Fotos: Julián Corro
La última jornada del Hellfest Open Air 2026 quedará grabada en la memoria colectiva por motivos que fueron mucho más allá de la música. El domingo 21 de junio Clisson amaneció bajo una alerta roja por altas temperaturas que obligó a la organización y a las autoridades francesas a adoptar medidas excepcionales durante toda la jornada. El calor sofocante marcó el ritmo de un día en el que la hidratación sustituyó a la cerveza como principal compañera de los asistentes, mientras las restricciones al consumo de alcohol y los continuos avisos de seguridad recordaban que la prioridad era resistir una de las jornadas más extremas que se recuerdan en la historia reciente del festival.
PUEDES VER TODAS LAS FOTOS EN ESTE ENLACE.
Y sin embargo el espíritu del Hellfest volvió a imponerse. Miles de asistentes llenaron una vez más el recinto para despedir cuatro días de música, convivencia y pasión por este mundillo que nos trae locos. Bandas como Rise Against, Black Veil Brides, Bad Omens, Architects o Three Days Grace fueron algunas de las grandes protagonistas de un domingo cargado de emoción, demostrando que incluso bajo un sol implacable la energía del público seguía intacta aunque ya se notase el desgaste y la falta de bebidas espirituosas. Entre cánticos multitudinarios, pogos más contenidos de lo habitual y una constante búsqueda de sombras y puntos de agua, la música volvió a ser el lenguaje común de una comunidad llegada desde todos los rincones del mundo.
La climatología también obligó a renunciar a una de las tradiciones más queridas por los hellbangers. Por razones de seguridad y riesgo de incendio, los habituales fuegos artificiales que suelen acompañar el final de las actuaciones no pudieron iluminar el cielo de Clisson. Un cierre diferente, más sobrio y silencioso de lo habitual, pero que no restó emoción a una despedida cargada de simbolismo en una edición que volvió a demostrar la capacidad de adaptación de un festival convertido desde hace años en una referencia mundial de la música pesada.
Con ello se cerraba una nueva edición del Hellfest, cuatro días en los que el festival volvió a reunir a cientos de miles de aficionados alrededor de sus ya icónicos seis escenarios, confirmando una vez más su condición de gigante europeo. Pero mientras los últimos asistentes abandonaban el recinto y emprendían el regreso a casa, todas las miradas comenzaban a dirigirse hacia 2027.
El próximo año no será uno cualquiera. Hellfest celebrará su vigésimo aniversario, dos décadas de crecimiento continuo desde aquella primera edición de 2006. La organización ya ha adelantado una expansión sin precedentes con más de 300 bandas repartidas en diez escenarios, una transformación que ya ha comenzado a hacerse visible este mismo año con la reubicación progresiva del camping gratuito a una zona más alejada para liberar espacio destinado a las futuras ampliaciones del recinto.
La promesa es tan ambiciosa como ilusionante. Más música, más escenarios y una celebración a la altura de una fecha histórica. Pero también deja una pregunta inevitable en el aire ¿Podrá mantener Hellfest la comodidad, la cercanía y la experiencia que lo han convertido en uno de los festivales más apreciados del planeta cuando dé el salto definitivo a una dimensión todavía mayor? La respuesta llegará dentro de un año. De momento el infierno apaga sus luces por unos meses, dejando tras de sí otra edición para el recuerdo.















