[review] Gatecreeper – Dark Superstition, melodías y ganchos con olor a clásico

Por Nekrokosmos

Chase “Hellahammer” Mason – Voz
Eric “The Darkest Cowboy” Wagner – Guitarra
Matt Arrebollo – Batería
Israel Garza – Guitarra
Alexander Brown – Bajo

01. Dead Star
02. Oblivion
03. The Black Curtain 03:18
04. Masterpiece Of Chaos 03:24
05. Superstitious Vision
06. A Chilling Aura
07. Caught In The Treads 03:35
08. Flesh Habit
09. Mistaken For Dead
10. Tears Fall From The Sky

Nadie ha visto venir lo que hacen los norteamericanos Gatecreeper en este su tercer disco. Al igual que le pasó a bandas como Entombed o Paradise Lost en los 90’s, este combo de death metal ha dado un giro mucho más melódico y oscuro, por momentos cercanos al gótico, en un disco mucho más accesible y alejado los sonidos extremos para abrazar el metal clásico sin pudor. Un disco bastante disfrutable, y por qué no decirlo, el más ambicioso de su corta carrera.

El old school death metal porque el que hemos conocido a Gatecreeper sigue presente, sobre todo en voces, pero sin duda han dado rienda suelta a sus influencias más noventeras, sobre todo las de las escenas sueca y finesa con el melodeath que se puede apreciar en canciones como “A Chilling Aura”, un cambio a primera escucha suena con mucha confianza, al igual que ese espíritu death/doom que desprenden canciones como “Tears Fall From The Sky”, o el sonido Gothemburg de “Masterpiece Of Chaos”.

Más allá de las influencias y los diferentes sonidos a lo largo de sus 10 pistas, hay que sacarse el sombrero ante la capacidad de la banda de componer un disco tan redondo, donde cada canción puede ser un single, ya sea para fans de sus primeros trabajos como en “Oblivion”, o nuevos adeptos a estos sonidos lúgubres más rockeros como en “The Black Curtain”. No es que la banda se haya ablandado ni haya perdido su filo, sino que la agresión sin sentido y por pura diversión ha sido reemplazada por torres de armonías como mucho más espacio y atmósfera, pero todo ello sin renunciar a sus raíces. En lugar de un lavado de cara completo han ido construyendo sobre sus cimientos, y la jugada ha sido maestra.

Piensa en un ‘Wolverine Blues’ y acertarás. Kurt Ballou acertó tanto en la producción como en la mezcla del álbum, que un sonido crujiente pero cristalino en el que también se ve la mano de Fred Estby (Dismember) en la pre-producción, para cambiar todos los conceptos establecidos sobre el death metal clásico hasta el momento. Puede que haya gente que piense que Gatecreeper han hecho un disco demasiado melódico y directo, con canciones cortas, pero esos coros infecciosos y esa diversidad tan segura de sí misma son tan memorables como para dejarla ir por unos cuantos prejuicios. 38 minutos de pura gloria.