[review] Judas Priest – Todo lo que no te contaron de “Firepower”

Por Nekrokosmos

Rob Halford – Voz
Glenn Tipton – Guitarra
Richie Faulkner – Guitarra
Ian Hill – Bajo
Scott Travis – Batería

01. Firepower
02. Lightning Strike
03. Evil Never Dies
04. Never The Heroes
05. Necromancer
06. Children of the Sun
07. Guardians
08. Rising From Ruins
09. Flame Thrower
10. Spectre
11. Traitors Gate
12. No Surrender
13. Lone Wolf
14. Sea of Red

Lo creas o no, el último año no ha sido tan bueno para Judas Priest: tuvieron que ver como Bon Jovi entraba al Salón de la Fama del Rock N´Roll en su lugar, se enteraron de la muerte de su ex-batería Dave Holland, pero quizás lo más importante ha sido el abandono final de Glenn Tipton 10 años después de ser diagnosticado con Parkinson. Estaba claro que necesitaban un álbum bastante fuerte para recuperarse todas las adversidades.

Todos queríamos que fuese un disco no solo correcto, sino excelente. Correcto ya no es suficiente para Judas Priest, y es que desde que Rob Halford volviese a la banda en 2003 todos los pasos son observados con lupa. En una banda que levanta tantas pasiones es normal que ocurra algo como esto, pero en el caso de las leyendas del heavy metal ha sido realmente casi como una cacería de brujas.

Quizás por ello Halford y los suyos dicidieron incluir en el equipo de producción y grabación a Tom Allom junto a Andy Sneap. Allom llevaba desde 1988 sin trabajar con el grupo, y el factor nostalgia era fundamental para que “Firepower” guste a todo el mundo (sin contar que sería Sneap – héroe no reconocido de devolver la gloria a Accept – quien se ocuparía de las guitarras en directo). Y es que es cierto, “Firepower” ha gustado al grueso de fans de la banda, y es porque suena a los viejos Judas.

Desde la primera “Firepower” que da título al álbum vemos todas las cartas que pone la banda sobre la mesa: no es momento de experimentaciones ni discos progresivos, es momento de hacer el disco mas directo y con más gancho melódico del grupo. Era momento de reducirlo a lo más básico, de recuperar los grandes solos de guitarra, de lucir el buen estado vocal de su frontman, pero por sobre todo de componer grandes bombas energéticas. Esa es la sensación que tienes al escuchar este álbum, el de grandes himnos en un estadio repleto como en los macro-festivales ochenteros.

Escuchar los coros de “Evil Never Dies” es volver a tener 16 años y llevar muñequeras de pinchos, es de esas canciones que se harán indispensables en los sets de gira, y unir las épocas mas melódicas y agresivas de la banda en un solo pack. Si tanto gusta este álbum es porque reúne piezas de “Angel Of Retribution”, “Defenders Of The Faith” y “Ram It Down” incluso en baladas del tipo “Guardians” con piano incluido. Es el orgullo de volver a ser jebi, al menos para este lanzamiento.

Puede que tome a muchos por sopresa que la persona a la que haya que agradecer por este “rejuvenecimiento en reversa” de Judas Priest sea Richie Faulker, y es que solo hay que ver los créditos de composición de las canciones de este “Firepower” para ver que muchas piezas claves han sido suyas, como si Tom Allom lo hubiese moldeado en arcilla para convertirlo en el conductor principal tras las sombras. Ese sonido de producción y mezcla moderno que no compromete el metal clásico de la banda hace el resto, et voilà: tenemos un clásico instantáneo.

Con “Traitors Gate” sientes que quizás la gente no exageraba cuando decía que es lo mejor que han escuchado de Judas desde “Painkiller”, y aunque suene a exageración, la banda ha conseguido en 58 minutos lo que llevan más de 2 décadas intentando recuperar: ritmos intensos, los riffs que prefieren la adrenalina a la nota sostenida, y las melodías dobles de los años dorados. “Redeemer Of Souls” no fue un disco malo, pero aquí Judas Priest se notan mas seguros de sí mismos, mas intensos, y aunque Rob Halford haya tenido que hacer varias tomas de cada canción, mas estables sin tener que abusar de su falsetto.

“Sea Of Red” o “Children Of The Sun” devuelven la emoción,reflejando con sus letras la actualidad política o cultural que estamos viviendo, o más bien sufriendo. Ian Hill parece haberse tomado un par de redbulls y hasta se le nota animado, los cimbales Scott Travis nos levantan de la silla en cada golpe. Me llena de satisfacción decir que Judas Priest no han optado por ser una parodia de sí mismos, es su disco número 18 y hablaremos de él en los próximos 30 años.

https://www.youtube.com/watch?v=iy47D44wHjA