[review] Angelus Apatrida – Hidden Evolution

Por Gonzalo Moreno

1-Immortal
2-First world of terror
3-Architects
4-Tug of war
5-Serpents on parade
6-Wanderers forever
7-End man
8-Speed of light
9-I owe you nothing
10-Hidden evolution

Guillermo Izquierdo-voz y guitarras
José Javier Izquierdo-bajo
David Álvarez-guitarra
Víctor Valera-batería y coros

http://www.angelusapatrida.com/

No creo necesario realizar un análisis track por track. Sí, el disco tiene ciertas especificaciones: la velocidad de Serpents on parade demuestra que lo que hace Víctor Valera con su doble pedal no está al alcance de todos los baterías de thrash, muchos de los cuales se limitan al “tupa-tupa” en cuanto el metrónomo empieza a echar humo. O los coros de Speed of light, realmente innovadores en Angelus Apatrida. Pero sobre todo hay que quedarse en la impresión que deja el disco.

Llega un momento en (casi) todas las bandas grandes de thrash en que se dan cuenta, quizás al ir aumentando su fama y popularidad, que la gente les sigue no tanto por la velocidad endiablada de sus temas o sus riffs incendiarios como por la capacidad que tiene de crear líneas que sean coreables en directo. Si la gente memoriza un estribillo es más fácil que le enganche el grupo, y por tanto más posibilidades tiene de conseguir el éxito. O, simplemente, es una cuestión de inquietudes musicales de la banda.

De algún modo Metallica abrió el camino con su “Black Album”, un disco en el que Hetfield por fin cantaba (entendiendo el verbo de la forma más estricta) y donde la banda quiso realizar buenos temas en base a buenas melodías vocales. Melodías que fueran recordables, que engancharan. No fue casualidad que otras bandas de thrash siguieran este mismo camino, empezando por Megadeth, que quiso seguir la fórmula en su Countdown To Extintion, y continuando por Slayer y su Seasons in the Abyss…de nuevo, el quinto trabajo en sus respectivas carreras. Testament lo haría con el The Ritual, y así muchas otras bandas de thrash.

Casualidad o no, Hidden Evolution es el quinto trabajo de la banda de thrash más importante de España, Angelus Apatrida, y en él siguen esta misma idea iniciada por Metallica hace más de 20 años. Los de Albacete han realizado el disco de su carrera en el que tienen más estribillos melódicos, algo que, de hecho, no es nuevo en la banda, ya que siempre exploraron esta faceta desde sus inicios. Su trabajo debut, Evil unleashed, era una interesante mezcla entre Megadeth y Pantera, entre los riffs de metal clásico y la voluntad melódica de Mustaine de la que hablábamos en párrafo inicial, y los riffs más “modernos” (de corte entrecortado) de la de Dimebag Darrell y compañía.

Tras este disco, de marcada personalidad, vinieron dos trabajos de un thrash más convencional, sujeto muchísimo a los cánones del género, como fueron Give’em War y Clockwork, para recuperar la senda perdida tras el primer trabajo con el muy estimable The Call. Así pues, había ganas de escuchar algo nuevo, y también curiosidad por ver por dónde irían los tiros: ¿un thrash más ochentero, como el que realizan las bandas actuales de “revival”, sin mucha personalidad? ¿O, por contra (y ese era mi deseo), seguir explotando la línea de The call, donde la banda mostró personalidad y cierta actualización del género muy apreciable? Por suerte, han seguido este camino.

Y es en este punto en el que enlazamos con el primer párrafo. Angelus Apatrida ha seguido la línea de las grandes bandas de thrash, aquellas que al llegar a su quinto disco dan la importancia que merece, y que es casi total, a las líneas vocales, a trabajar los coros y a realizar estribillos memorables. Pero, al contrario que Metallica, Slayer y Megadeth, los de Albacete no lo han hecho levantando el pie del acelerador: Angelus Apatrida ha parido el que quizás es el disco más bestia de su carrera. ¿Cómo se come esto? Pues acudiendo a una fórmula, bastante moderna, en la que las estrofas son muy salvajes y desembocan en estribillos muy melódicos. No asustarse, Angelus Apatrida no se ha vuelto una banda moderna, como estos grupos de death melódico o de metalcore que utilizan esta tendencia.

Pero la línea que separa el hacer una estrofa cañera y después un estribillo memorable de una forma coherente de lo que encontramos en muchos grupos modernos es muy fina. ¿Lo ha resuelto bien Angelus Apatriada?¿Ha conseguido el propósito de cualquier canción de componer estrofas bien realizadas y que vayan a parar a estribillos que sean el momento álgido y recordable de las canciones? Sí, creo que sí, aunque en algunos temas ambas partes estén peligrosamente alejadas. Un ejemplo de ello es el tema Tug of war, con una estrofa cuasi deathmetalera y un estribillo que es de lo más melódico escrito jamás por ellos.

La banda es muy buena técnicamente. Hay riffs que ya son “marca de la casa” e identificables con la banda, como los del trallazo inicial, Immortal. Y decir esto de un grupo musical, es decir, que tenga riffs que marquen su personalidad, no se puede decir de todos. Por tanto, Angelus hacen thrash con riffs del estilo y estructuras prototípicas del género (un riff veloz y luego bajar a mitad de velocidad de la caja en la estrofa, e ir combinándolo) pero también han visto que los riffs hacen el género, pero lo que hace que la gente se quede con los temas, más allá de las etiquetas, es que haya coros recordables. Que se puedan cantar en vivo, que se te queden en la cabeza. Y en este disco, algo de lo que ya dio muestras la banda en su primer trabajo en estribillos como los de Gone away o Versus the world, y recuperado en cortes como Blood on the snow o The hope is gone en The Call, ha sido ampliado en número en este Hidden evolution, donde hay momentos melódicos para dar y tomar.

Ahí tenemos los magníficos estribillos de First world of terror, Wonderers forever, End man, I owe you nothing o Hidden Evolution (con cierta similitud en este último, tanto en el timbre como en la propia línea vocal, del estribillo de Electric Crown de Testament). Temas donde la banda, tras estrofas tralleras, bajan la velocidad para dar preeminencia a las líneas vocales. Para que la gente pueda cantar y para que un tema llegue a fondo más allá de la calidad de sus riffs o la velocidad de la batería. E insisto, de todo ello también lo hay, siguiendo otra línea empezada en The Call, concretamente en el corte que cerraba el disco, Reborn. Un corte lleno de pasajes instrumentales y cuya fórmula han repetido aquí: el tema Hidden Evolution es también el más largo del disco y el que cierra el redondo, y contiene partes elaboradísimas, con bellos punteados y elaborados desarrollos.

No creo necesario realizar un análisis track por track. Sí, el disco tiene ciertas especificaciones: la velocidad de Serpents on parade demuestra que lo que hace Víctor Valera con su doble pedal no está al alcance de todos los baterías de thrash, muchos de los cuales se limitan al “tupa-tupa” en cuanto el metrónomo empieza a echar humo. O los coros de Speed of light, realmente innovadores en Angelus Apatrida. Pero sobre todo hay que quedarse en la impresión que deja el disco.

Los de Albacete han evolucionado y lo han hecho dirigiéndose en dos direcciones diferentes, aparentemente contradictorias pero que ellos han sabido congeniar: por un lado, un disco que seguramente sea el más trallero de su carrera. Por otro, un disco que probablemente sea el más melódico de su carrera. Es thrash, no hay tralla “porque sí” y los temas lo piden. Pero es música, y saben que la música es, en gran parte, recordar los temas por sus melodías vocales. Si a todo ello se le añade una gran técnica, mediante riffs a estas alturas identificables, nos sale una evolución interesante y natural de The Call: un enorme álbum multi facético que puedes disfrutar desde muchas ópticas diferentes. Poner el mismo empeño en componer un gran riff de thrash que en componer un gran estribillo no es algo común, por desgracia, a las nuevas bandas del género. Intuíamos que Angelus Apatrida lo sabía hacer, pero ahora ya estamos segurísimos. Discazo.