[entrevista] SOEN: «No creemos en la masculinidad tóxica ni en el metal como exhibición»

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Por Alex Barroso

Nos encontramos con Joel Ekelöf y Lars Enok Åhlund, voz y teclista de SOEN, en un hotel de Barcelona con motivo de la presentación de su nuevo álbum ‘Reliance’ y su próxima participación en el festival Be Prog! My Friend. Antes de su actuación en el Hard Rock Café charlamos con ellos en un ambiente relajado y cercano para adentrarnos en la parte más emocional de la banda: su manera de entender la vulnerabilidad, la honestidad emocional, el equilibrio entre potencia y sensibilidad, y el recorrido vital y musical que los ha llevado hasta este nuevo trabajo. Una conversación profunda, sincera y también llena de humor, en la que SOEN demuestra que la intensidad no está reñida con la humanidad.

— Muchísimas gracias por estar aquí hoy y por encontrar un hueco para compartir este rato conmigo y con Goetia, antes de vuestro concierto en el Hard Rock Café. Para esta entrevista queríamos centrarnos en vuestra parte más interna, más emocional como banda. Todo ello, por supuesto, relacionado con vuestro último disco, pero también con vuestro pasado y con el futuro de SOEN. Para empezar, Martin mencionó en su momento la idea de caer de la autoprotección al aislamiento en la canción Discordia.
¿Creéis que el aislamiento puede ser a veces más honesto que una conexión forzada? Cuando la conexión con alguien es forzada ¿Aislarse puede ser más honesto en algunos casos?

No, no estoy de acuerdo. Has dicho “conexión forzada”, pero creo que el aislamiento es la salida fácil. Y de eso trata «Discordia». Te blindas frente al mundo, solo dependes de ti mismo, no dependes de los demás. Pero creo que eso es elegir el camino fácil. Es más valiente depender de otras personas.

— Estoy de acuerdo. Y también ser vulnerable.

Quizá a veces tener un poco de tiempo para uno mismo ayuda a luego estar con los demás. No tanto aislamiento, sino tener tiempo para ti, para pensar, para estar contigo mismo. Solo contigo. Quizá encontrar un equilibrio entre estar en un lugar donde no estás bien y aislarte completamente. Encontrar ese punto medio.

— ¿Te refieres a algo como irte al bosque y pasar un rato a solas?

— Sí, tener tiempo para ti, hacer las cosas que te gustan sin ver a nadie. Eso, por supuesto, es importante. Pero eso no es realmente aislamiento. Eso es más bien… sentirte cómodo contigo mismo. Es una etapa importante, cuando te encuentras a ti mismo y estás a gusto con tu propia presencia. Estar solo contigo mismo es importante. Es difícil, pero se vuelve más fácil con la edad. A partir de cierta edad solo quieres estar contigo mismo todo el tiempo.

— Como un viejo gruñón.

— Exacto. Pero no quieres aislarte. Aún quieres estar ahí. Supongo que se trata de recargar y luego salir otra vez. Eso es lo que pasa, ¿no? Te sientes muy cómodo contigo mismo y, después de un tiempo, empiezas a aislarte porque eliges la vía fácil. Y entonces te conviertes en un viejo gruñón de mierda. Quizá la clave es no dejar que eso ocurra. Hay distintas etapas en la vida y distintos desafíos. Cuando eres joven, el reto puede ser aprender a estar contigo mismo. Yo lo tuve, sin duda. Me llevó muchos años relajarme en mi propia compañía.

— En el panorama actual, muchas bandas progresivas persiguen la complejidad, pero SOEN parece perseguir más la gravedad emocional. ¿Cómo reconocéis cuándo una canción ya tiene suficiente peso sin añadir más notas o más complejidad?

Desde que estoy en la banda, el objetivo siempre ha sido encontrar una buena canción que signifique algo, que tenga peso emocional. Si añades un riff complejo, tiene que estar ahí para potenciar la canción y darle más sentido, no para demostrar que podemos tocar cosas raras. Eso nunca nos ha interesado. La canción va primero. Si la canción necesita un 4/4 sencillo con un riff simple, eso es lo que hacemos.

Así es como pensamos la música. No somos una banda de lucimiento. Todos somos músicos muy capacitados, pero no intentamos competir con Dream Theater. No vamos por ahí.

— Es interesante, porque tenéis la técnica, pero buscáis otras cosas más allá del virtuosismo. Es lo que más me gusta de vosotros como banda. Por cierto, las tres primeras canciones del álbum, Primal, Mercenary y Discordia, casi parecen tres estados emocionales distintos de un mismo conflicto. ¿Fueron concebidas como un tríptico?

«Primal» y «Mercenary» son más una reflexión sobre la sociedad, mientras que «Discordia» mira más hacia el mundo interior. «Primal» comenta cómo hoy en día nos aislamos a través de los teléfonos. Es algo que nos molesta a todos, empiezas a hacer scroll y de repente te das cuenta de que llevas dos horas. Piensas: “¿Qué coño estoy haciendo?”.

«Mercenary» tiene que ver con los líderes que elegimos hoy en día. Es una locura. ¿Por qué lo hacemos? ¿Somos demasiado vagos para elegir líderes que sean buenos para nosotros? ¿Es más fácil escoger a alguien que dice tener todas las respuestas? El típico “hombre fuerte” que llega y dice: “Yo lo soluciono todo, vosotros seguid con lo vuestro”.

— ¿Y la tercera canción tiene más que ver con el yo interior?

— Sí, conecta con lo que hablábamos antes. Aislarte porque crees que así serás más fuerte, cuando en realidad es el camino fácil. Lo que deberías hacer es mostrar vulnerabilidad y aceptar que puedes depender de otros. Eso es la verdadera fortaleza. Es como la fuerza que elegimos como individuos y como sociedad.

Mira toda la basura que tipos como Andrew Tate dicen. Que una “mujer de alto valor” debería hacer esto o aquello, que tienes que ser fuerte y autosuficiente. Es mierda. Pura toxicidad. Todo está relacionado: quién quieres ser, lo que recibes del exterior, y qué haces con ello como persona. Las dos primeras canciones y la tercera están conectadas. Hablan de cosas distintas, pero son parte del mismo tema.

— Joel, tu forma de cantar a menudo suena contenida, incluso en los momentos más potentes. ¿Es una decisión artística para que las explosiones emocionales impacten más?

Totalmente. Todo gira en torno a la dinámica, a la tensión y la liberación. Trabajo mucho eso con la voz. Mantenerla dinámica, explorar distintas emociones. A veces fuerzo la voz para que suene más desesperada, no necesariamente perfecta a nivel técnico, sino interesante. Para provocar emoción.

— Creo que eso pasa también con los instrumentos.

Exacto. Voz e instrumentos hacen lo mismo: se contienen para golpear más fuerte cuando llega el momento. Es Yin y Yang. Tensión y liberación. Sal y pimienta.

— La producción de vuestros discos y directos es masiva, pero a la vez muy íntima. ¿Qué papel jugó Fascination Street Studios en esa dualidad?

— Esa idea siempre ha estado ahí. No es algo que surgiera de repente en Fascination Street. Pero trabajar con Alex es especial. Nos entiende, habla nuestro mismo idioma musical y nos empuja a ir más lejos. Es muy musical, fácil de trabajar. Trae energía joven e ideas nuevas. Ha sido clave en los dos últimos discos, ayudándonos a llevar los contrastes más lejos: lo suave más suave, lo duro más duro.

— ¿Creéis que el oyente moderno tiene más miedo a la honestidad emocional que a la dureza?

No sé cómo funciona el oyente moderno, pero la gente que viene a nuestros conciertos claramente conecta. Ver a un metalero duro, con pinta de tipo rudo, haciendo headbanging y llorando al mismo tiempo es algo bastante habitual para nosotros. Y es precioso. Es increíble. Es unir dos mundos, gente que viene buscando emoción también disfruta de la parte más pesada.

Al principio de la banda pasaba mucho: alguien nos decía “solo escucho pop, pero también os escucho a vosotros”, y otro decía “solo escucho black metal, pero también os escucho a vosotros”. Queremos mostrar que puedes ser un hombre, incluso un estereotipo de hombre, y aun así mostrar sentimientos. No creemos en esa mierda del macho alfa. Ver a un tipo duro llorando con una canción como «The Words» es algo muy poderoso. Requiere valentía.

— Muchos fans describen vuestra música como reconfortante, a pesar de su oscuridad. ¿Cómo vivís esa paradoja?

Intentamos proyectar luz y positividad dentro de temas oscuros y melancólicos. No es “todo se va al infierno”, sino “se va al infierno, pero podemos hacer algo al respecto”. Y nosotros no somos personas sombrías. En la furgoneta nos reímos mucho. El contraste entre pogos, headbanging, lágrimas y energía positiva es muy poderoso. Para mí la melancolía siempre ha sido reconfortante. A no ser que estés deprimido. Entonces no escuches esto. Consejo para los niños: no estéis deprimidos.

Exacto, si lo estáis, no nos escuchéis.

— Cambiando de tema: cuando componéis, ¿partís de la cabeza, del estómago o del corazón?

Del estómago. Emociones primero. Buscamos lo que nos provoca algo, lo que nos pone la piel de gallina. No lo que “debería” ser bueno. Eso te puede llevar por mal camino. Para eso está el foro “Lars Freejazz Excursion nº13H”. Tiene dos títulos del Conservatorio y escribe música de mierda.

Tú cantas ópera de mierda también.

Mis hijos me lo dicen todo el tiempo. El próximo disco será jazz libre con ópera. Canciones de 25 minutos. Saxofón, ópera, contrabajo y percusión latina. Va a ser enorme.

— Después de siete discos, ¿qué queda por explorar?

No se planea tanto. Es más accidental. Martin recuperó su guitarra de siete cuerdas y empezó a riffear. Así nacen las ideas. ‘Reliance’ está lleno de eso: afinaciones más graves, siete cuerdas… no fue algo súper intelectual. En el estudio pasan estas cosas. En Fascination Street no hay nada más que hacer que grabar música.

— ¿Os preocupa la primera impresión del público o confiáis más en la conexión a largo plazo?

El largo plazo es mucho más importante. A veces no conectas con un disco a la primera, y luego se convierte en uno de tus favoritos. No hacemos música para resolver un puzle, sino para sentirla.

— ¿Girar con discos anteriores ha influido en cómo escribís ahora pensando en el directo?

Totalmente. «Mercenary» nació ya con esa sensación de “esto va a sonar increíble en vivo”.

— Para terminar, mirando al futuro, ¿qué necesita aprender o desaprender SOEN para seguir evolucionando?

Mucho. Pero si lo pensamos demasiado, perdemos algo esencial. Hay que mantener el núcleo intacto.