras Bobby Landgraf asumió el bajo. Para la gira de 2026 Nick Shabatura se incorporó como batería en directo. No parece que la banda esté planteándose esta etapa desde la necesidad de reemplazar mecánicamente a quienes ya no están, más bien han buscado músicos que puedan entender el lenguaje de C.O.C. y al mismo tiempo aportar algo propio.
Después de tantos cambios quizá sea precisamente esa capacidad de adaptación lo que mantiene viva a la banda. Cuatro décadas después de sus primeros conciertos siguen siendo capaces de entrar en un estudio sin saber exactamente qué forma va a tener el resultado final. Y cuando se les pregunta por el secreto para construir una carrera como la suya, la respuesta tampoco contiene ninguna fórmula mágica porque es más bien una cuestión de actitud.
«Es difícil. Difícil. Creo que ahora es más difícil que antes. Incluso mucho más de lo que solía ser, porque hay muchísimas bandas»
Después llega el consejo que parece resumir mejor que cualquier discurso lo que ha sido la trayectoria de Corrosion Of Conformity:
“Sé original y haz algo propio. No intentes perseguir lo que están haciendo los demás. Haz lo que tengas que hacer, haz lo tuyo, y déjate de tonterías. Sé auténtico”.
Resulta curioso que una banda que ha atravesado tantos cambios musicales siga defendiendo algo tan sencillo, pero precisamente ahí está la diferencia entre evolucionar y perseguir tendencias. C.O.C. nunca han tenido un único sonido que proteger, han tenido una manera de hacer las cosas. El estilo ha cambiado pero la actitud bastante menos.
La prueba está en la propia historia del grupo. De ‘Eye for an Eye’ y ‘Animosity’ al giro de ‘Blind’, de ahí al sonido más pesado de ‘Deliverance’ y ‘Wiseblood’, pasando por ‘America’s Volume Dealer’, ‘In the Arms of God’ y la reunión con Pepper Keenan que terminó desembocando en ‘No Cross No Crown’. La discografía oficial de la banda dibuja cuatro décadas de transformaciones sin una línea recta demasiado evidente.
Y quizá sea por eso que ‘Good God / Baad Man’ funciona mejor entendido como un compendio que como una nueva dirección. Hay un poco de todas esas épocas, pero no como si estuvieran intentando recrearlas una detrás de otra. Son recuerdos que aparecen de manera natural porque forman parte del mismo grupo. En directo todo esto plantea un problema bastante más práctico ¿Cómo demonios se resume semejante carrera en un repertorio de festival?
La respuesta que nos dieron fue bastante clara: necesitan tiempo.
Con tantos discos, tantos cambios estilísticos y un nuevo álbum doble del que sacar canciones, elaborar un repertorio de C.O.C. se ha convertido casi en un problema logístico. Y eso explica también por qué tienen ganas de volver a Europa para una gira más extensa, no limitada al circuito de festivales. La banda ya ha hablado durante este año de la posibilidad de regresar para una gira europea completa, acompañada por grupos amigos, después de mucho tiempo sin hacer un recorrido de ese tipo.
Los festivales tienen otra ventaja. Son lugares donde las bandas terminan coincidiendo con gente que conocen desde hace décadas y con músicos a los que quizá no han visto en mucho tiempo. Pero también permiten algo que las giras convencionales no siempre ofrecen, y eso es encontrarse con personas de lugares muy distintos, hablar con seguidores y descubrir de dónde viene la gente que está al otro lado del escenario.
En medio de esa conversación aparece Málaga.
Cuando les contamos que venimos del sur de España, la respuesta no tarda demasiado en desviarse hacia la playa.
“Málaga. ¿Está cerca de la playa?”
Sí, bastante. Mar, costa, buena comida. El único problema es que, pese a ser un lugar estupendo para vivir, no suele aparecer en las rutas habituales de las grandes giras porque queda lejos de Madrid y Barcelona.
La reacción es inmediata:
“No me lo pienso dos veces, cojo las maletas y me voy allí. Me haces de guía”.
Es una pequeña conversación al margen de los riffs, los discos y los cuarenta años de carrera, pero probablemente sea también una de las mejores formas de cerrar una entrevista con Corrosion Of Conformity. Porque después de todo lo que ha ocurrido desde 1982, de todas las formaciones, discos, pérdidas, escenarios y cambios de sonido, todavía queda espacio para hablar de una playa que no conocen y pensar en hacer las maletas.
Quizá la longevidad de C.O.C. tenga menos que ver con encontrar una fórmula que con no dejar de tener curiosidad. Mientras sigan queriendo tocar, viajar, escuchar discos, juntarse con amigos y ver hasta dónde puede llegar una idea, parece que todavía queda Corrosion Of Conformity para rato.



