[review] Muse – Drones

Por Mariano Bacigaluppi

Matthew Bellamy – voz, guitarra
Dominic Howard – batería
Chris Wolstenholme – bajo

Dead Inside
Drill Sergeant
Psycho
Mercy
Reapers
The Handler
[JFK]
Defector
Revolt
Aftermath
The Globalist
Drones

Siempre un nuevo álbum de los británicos MUSE es una buena noticia, al menos para mí. Invariablemente he esperado y, me temo que, esperaré sus nuevas entregas sonoras con una mezcla de ansías y curiosidad para ver qué nuevo paso dan o con qué estilo/subestilo musical se dedican a juguetear.

“Drones” se podría decir que es la perfecta conjunción homogénea de los últimos años de la banda (concretamente de sus dos últimos discos) con ese toque emocional volcado en “Black Holes And Revelations” y rescatando en algunas canciones esa especie de rabia/furia de sus primeros años. Probablemente al contar nuevamente con un productor, el galardonado Robert John “Mutt” Lange (googlead su currículum), hizo posible esa uniformidad y equilibrio sonoro que hacía referencia líneas atrás.

No os puedo engañar más… Llevo escuchando el disco más de una semana prácticamente y no pudo dejar de hacerlo. Es una especie de adicción sónica y en cada nueva escucha descubro nuevos matices, nuevas muestras de calidad e infinitas cosas más… En conclusión, a título personal, me encuentro ante el mejor disco de MUSE desde su vanagloriado “Black Holes And Revelations” o, lo que es lo mismo, lo mejor que ha hecho la banda en los últimos casi diez años…

Dead Inside es el puntapié inicial del álbum con un contundente y repetitivo ritmo de batería que marcará a fuego nuestra mente y con la entrada de la voz de Matt Bellamy y su característico y carismático falsete la canción dará un giro. El sólo de guitarra es corto y preciso y los teclados engrandecerán la atmósfera de manera espectacular. Sobre los tres minutos encontraremos a Bellamy haciendo un puente realmente emocional y apasionante recordando un poco a “Madness” de su anterior entrega discográfica. Después de un brevísimo interludio la punzante Psycho asomará por nuestros oídos. Otra contundente muestra sonora, con una perfecta conjunción entre la guitarra, el bajo y la batería. La contundencia se podrá apreciar durante sus más de cinco minutos de vida, pero habrá constantes cambios en el sonido.

Mercy, la siguiente de las canciones, es una de las principales razones por la que no puedo dejar de escuchar este disco una y otra vez durante los últimos días de mi vida. Es tan mágica y emocional, que cada pequeño instante va escarbando en mis sentidos hasta hacerlos hasta hacerlos rendirse y ser presa de ella. Hay momentos que me recuerda a “Madness” y en otros una segunda parte de “Starlight”…. Sea como sea, tiene vida propia y es una auténtica genialidad genuinamente sensitiva y adictiva. He cometido el error de youbutearla en los conciertos que está dando la banda… Indescriptiblemente he sentido la necesidad de estar en un concierto suyo (una vez más…).

Reapers es sencillamente Heavy Metal… El guitarreo y el tapping en su génesis nos hará auténticamente perder la cabeza y, comprobar una vez más, que hemos llegado a ese punto en que una banda haga lo que haga lo hará bien y rozando la perfección. Las bases de bajo de Chris Wolstenhome en todo el disco, pero principalmente en esta canción, son sencillamente alucinantes y colosales. The Handler, la siguiente en aparecer, tiñe con un poco de densa y sombría oscuridad al universo sonoro, quizás la canción más oscura que haya compuesto la banda jamás y, en el ecuador de la misma, un nuevo e intenso tapping arpegiado.

Después de otro interludio, Defector se descubre como otra de las canciones heavys que encontraremos en el álbum, eso sí, con un gran guiño a QUEEN y sus característicos coros. Es emocionante comprobar como bajo y guitarra se van entrelazando para desembocar en una épica melodía orquestal. Revolt suena bastante popera, quizás muy cercana a los irlandeses U2, donde dos cosas quedarán verdaderamente latentes: Los cambios de velocidad y los falsetes de Matt apuñalándonos una y otra vez. Un gran solo de guitarra que en cierta medida nos recordará bastante a Brian May.

A Aftermath podría englobársela en balada, y de las grandes por cierto… El comienzo con la carismática voz del alma mater de la banda y esos delicados synths de fondo conmoverían hasta al más impasible e indiferente ser humano. Con la entrada de la banda, el sentimiento será el mismo y también encontraremos ciertas reminiscencias Queenescas aquí y allá. The Globalist además de ser la canción más extensa del disco, sobrepasa los diez minutos, es la que se distancia de la historia general que predomina en todo el CD. Es un tema bastante complejo, variado y con una estructura bien marcada: Principio con guiño cinemático al lejano oeste (Morricone), parte central heavy por antonomasia y final baladístico acompañado del piano. Eso sí, entre los minutos siete y diez, es una homenaje/versión al compositor clásico Edward Elgar extrayendo de su “Enigma Variations” su noveno movimiento, Nimrod.

Y llegó el final, y éste lo dará la homónima canción que bautiza el álbum, es decir, Drones. Con nuevas evocaciones a Queen y al “Sanctus and Benedictus” de Palestrina, la pista no es nada más que un juego vocal a capela de Matt Bellamy que le da un auténtico toque de calidad, realismo, cercanía y clase al cierre de este nuevo capítulo sonoro en la carrera de esta grandísima banda inglesa.

Vuelvo al principio… Es lo mejor que ha hecho la banda en casi diez años… ¿Vais a ser indiferentes?