Por Nekrokosmos
Disco 1
01. Grace for Drowning
02. Sectarian
03. Deform to Form a Star
04. No Part of Me
05. Postcard
06. Raider Prelude
07. Remainder the Black Dog
Disco 2
01. Belle de jour
02. Index
03. Track One
04. Raider II
05. Like Dust I Have Cleared from My Eye
Disco 3
01. Home in Negative
02. Fluid Tap
03. The Map
04. Raider Acceleration
05. Black Dog Throwbacks
06. Raider II
Hay discos que no solo definen una época, sino que marcan un antes y un después en la carrera de un artista. En el caso de Steven Wilson, el cerebro detrás de Porcupine Tree, productor exquisito y restaurador oficial del rock progresivo de los ’70, ese momento se llama ‘Grace For Drowning’. Publicado en 2011, este segundo trabajo en solitario es sencillamente el punto donde Wilson dejó de mirar por el retrovisor y empezó a construir su universo sonoro con nombre y apellido.
Tras el buen debut de ‘Insurgentes’ en 2008, que lo mostraba tanteando texturas industriales y ambientes post-rock, ‘Grace For Drowning’ lo encontró liberado, incluso juguetón, como un compositor que por fin podía desatar todos sus amores sin rendirle cuentas a nadie. El disco no solo es ambicioso, sino que despliega una paleta sónica rica, oscura y cinematográfica, donde caben desde el jazz rock más brumoso hasta el minimalismo de piano, el doom orquestal y, cómo no, el ADN progresivo del que Wilson nunca reniega.
El primer volumen, ‘Deform to Form a Star’, abre con “Grace For Drowning”, un preludio vocal que suena a un lamento perdido en el agua. Le sigue “Sectarian”, donde los riffs pesados y angulares se cruzan con un saxo demoníaco (cortesía del gran Theo Travis) y un Mellotron que parece gritar desde las catacumbas de King Crimson. Aquí, Wilson ya deja en claro que no está haciendo un disco de canciones: está pintando estados de ánimo. Pero también hay ternura. “Postcard” podría haber sido un sencillo de Porcupine Tree en modo balada, y “Deform to Form a Star” es un crescendo épico, donde las armonías vocales flotan como nubes sobre un océano de sintetizadores y piano.
El segundo volumen, ‘Like Dust I Have Cleared From My Eye’, es más sombrío, introspectivo y arriesgado. “Raider II”, con sus 23 minutos de duración, es una montaña rusa de ideas: hay pasajes de jazz eléctrico al estilo Bitches Brew, flautas que canalizan a Van der Graaf Generator, y secciones que podrían haber salido de un disco inédito de Larks’ Tongues en la era Crimson. La pieza está inspirada en el asesino serial Dennis Rader, lo que le da un aire narrativo macabro sin volverse grotesco. Cierra con “Like Dust I Have Cleared From My Eye”, que es casi un rezo apagado entre teclas lentas y atmósferas espectrales. Un final que no busca resolver nada, solo dejarte flotando con preguntas.
Porque ‘Grace For Drowning’ es el disco donde Wilson dejó de ser “el de Porcupine Tree” para consolidarse como autor total. No solo compuso, tocó y produjo todo, sino que se rodeó de músicos de la escena progresiva actual con una visión muy clara: no homenajear el pasado, sino seguir extendiendo sus tentáculos. Y lo logró. De hecho, este disco fue nominado a un Grammy, y hoy sigue siendo referencia para toda una camada de músicos que hacen prog sin miedo a mezclarlo con ambient, metal, jazz o electrónica.
Además, en términos técnicos, el álbum es una joya de producción: grabado y mezclado con obsesión por el detalle, tiene un sonido tan tridimensional que cada escucha revela una capa nueva. Escucharlo en vinilo o en 5.1 (sí, hay edición en surround) es una experiencia en sí misma. ‘Grace For Drowning’ no es un disco fácil, pero tampoco quiere serlo. Es denso, desafiante y bello. Un verdadero clásico moderno que confirmó a Steven Wilson no solo como el heredero natural del prog, sino como uno de los pocos artistas contemporáneos capaces de unir pasado, presente y futuro en una misma obra.


