[review] Tool – Fear Inoculum, lento y elegante pero no comprendido

Por Jambi

Aceptemos la verdad: Tool podrían haber sacado el disco que hubiesen querido, que la gente lo hubiese celebrado como una genialidad ¿Es el hype? No, es lo que pasa cuando una banda importa de verdad. Lo quieras o no, tras 13 años, te has visto hablando del disco de Tool de una manera u otra ¿Para decir que no es para tanto? ¿Que no te ha gustado? Pero ahí estabas, dando tu opinión sobre este lanzamiento, cuando otros miles se han lanzado en estos años y no has dicho nada al respecto. Pero son Tool, y eso son palabras mayores, ya seas fan o hater. Lo que no le podrás quitar a Tool jamás es saber crear expectación y drama, algo siempre justificado y mucho más valorado hoy día.

“Fear Inoculum” empieza a ser importante desde el momento que vemos que lleva el nombre de la banda en la portada. Ya te puedes olvidar del diseño, de todos estos años de troleo, hasta te puedes olvidar de la música, porque la gente ya se ha posicionado hace meses incluso antes de escuchar ni un solo minuto de este nuevo disco. Debes preguntarte ¿Qué esperabas realmente del quinto álbum de Tool? Todo lo que hubieses imaginado se queda corto ¿Querías que hagan un disco a tu medida? ¿Que entre a la primera? Lo que vas a encontrar aquí es que cuanto más tiempo inviertas en estas largas canciones, más “Fear Inoculum” te sumergirá en su mundo. Vale, no es todo lo que esperabas, pero te lleva a lugares que solo Tool pueden crear. Una seña de identidad en voces (las mejores que Maynard haya grabado en toda su carrera), en guitarras, en bajo y en batería. Solo podía ser Tool.

Es escuchar a Adam Jones en la intro y reconocer ese sonido casi al instante. La banda no se mantiene en el mismo registro más allá de un riff, y ya empiezas a pensar que será un disco lleno de ideas propias. Según pasan las canciones te vas dando cuenta que algo sí ha cambiado en Tool, y es que la producción y masterización de este disco les ha hecho entrar de lleno en la era digital: aquí no vas a escuchar un sonido analógico, ningún aspecto crudo del propio estudio de grabación ni ninguna imperfección voluntaria como en otros lanzamientos. Parece ser que con su entrada en el mundo del streaming también han cedido en un aspecto más “pulcro” en cuanto a lo digital en su sonido, cosa que no estropea para nada la experiencia “Fear Inoculum”.

Los ritmos entre canción y canción fluyen solas, limpias, hasta que Maynard (que participa muy poco y cede casi todo el protagonismo a Danny Carey) apuñala el patrón con un ritmo vocal haciendo que la canción vaya en todas direcciones y parezca un organismo con vida propia en el que no solo añade emoción sino también densidad. Chancellor hace lo suyo para que el bajo te golpee el pecho y el efecto se complete.

Muy difícilmente encontrarás un single claro como había en otros lanzamientos de Tool, otra de las diferencias de “Fear Inoculum”. Aquí sí que se cumple la norma de que el disco se entiende mejor como un todo, porque no hay un “The Pot” o un “Jambi”…lo más cercano que encontrarás a eso quizás sea “Invincible” o la tan alabada “7empest”. La ida de olla de Danny Carey en “Chocolate Chip Trip” lo confirma con sus ritmos africanos y su tabla hindú, así como la presencia a cuenta gotas de Keenan, que cuando aparece lo hace sabes que ha valido la pena.

¿Para qué nos vamos a engañar? Cualquier veredicto que demos de “Fear Inoculum” va a sonar a prematuro, porque es el disco más largo de Tool hasta la fecha, y el más complicado en cuanto a sonido, a letras, y a gancho. Tiene tanta profundidad, pero aun siendo tan lento como es tiene un encanto que justifica el hecho de que la gente no se haya cansado en estos 13 años de esperar nuevas canciones suyas.

Siguen nublando nuestra perspectiva sobre el arte, sobre lo que es el metal alternativo, sobre lo que es la psicodelia o el rock progresivo, y lo hacen con tanta curiosidad como talento. Nunca han seguido las estructuras de la música pop, pero es cierto que esta vez hay cierto regusto a un disco más accesible, o al menos da ese efecto. Keenan y los suyos no te plantean un problema matemático que resolver, en “Fear Inoculum” te invitan a pensar y a sentir, sin dar consejos. Cuando escuchas estas canciones te quedas con la sensación de que todavía te quedan cosas por descubrir.