La última semana he tenido un nuevo acompañante en mi camino hasta la universidad que me ha llenado de energía. Hablo de Sôber, la banda madrileña de rock y metal alternativo que mezcla instrumentales potentes con letras íntimas. Nacidos a mitad de los noventa, se han mantenido fieles a un estilo que sigue sonando fresco. A principios de este mes publicaron ‘Anandamida’, un viaje de introspección en el que aúnan contundencia y sensibilidad a partes iguales, y Barcelona ha sido la elegida para arrancar el tour de este décimo trabajo de estudio.
SÔBER + FLORES DEL INFIERNO 10/10/26 | Sala Razzmatazz, Barcelona Texto: AliveOriol
Como la gasolina está cara, Sôber ha decidido compartir coche con Flores del Infierno, una joven banda de rock alternativo con carácter emocional y encargada de abrir la noche. Escuchándolos en casa notaba algo en común: ambos proyectos son personales e introspectivos. Sin embargo, también notaba una diferencia clara: mientras Sôber es enérgico y catártico, Flores del Infierno es más tranquilo y melancólico.
Así que llegué a la sala con una duda presente: ¿son una buena combinación o es como mezclar menta con chocolate? Si te enfadas, que sea con tu paladar, no con mi comentario.
Lo cierto es que me generaron sentimientos encontrados. Me gustó su propuesta, sencilla pero dinámica, basada en material de su próximo disco, que saldrá en invierno y se titulará La Comodidad del Odio. Mientras bailaba al ritmo de la batería de Darío Fernández, me dejaba llevar por la dulce e inquieta voz de Raúl Perona y los solos de bajo de Manuten Roider. Aún así, era imposible no fijarme en lo impasibles que se mostraban muchos a mi alrededor. Los aplausos no faltaron, pero daba la impresión de que su propuesta no terminó de convencer a todo el mundo.
A mí sí me ganaron. De hecho, me atrevería a decir que hubo un momento donde atraparon hasta al más escéptico: Raúl se quedó solo en el escenario y cantó Un final mejor mientras tocaba el teclado. Fue un momento íntimo dedicado a quienes luchan por seguir adelante a pesar de sentirse rotos. Una forma de cerrar su actuación que dejó ver el lado más vulnerable de una banda que, pese a su melancolía, también sabe conectar con el público.
Tras calentarnos con Back In Black de AC/DC sonando de fondo y una falsa alarma que hizo que algunos se emocionaran al apagarse las luces por un instante, comenzó el juego de luces. En la pantalla apareció un vídeo que seguía a un escarabajo hasta mostrar el título del álbum que venían a presentar. El nombre Anandamida hace referencia a la molécula asociada a la felicidad, y la ilusión del público al ver aparecer a la banda parecía estar a la altura de esa idea.
La respuesta fue inmediata. Entre palmas, bailes y coros, Mi refugio —su nuevo single— fue recibido con entusiasmo pese a su reciente publicación. Después llegaron Umbilical y Verona, dos canciones que mostraron una de las claves de Sôber: combinar instrumentales potentes con letras suaves sin perder la capacidad de enganchar a toda la sala.
Con la nueva Indestructible, el público volvió a corear el estribillo y la banda demostró que sabe conducir la energía de una sala. La araña y Eternidad, mantuvieron el ambiente festivo, con una entrega que no se limitaba al escenario.
Pero la noche también tuvo un momento convulso. La banda paraba para dedicar un momento de silencio al querido Dani White, mientras se generaba una discusión que llegó a distraer al propio Carlos Escobedo. Pese a ello, el concierto continuó con una canción emotiva dedicada a «ese cabrón», cuyo nombre corearon algunos asistentes. He de confesar que seguí la discusión por el rabillo del ojo hasta que los implicados se marcharon, ya fuese por petición del personal de seguridad o para abrazarse a la salida.
Sôber mantuvo el ritmo hasta que llegó el solo de batería de Manu Reyes, contundente y celebrado por el público. Poco después, la intensidad dio paso a otro registro con Estrella Polar, una suave balada en la que Raúl, vocalista de Flores del Infierno, volvió a subir al escenario para tocar los teclados, arropado por las voces del público.
La recta final confirmó la conexión entre la banda y sus seguidores. El beso de Judas, perteneciente al último álbum, fue cantada por todos, y después llegaron Arrepentido y Dile al miedo, entre otras. Más allá de la sucesión de temas, lo destacable fue que la intensidad no decayó y que cada canción parecía convertirse en un himno compartido entre el escenario y la pista.
Las dos últimas canciones ofrecieron imágenes muy distintas. Durante Náufrago, la sala se convirtió en un mar de estrellas gracias a las linternas de los móviles, una escena que llevó a Carlos a bromear sobre lo desfasados que han quedado los mecheros. Después, con Loco, los músicos bajaron al público y quedaron rodeados por los asistentes, que saltaban cada vez que llegaba el estribillo. La despedida fue densa y sonora: ellos no querían irse y nosotros no queríamos dejar de aplaudir al ritmo de Don’t Stop Believin’, de Journey, que sonaba de fondo.
La noche fue una muestra de lo que Sôber consigue cuando sus canciones conectan con quienes las escuchan. Pero, más allá de los himnos y de la respuesta del público, quiero hacer una mención especial a Juan Sánchez, nuevo guitarrista de la formación tras la salida de Antonio Bernardini. Estuvo sublime, como si llevara toda la vida en la banda: se paseó por el escenario, ofreció solos espléndidos, interactuó con nosotros y hasta se hizo con el micrófono para aportar algún coro. Una actuación que dejó claro que tiene el carisma y el espíritu que la banda necesita.
SETLIST SÔBER:
Mi refugio
Umbilical
Verona
Indestructible
La araña
Eternidad
Oxígeno
Tic Tac
Cientos de preguntas
Solo de batería
Papel mojado
Superbia
Estrella Polar
Mi heroína
El beso de Judas
El hombre de hielo
Arrepentido
Diez años
Dile al miedo
Naufrago
Loco
SETLIST FLORES DEL INFIERNO:
Mundo sin piedad
Gracias
Cristal
Mundo sin piedad
Un final mejor
Lo que había antes
El daño


