[crónica y fotos] Alter Bridge + Sevendust + Daughtry en Barcelona – Razzmatazz, 08/02/2026

Texto: Oliver Heras
Foto de portada: Oliver Heras

En el verano de 2024 en este santo medio que es Goetia Media cubrimos los dos conciertos de Metallica en Madrid. Bea hizo una crónica preciosa que tituló “Mi primera vez viendo a Metallica” y me pareció una buena idea que estas líneas siguieran esa tónica.

Alter Bridge para mí eran un grupo que había escuchado muy por encima: Metalingus gracias a la WWE y poco más. Estaban en el radar, pero nunca me había interesado por ellos. Y entonces te preguntarás: ¿cómo has acabado en ese concierto? Pues por amor. Pero no os penséis eso de: has ido al concierto por hacer un favor a tu novia. Falso. He aprendido a amar a Alter Bridge gracias a ella y después de estos párrafos espero que entendáis el porqué.

Y yendo ya al grano más puramente periodístico que se nos exige a los que cubrimos conciertos… Sevendust eran los encargados de abrir la tarde. Sí, a las 18 de la tarde empezó el bolo (horario europeo, imagino). Esa mezcla que tienen de metal alternativo con nu metal hizo las delicias del respetable. Encajaban perfectamente en el cartel de la noche. Creo que comparten muchas cosas con Alter Bridge: la fanbase, sobre todo, y a Tim Tournier. El mánager de Alter Bridge se colgó la guitarra y ayudó a sus colegas de Sevendust en esta gira. Sonido impecable, voz perfecta y carisma sobre las tablas. Conciertazo de los de Atlanta.

Daughtry fueron para mí la decepción de la noche. Y es que no termino de creerme esa imagen tan televisiva que tiene Chris Daughtry. Imagino que por eso le cogieron en American Idol. Mucha fachada, voz impecable, pero la pasión se la dejarían en casa. Los compararía con Nueva Línea, pero las chavalas le ponen bastante más ganas que esta gente. Mi padre me dice que, si no tienes nada bueno que decir de alguien, no digas nada. Así que aquí termina el parrafito de rigor.

Y vamos con lo bueno. Mucho tiempo llevaba con esta fecha marcada en el calendario. La primera vez viendo a los de Florida tenía que ser algo especial. Venían con su nuevo trabajo, el homónimo Alter Bridge bajo el brazo, así que habría cositas nuevas y temazos legendarios. Las primeras tres canciones fueron a saco. Comenzaron con Silent Divide, Addicted to Pain y Cry of Achilles, tres soberanos temarrales que coreamos como locos intentando seguir el tremendo vozarrón que tiene Myles Kennedy, pero nos quedamos a la altura de Quevedo.

Qué bonito es ver a artistas sonriendo en el escenario, y más cuando llevan más de dos décadas haciendo esto, porque significa que todavía se lo pueden llegar a pasar bien y a sentir la música como cuando empezaron. Fortress y Burn It Down con Mark Tremonti a la voz fueron dos momentos memorables del concierto. Qué complicado es tener a un gran vocalista en un grupo, pues los putos Alter Bridge tienen a dos. No podía faltar la parte del concierto más íntima con dos de sus baladas más míticas: Broken Wings y Watch Over You.

Todos teníamos luchadores favoritos de la WWE: los míos eran Undertaker y Edge. Y, por motivos obvios, me moría de ganas de escuchar Metalingus en directo y cómo me la gocé. El miniOli sentado delante del televisor escuchando a Fernando Costilla y Héctor del Mar en Cuatro fliparía si supiera esto. La comunión de la banda con el público fue memorable durante la hora y cuarto de concierto.

No puedo terminar esto sin hablar de Blackbird. Imagino que habrá todo tipo de listas rollo “Las mejores 50 canciones del metal” o “Los himnos del rock que tienes que escuchar antes de morir (la número 23 te sorprenderá)”. Pues bien, Blackbird debería entrar en todos y cada uno de esos rankings. Nadie me puede discutir que es una obra maestra de la envergadura de Master of Puppet, Fear of The Dark o War Pigs. La ejecución fue formidable. No podía dejar de mirar a esas cuatro figuras del escenario curándome el corazón con cada jodida nota.

Cuando terminaron Isolation un ligero bajón se apoderó de mí. Es natural cuando termina algo que te está levantando tantos sentimientos. Pero se me fue enseguida pensando en que los voy a ver en Madrid dentro de nada otra vez. Así que hay un poco menos de depresión postconcierto.

Como os decía arriba, yo he terminado venerando a Alter Bridge gracias al amor. Y es que, cuando ves a la persona a la que quieres hablar tan apasionadamente de algo, emocionarse al escuchar Blackbird o Broken Wings, lo haces inmediatamente tuyo. Hay algo en tu cuerpo que se activa y vampirizas todas esas emociones. Y eso es jodidamente precioso. Gracias, Beatriz, por enseñarme a querer a Alter Bridge.