[Review] Flying Colors – Second Nature

Por Mariano Bacigaluppi

Open Up Your Eyes 12:24
Mask Machine 6:06
Bombs Away 5:03
The Fury of My Love 5:10
A Place in Your World 6:25
Lost Without You 4:46
One Love Forever 7:17
Peaceful Harbor 7:01
Cosmic Symphony
Still Life of the World 3:15
II. Searching for the Air — 2:58
III. Pound for Pound — 5:33″

¿Sabéis cual es una de las mejores cosas de la música? Que aunque una y otra vez te digan que todo está inventado y que cada día más todo es igual y tiene el mismo patrón, te levantas un buen día y decides abrir tus oídos, a la vez que maximizar el resto de tus sentidos, para escuchar un disco que esperabas desde el mismo momento que te enteraste de su gestación y te sorprenda, te ilusione y te confirme una vez más que la sensorialidad musical, adoptada desde la cotidianidad, es de las mejores cosas que pueden ocurrirte en tu vida.

FLYING COLORS, ese supergrupo rebosante de calidad, decidieron grabar un segundo disco y después de estar escuchándolo durante la última decena de días, comienzas a pensar que ese tópico de “hicimos el mejor disco posible” aquí no sólo se convierte en realidad, sino que la escalera al cielo no se detiene en la bóveda celeste y que además tiene infinitos escalones que llegan a lo eterno, a lo incalculable y se convierte en perenne. ¿Hay límite a la hora de la composición, de la mezcla de estilos y a la inspiración? Por suerte la respuesta es ¡NO!

“Open Up Your Eyes” es la encargada de la presentación de este Second Nature, progresiva a partes iguales a la vez que ultra melódica, más que nada por los deleites instrumentales de Steve Morse a las seis cuerdas y Neal Morse a los teclados. Al menos eso se podrá ver reflejado en los cuatro primeros minutos de canción, intermezzos funkys mediantes, hasta que la carismática y conmovedora voz de Casey McPherson aparecerá en el horizonte sónico. ¿El resto de la canción hasta completar los más de doce minutos? Deliciosas partes instrumentales con interludios corales y hasta epicidad momentánea cargada de delicados sentimientos. Una grandísima muestra progresiva mirando de reojo a TRANSATLANTIC.

Me declaro fan casi incondicional de los ingleses MUSE, casi desde el momento que los conocí (tardíamente eso sí) y la siguiente canción, “Mask Machine”, tiene mucho de la banda De Matt Bellamy, pero claro… llevado un paso más allá. El riff de bajo que nos abre la puerta, sumado al ambiental/espacial teclado, ya nos deja extasiados y la explosión causada por la entrada de toda la banda es magnífica. Formidable línea vocal apoyada en los coros de Neal Morse, magnífico estribillo que tardará años luz en irse de tu mente y el intermedio instrumental, en el ecuador de la canción, fundiéndose en el jugueteo de voces es para un capítulo aparte. ¿Perfección? Sí, hay mucho de esto por aquí…

“Bombs Away” tiene mucho de rockera/blusera con un excelente pilar sonoro como es el bajo de Dave LaRue y melódicamente hablando es una de las más empastadas y mejores canciones que encontraremos en el CD. La voz de McPherson es sencillamente inmaculada, como así también los duelos guitarra/resto de la banda promediando el tema. Proseguirán los teclados de Neal Morse fusionándose de manera perfecta con las cuerdas y seguidamente un solo de guitarra estratosférico. En “The Fury Of My Love” los decibelios bajarán notablemente y percibiremos una nueva muestra del poderío vocal de Casey McPherson. Quizás en estos tonos más calmos, apacibles y netamente melancólicos su voz se hace inmensa e inalcanzable. Me encanta el guiño beatlesco a partir del minuto 3.00 y que prácticamente se extenderá hasta el final de la canción. ¡Piel de Gallina!

Retornando al sonido progresivo en el horizonte aparecerá “A Place In Your World”, tema que a nadie habría extrañado ni sorprendido que apareciera en cualquier disco de TRANSATLANTIC. Mike Portnoy se adueña del rol principal de vocalista haciéndolo de una manera extraordinariamente apasionante. Otras de las melódicas por antonomasia del disco y con cierto resgustillo setentero y con grandes escaladas a través del kit de batería del inquieto Portnoy. “Lost Without You” es un inmejorable ejemplo en que la sencillez también puede ser brillante y sobresalir. Me parece una canción muy ochentera, a la vez que radiable. ¿Cuántos de vosotros recordáis cuando en los 80s sonaban en la radio bandas como IQ, ICEHOUSE, THE OUTFIELD o incluso unos más comerciales GENESIS (época post-Gabriel) o YES (del disco 90125 por ejemplo)? ¿Cómo ha cambiado todo verdad? “One Love Forever” está llena de magia, a la vez que de diversión, exaltación y jolgorio. Una sintonía Celta nos enseñará el camino desde el nacimiento de la canción y será el pilar fundamente de la misma. Sobre los tres minutos la magia se vuelve inagotable con ese puente cómplice, profundo, entrañable y hasta nostálgico a cargo de la voz de Neal Morse. Gran canción que seguramente si la ejecutaran en directo en su próxima gira se convertiría todo el recinto en una verdadera fiesta.

El momento de mi canción favorita ha llegado… Imaginaros por un momento que vais por la Avenida PINK FLOYD y llegáis al cruce con la calle JEFF BUCKLEY… Esa porción perfecta, esa área imaginaria sin duda alguna se llamaría “Peaceful Harbor”. Os lo puedo asegurar, parecería que el mismísimo DAVID GILMOUR hubiera plantado una semilla años atrás y éste es el resultado en forma de canción. Canción llena de melancolía, regalo directo de las guitarras acústicas que suenan en ella, un arreglo de cuerdas que sobrepasa la comprensión y los primeros versos cantados por Casey McPherson nos regalarán un billete con todo pago a la tierra de la emoción, del sentimiento ilimitado y la elegancia (ese territorio en el que PINK FLOYD son y serán los dioses por siempre). Punto y aparte para el solo de guitarra de Steve Morse y si cerramos los ojos y dejamos que el coro y las voces Gospel se adueñen de nuestra alma, como así también si sentís correr las lágrimas por vuestro rostro… La canción habrá conseguido su cometido…. ¡BINGO!

Todo tiene un final y en este caso el ocaso se llama “Cosmic Symphony”. Una maratónica sinfonía de doce minutos de duración con ciertos guiños a MUSE, más que nada en su comienzo, y a posteriori una plácida y cósmica atmósfera que por momentos me hizo recordar a Gustav Holst en The Planets… Con el correr de los minutos la canción se volverá progresiva, setentera, donde los entrelazos vocales y los teclados de Neal Morse reinarán junto con un nuevo e increíble solo de guitarra de Steve Morse. Como por arte de magia y tras un ligero puente, todo cambiará a partir del minuto ocho volviéndose más intimista, melódica, entrañable y épica. Un gran final, para un grandísimo disco…

Muchas veces escucho eso de –Ya no se hacen discos como este… Con cierto aire nostálgico y haciendo referencia a LPs míticos…. ¡ERROR! FLYING COLORS han sacado un CD inconmensurable, indescriptible, un bálsamo vital para nuestros sentidos y que si la justicia existiera, debería de convertirse en un clásico para la posteridad. Es mi disco del año, no tengo absolutamente ninguna duda de ello.

Si tenéis oportunidad de acudir al concierto que dará la banda en Barcelona, el próximo martes 7 de Octubre, no lo dudéis ni un solo segundo.