[review] Abbath – Outstrider, el disco que sigue demostrando que Immortal están mejor sin él

Por Cabreiroa

Abbath – Voz y guitarra
Ole Andre Farstad – guitarra
Ukri Suviletho – Batería
Mia Wallace – Bajo

01. Calm in Ire (Of Hurricane)
02. Bridge of Spasms
03. The Artifex
04. Harvest Pyre
05. Land of Khem
06. Outstrider
07. Scythewinder
08. Hecate
09. Pace till Death

Immortal no participaron de la quema de iglesias aunque ya estaban dando guerra en 1993 con los principales involucrados. A pesar del tono irrisorio y jocoso que los ha perseguido casi toda su carrera, han creado discos clásicos e irrepetibles para el black metal noruego. La sonada separación de Abbath de la formación al final no ha venido tan mal a Immortal, que desde su salida ha parido uno de los discos más interesantes de la última década en su liga particular de black metal, y ha permitido ver al resto de los mortales donde estaba la pieza que hacía que no se pudiese tomar 100% en serio a la banda.

Quizás es esa desmitificación de los dioses de los bosques, de la oscuridad y la frialdad del mal encarnado en músicos, lo que ha permitido que se vea a artistas como Abbath como lo que realmente son: personas que intentan pasárselo bien mientras encuentran una vía de escape artística a sus inquietudes. La diferencia es que en Immortal cada uno aportaba algo diferente al sonido final, una suma de las partes, y Abbath en solitario demostró en su disco debut que lo que quería era una serie de músicos contratados que bailasen para él, y le sirvieran para seguir explotando un lado unimensional de su sonido.

Dicho esto “Outstrider” es un disco disfrutable si no eres un trve black metal warrior. Abbath no ha perdido su toque helado, no se ha quedado sin ideas ni nada parecido, pero es innegable que “Outstrider” es un pase atrás en su carrera. No supera al debut a pesar de tener muchas cosas que se dejan querer, y es posible que sea así por las expectativas tan altas que se han fijado en su nueva carrera. En la vida hay discos que a pesar de no ser malos tampoco suponen victorias, y éste es uno de esos discos de una leyenda del género que no falla pero tampoco triunfa.

La nueva bajista Mia Wallace y el nuevo baterista Ukri Suvilehto no lo hacen nada mal, pero son simples piezas necesarias para echar a andar una maquinaria como la de Abbath, donde él es el foco de atención sin dejar que ninguna influencia externa penetre en sus composiciones. Apuesta a lo seguro, como elegir “Harvest Pyre” como primer single de adelanto siendo la canción con el sonido “Abbath” más clásico del disco: el tempo en el que el artista se siente más seguro, con riffs disfrutables pero también predecibles para todos los que conocemos su carrera. No es raro que recupere la vibra del álbum “I” en canciones como “Calm In Ire (Of Hurricane)” y tire más de elementos rockeros que del metal extremo, así como intentar hacer una especie de black n´ roll en temas como “Hecate”.

A todo esto se suma la gran pasión por el heavy metal clásico que tiene Abbath y que es evidente en los riffs que conducen varias canciones de este álbum, donde por momentos parece que estamos escuchando a Accept o Dio. Es algo que también se refleja en la producción, grande y bombástica sin dejar de tener los pies en la tierra: unas guitarras sin tanta compresión ni ruido como hacerlas sonar artificiales, y una batería que no abusa de los kick drums sino que entiende que menos es más. Es gracioso que las canciones más rápidas del disco como “The Artifex” o “Bridge Of Spasms” sean las menos interesantes o las que menos lleguen a buen puerto, porque para un black metal creíble ya tenemos a la banda principal.

Abbath es fácil de diseccionar, sus canciones siempre se construyen sobre un clímax que llega tras un gran gancho durante toda la canción. Es normal que los puristas no le den el visto bueno a “Outstrider”, en cambio la gente que escucha casualmente black metal y tiene el metal clásico por bandera lo verá entretenido y hasta interesante. Abbath seguirá siendo esa persona mayor en corpse paint que se cae de una colina tras correr hacia el escenario en un festival random, que hace gracia pero no puede ser tomar en serio del todo. Con estas partes de Immortal separadas ganamos todos.