[review] Zeal & Ardor, el toque experimental que necesitaba la música extrema

Por Nekrokosmos

Manuel Gagneux – voz, guitarra, sintetizadores
Denix Wagner – coros
Marc Obrist – coros
Tiziano Volante – guitarra
Mia Rafaela Dieu – bajo
Marco Von Allmen – batería

1. Intro
2. Gravedigger’s Chant
3. Servants
4. Don’t You Dare
5. Fire Of Motion
6. The Hermit
7. Row Row
8. Ship On Fire
9. Waste
10. You Ain’t Coming Back
11. The Fool
12. We Can’t Be Found
13. Stranger Fruit
14. Solve
15. Coagula
16. Built On Ashes

El metal es un género muy poderoso, pero mentiríamos si dijésemos que hay mucho en él que nos sorprenda a día de hoy. Parece que todo está ya creado y lo que nos queda esperar es la constante perfección de lo ya creado, pero de tanto en tanto aparecen artistas con la misión de ponerlo todo patas arriba y derrumbar muros. Con el black metal ha pasado mucho en la última década, pero ese crossover realizado por Manuel Gagneux es el de los más originales.

No por nada su agenda de compromisos de este verano es tan ecléctica como su música, pasando del Primavera Sound al Hellfest Open Air sin despeinarse, y también con su pizca de polémica para las masas como aperitivo. No es que Zeal & Ardor haga algo totalmente nuevo, pero ha sabido unir dos géneros tan distantes entre sí como el black metal y la música espiritual negra como para crear la revolución que encabeza. Sin duda es una fruta tan extraña que nos apetece darle varios mordiscos.

La genialidad de Zeal & Ardor reside en parte en mostrarnos un cuadro de la edad de la esclavitud americana bajo los ojos del satanismo, dando un aura de rebelión tanto física como mental. Satán ya no es el mal eterno, sino una pasión oscura que promete liberación como proclama ese genial single “Devil Is Fine”. El gran truco del artista no es solo unir dos género antagónicos, sino crear una estructura tan impredecible para cada una de sus canciones, cosa que a la vez que fascinante resulta confusa e intrigante. Solo hace falta escuchar “Gravedigger´s Chant”, en donde pasa de gospel a un caos de tremolo y sonidos mórbidos en segundos sin hacer que parezcan dos piezas totalmente extrañas entre sí.

“Don´t You Dare” crea el mismo efecto, de un toque folk a la siniestralidad de la voz de Gagneux, que crea la tónica general de este álbum: centrarse en las partes limpias y mas suaves con una instrumentación simplista para dar el golpe de efecto con la furia de la música extrema. 16 canciones en un disco dejan ver un poco el alocado e ilimitado universo de Gagneux, un artista que también le debe mucho al carisma de su imagen y su voz. Las canciones de “Stranger Fruit” son capaces de cambiar tu estado de humor, melodías con un halo de misterio siempre sobre ellas, tonos que no te dejan tranquilo.

Alguien que escribe letras como las de las canciones “Fire Of Motion” no debería pasar inadvertido. Por mucho gancho que tengan ciertas canciones, este álbum no ha sido pensado para ser accesible. Ha sido pensado para molestar, para meter el dedo en la llaga, el tipo de arte que incomoda pero a su vez fascina. Duele, pero no puedes dejar de escucharlo. No es un alarde de modernidad, es simple y pura experimentación en un género que lo estaba pidiendo a gritos.