Por Aizeder Maguregui
Pocas citas pueden presumir de una personalidad tan definida dentro del circuito europeo como el Azkena Rock Festival. Celebrado en el recinto de Mendizabala en Vitoria-Gasteiz, el festival vasco volvió a convertirse este junio en punto de encuentro para miles de aficionados llegados desde todos los rincones de la península y buena parte del continente. Con una trayectoria que se acerca ya al cuarto de siglo de historia y una asistencia que ronda habitualmente los 50.000 espectadores durante sus tres jornadas, el Azkena mantiene intacta una filosofía que lo diferencia de cualquier otro gran evento. Siguen apostando por el rock en todas sus vertientes, desde las leyendas consagradas hasta las propuestas más underground y sorprendentes del momento.
PUEDES VER TODAS LAS FOTOS EN ESTE ENLACE.
La edición de 2026 volvió a reflejar esa identidad con un cartel tan ecléctico como atractivo, combinando nombres históricos como Alice Cooper, Social Distortion o The Hives con reuniones muy esperadas, artistas de culto y nuevas propuestas llegadas desde distintos rincones del mundo.
La jornada del viernes 19 de junio estuvo además marcada por unas condiciones meteorológicas tan cambiantes como imprevisibles. Las elevadas temperaturas registradas durante buena parte de la tarde dieron paso a momentos de inestabilidad que obligaron a los asistentes a alternar la protección solar con la mirada puesta en el cielo, añadiendo un elemento extra de incertidumbre a una programación ya de por sí intensa. Sin embargo, ni el calor ni las amenazas de lluvia consiguieron empañar una segunda jornada que acabó dejando algunos de los momentos más memorables de toda la edición.
La gran atracción del día fue, sin discusión posible, Alice Cooper. El padrino del shock rock volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los grandes iconos de la historia del género. Su actuación fue una vez más mucho más que un concierto, fue una producción teatral en toda regla donde el hard rock clásico se mezcló con guillotinas, cambios de vestuario, personajes siniestros y toda la imaginería macabra que ha convertido sus directos en una experiencia única. Acompañado por una banda impecable y respaldado por un repertorio repleto de clásicos inmortales, Cooper ofreció uno de esos espectáculos que trascienden la música para convertirse en puro entretenimiento.
Mucho antes de que cayera la noche, los suecos Hällas conquistaron a los amantes del rock progresivo con una actuación tan elegante como hipnótica. Su mezcla de hard rock setentero, progresivo y fantasía épica encontró un escenario perfecto en el Azkena, desplegando atmósferas envolventes y largas construcciones instrumentales que transportaron al público a otra época. Una de esas actuaciones que crecen con cada canción y que confirman por qué son una de las bandas más interesantes surgidas en Europa durante la última década.
En Trashville, uno de los espacios con más personalidad del festival, los británicos Henge volvieron a demostrar que son inclasificables. Su propuesta, a medio camino entre el rock espacial, la electrónica y el espectáculo de ciencia ficción, convirtió su actuación en una experiencia tan divertida como surrealista. Vestidos como visitantes llegados de otro planeta y acompañados por un despliegue visual tan extravagante como fascinante, lograron captar la atención tanto de seguidores fieles como de curiosos que se acercaban por primera vez a descubrir su particular universo.
También brillaron con fuerza los canadienses The Damn Truth, que desplegaron una descarga de rock clásico repleto de energía, actitud y grandes melodías. Con un sonido heredero de la mejor tradición setentera pero perfectamente adaptado a nuestros tiempos, la banda liderada por Lee-la Baum ofreció uno de esos conciertos directos, honestos y efectivos que encajan a la perfección con el espíritu del Azkena. Su capacidad para conectar con el público desde el primer minuto convirtió su actuación en una de las sorpresas más agradables de la jornada.
Por su parte Black Maracas aportaron una dosis de frescura y desenfado a la programación del viernes. El dúo vasco mezcló garage rock, psicodelia y ritmos contagiosos en un set tan dinámico como divertido, demostrando que el talento local sigue teniendo un espacio privilegiado dentro de un festival que nunca ha renunciado a sus raíces. Su actuación sirvió además para recordar que el Azkena no solo vive de los grandes nombres internacionales, sino también de esas bandas capaces de conquistar al público a base de personalidad y autenticidad.
El Azkena sigue siendo un festival donde el rock es el idioma común, independientemente de la década, el estilo o la procedencia de quienes se suben al escenario.































