Por Nekrokosmos
Robin Staps – Guitarra, coros
Mattias Hägerstrand – Bajo
Jordi Farré – Batería
Enrico Tiberi – Voz
Lane Shi – Voz
Emmanuel Jessua – Guitarra
Marco Gennaro – Guitarra
1. 52°30’11″N, 13°26’12″E
2. Departure Song
3. Light Pollution
4. Simulacra
5. Belligerence
6. Ultima Esperanza
7. Milk Of My Dream
8. 51°28′30″S, 73°6′11″W
No es el primer cambio de formación que sufren los alemanes The Ocean, pero cambiar varios pilares fundamentales de la banda tras una de las etapas más reconocibles y populares si que tiene algo de arriesgado. Los fans ya les reconocían por una fórmula a la que se había aferrado y de la que disfrutaban bastante, así que lo lógico hubiese sido buscar otros compañeros que sigan la estela dejada en ‘Holocene’ ¿Que creeis que ha hecho Robin Staps? Correcto, reconstruir al completo The Ocean no solo en formación sino en sonido.
El resultado es este ‘Solaris’, donde aparte de Staps ya solo queda Mattias Hägerstrand como integrante reconocible de la formación más asentada de The Ocean. Las nuevas caras son Jordi Farré a la batería, Emmanuel Jessua y Marco Gennaro a las guitarras, y la dualidad de voces con Enrico Tiberi y Lane Shi. Jugando a las adivinanzas diría que Robin más que vivir a la sombra de su sonido y de su nombre ha querido volver a aprender desde cero como funciona una banda de post metal…por eso ‘Solaris’ suena tan atractivo para quien no quiere perderse en melodramas.
Las canciones de The Ocean siguen pintando un bonito paisaje en ‘Solaris’, su post metal sigue siendo más grande que la vida misma, siguen habiendo esos cambios de tensión y liberación en las guitarras, esas estructuras a las que no les importa alargarse hasta el infinito si eso hace que la canción se desarrolle al completo, y basicamente la sensación constante de que la banda intenta descubrir hasta donde puede llegar su sonido sabiendo que son músicos preparados de sobra para ello.
¿Dónde se nota más todo esto? Quizás en las voces, y es que Enrico Tiberi tiene el difícil papel de reemplazar a Loïc Rossetti, esa voz que estuvimos 15 años escuchando en The Ocean y va a ser casi imposible olvidar. Enrico no es Loïc pero tampoco creo que quiera reemplazarlo o llegar a un registro similar, su instrumento parece estar dotado del carácter suficiente fusionarse con el ADN de la banda y no desentonar, para aportar más que para acompañar…aunque el efecto de golpe de remo llega realmente con Lane Shi, porque esa sorpresa cambia las reglas del juego.
Si Tiberi se encarga de los guturales, la voz limpia de Shi no es solo una linea melódica bonita más, por momentos y como usa su voz parece más una capa de textura en la canción. Esto quizás se explique porque además de vocalista es artista experimental, diseñadora y compositora para cine, experiencia que usa para que esa nueva dualidad de voces en The Ocean les convierta realmente en una banda nueva. Puedes tomar por ejemplo «Light Pollution» y ver como dentro de toda la densidad que se puede esperar de The Ocean, Shi consigue meter una fragilidad que más que suavizar la canción la hace más inquietante.
Se han dado el gusto de no meterle prisa a nada, y aunque puede que 8 canciones te resulten pocas es que cuatro de ellas superan los 10 minutos, con la mastodontica «Simulacra» que llega a los 17:19. Vale que hablamos de post metal y metal progresivo, pero todo ese músculo no se utiliza para una demostración gratuita de técnica sino para dejar respirar las canción y para que no necesariamente un riff principal acabe en un estribillo inmediatamente. La estructura convencional de una canción nunca ha sido el juego de The Ocean, pero ahora parecen exigirse más a que algo diferente pase para que llegue la contundencia.
Tampoco es que todo en ‘Solaris’ sean piezas largas, por ejemplo «Milk Of My Dreams» dura solo 4 minutos y es una de las canciones donde más puede entenderse a donde quieren llegar estos nuevos The Ocean. La experimentación ocupa más protagonismo aquí, y la banda parece estar más dispuesta de salirse de su zona de comfort para que el ambiente y el diseño vanguardista ocupe toda la atención. No, no es un interludio ni tampoco intenta serlo, es una canción como tal y vaya canción!
Creo que también es bastante significativo que el disco no termine de manera explosiva, porque «51°28′30″S, 73°6′11″W» parece más una puerta abierta que otra cosa. Según la banda este ‘Solaris’ es un disco de exploración, incertidumbre y búsqueda que quizás no puedan llegar a definir del todo, por eso bebe mucho de la película de Andrei Tarkovski y da la impresión de ser una adaptación sonora literal. Sin pecar de inocente también me imagino que para Robin Staps perder a Rossetti, David Ramis Åhlfeldt y Paul Seidel tras el concierto de despedida en el Hellfest Open Air 2025 (puedes leer aquí la entrevista que les hicimos) era muy grande la tentación de presentar el siguiente disco como “los nuevos The Ocean”, pero escuchando el disco unas cuantas veces parece no querer romper con todo lo anterior sino modificarlo.
Robin Staps sigue siendo el arquitecto, ahí no hay discusión posible, pero tampoco es que Marco Gennaro o Jessua (que viene de Hypno5e) le quieran quitar el control sino simplemente ampliar ese frente. Jordí Farré es cierto que tiene una pegada distinta a la batería pero se adapta bien a los momentos en los que The Ocean necesitan ponerse en modo avalancha, pero donde tenemos más claro que se altera esa percepción que teníamos de The Ocean es sin duda en las voces. En todo caso puede ser hasta novedoso y refrescante ver a una banda ya consagrada y veterana verse ligeramente incómoda en su propia piel.
‘Solaris’ no parece ir por la reacción más inmediata y gratuita, no quiere esa ovación ni admiración instantanea, y la contención que muestran a veces algunas canciones dejar ver que más allá de singles han intentado hacer algo que perdure mucho tiempo, ese tipo de discos que te pones una y otra vez para ver si pillas algo diferente. La cosa no iba de demostrar si iban a poder sobrevivir tras el cambio de formación, sino de ver si tenían todavía algo que decir después de cambiar piezas tan importantes. Cuando te desprendes de todo lo que dabas por seguro te queda una transición de este tipo donde tienes que averiguar si valía la pena volver a reconstruirlo pieza por pieza


