[classicos] Faith No More – Angel Dust, un disco que llegó demasiado pronto

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Por Nekrokosmos

Mike Patton – Voz
Jim Martin – Guitarra
Billy Gould – Bajo
Mike Bordin – Batería
Roddy Bottum – Teclados

01. Land of Sunshine
02. Caffeine
03. Midlife Crisis
04. RV
05. Smaller and Smaller
06. Everything’s Ruined
07. Malpractice
08. Kindergarten
09. Be Aggressive
10. A Small Victory
11. Crack Hitler
12. Jizzlobber
13. Midnight Cowboy

En 1992 Faith No More estaban viviendo el pelotazo de The Real Thing y «Epic», así la jugada más sensata sería repetir la misma fórmula con esos riffs funk y un single enorme para vivir de las rentas ¿Qué hicieron? Totalmente lo contrario, se complicaron la vida y gracias a ello dejaron un disco clásico que para nada sonaba a 1992.

Angel Dust no es solamente el mejor álbum de Faith No More para muchos de sus seguidores, es el momento en que la banda encontró su verdadera identidad. El propio Jim Martin reconocería años después que le sorprendía que el disco hubiera acabado considerado uno de los trabajos más influyentes del metal, y si lo miras a fondo tiene sentido ya que aquí Faith No More dejan de parecer una banda que mezcla estilos y empiezan a sonar como una banda para la que los estilos ya no importan.

La apertura con «Land of Sunshine» ya es una declaración de intenciones. El bajo de Billy Gould lo gobierna todo, Mike Bordin golpea con una precisión casi enfermiza, los teclados de Roddy Bottum aportan una atmósfera siniestra y Jim Martin descarga riffs que parecen de piedra maciza. Entonces entra Mike Patton y empieza a hacer lo que le da la gana con la voz….canta, escupe, habla, se burla, grita. Parece estar probando todos los registros posibles para comprobar cuál queda más raro pero lo mejor de todo es que encaja a la perfección.

Y es que ‘Angel Dust’ está repleto de canciones tensas, incómodas, pesadas que parecen avanzar a trompicones pero son más grandes que la vida. A veces, entre toda la locura, hay algun single como «Midlife Crisis» con una melodía pegadiza que los ve más domesticados pero que también se siente en tono de burla. Así te encuentras también joyas como «RV» que es puro humor negro y desolación con un monólogo marca de la casa, o la deformación total del metal que practican en «Smaller and Smaller».

‘Angel Dust’ funciona porque es raro, pero nunca es raro porque sí. La extravagancia está al servicio de las canciones, los cambios de registro, los teclados, el funk, el metal, el rock alternativo, el humor absurdo, el spoken word y los momentos casi pop no están puestos ahí para demostrar que sus músicos son capaces de tocar muchas cosas sino que son parte del lenguaje de la banda ¿El problema? Que para 1992 era una rara avis que se había adelantado mucho a su época…y por eso es tan importante.

Llamarlo simplemente funk metal se queda corto, llamarlo metal alternativo tampoco termina de explicar lo que ocurre aquí. Angel Dust toma el peso del metal, el groove del funk, la actitud del punk, la sensibilidad del rock alternativo y una buena dosis de experimentación y los mete en una trituradora. El resultado no suena como un adelanto del nu metal, aunque buena parte de lo que vendría después acabaría bebiendo de esta fórmula. Korn, System of a Down, Slipknot, Incubus o Papa Roach pertenecen a generaciones que encontraron en Faith No More una puerta abierta hacia otra manera de entender el rock pesado. Mike Patton tuvo mucha culpa de ello, por mucho que le pese.

Lo interesante es que ‘Angel Dust’ no necesita que le atribuyamos el nacimiento de ningún género para justificar su condición de clásico. Su verdadera aportación fue demostrar que una banda podía tener éxito sin obedecer las expectativas que ese éxito generaba ya que después de ‘The Real Thing’ tenían una oportunidad de oro para hacer un disco más accesible. Es un disco extraño, incómodo y oscuro, y por eso ha envejecido tan bien.

Treinta y tantos años después sigue sonando como un disco con los cables pelados. No hay una producción que lo haya convertido en una reliquia de principios de los noventa ni una colección de trucos que ahora parezcan ingenuos. Sus riffs siguen teniendo pegada, la sección rítmica continúa siendo una animalada y la voz de Patton conserva esa mezcla de virtuosismo y mala leche que hace imposible confundirlo con cualquier otro cantante.

También hay momentos que no funcionan igual para todo el mundo, hay momentos donde la banda se recrea en su propio sentido del humor y algunas canciones pueden resultar demasiado teatrales o deliberadamente irritantes, pero incluso eso forma parte de su encanto. Como clásico del rock pesado de los noventa es una anomalía que abrió caminos para cientos de bandas que llegarían después.