[artículo] ¿También tú, Serj?

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Hace pocos días vio la luz Joseph, el nuevo tema de Falling In Reverse junto a las leyendas del metal Corey Taylor y Serj Tankian. Cuando Ronnie Radke está de por medio, la polémica suele venir incluida de serie. Tiene una relación bastante cómoda con el ruido en redes y, siempre que puede, encuentra la manera de volver a colocarse en el centro de la polémica.

Pero en estas líneas no vengo a hablar de Radke, ni de sus mierdas. Mi intención es expresar el profundo desencanto que siento.

Quiero hablar de Serj Tankian.

O, mejor dicho, de la decepción de descubrir que la persona que durante años he percibido como una de las figuras más íntegras, comprometidas y coherentes del metal ha decidido prestar su voz a uno de los personajes más controvertidos de la escena actual. Porque una cosa es compartir cartel. Y otra muy distinta es entrar en un estudio, grabar una canción —o lo que sea esta especie de Michael Bay-core— y poner tu nombre junto al suyo.

Si algo ha definido siempre la carrera de System Of A Down ha sido el compromiso y el activismo. Tankian se ha metido en jardines una y otra vez por defender causas sociales y políticas y ha convertido esa faceta en una parte fundamental de su identidad artística.

En su propio relato, la experiencia de la guerra durante su infancia y, posteriormente, la lucha por el reconocimiento del genocidio armenio fueron fundamentales para convertirse en activista. En una entrevista con NPR en 2024, explicaba que, para él, un artista tiene que ser honesto consigo mismo y con los demás y que, cuando existe un mensaje que debe transmitirse, ese mensaje puede ser incluso más importante que la música.

Ese es el Serj Tankian que yo creía conocer.

El Serj Tankian que escribió canciones sobre guerra, corrupción, propaganda y violencia. El que ha hablado durante años contra Trump, a pesar de compartir banda con un votante confeso del multimillonario acusado de violación. Quizás ahí ya debería haberme dado cuenta de algunas cosas, pero decidí ignorarlo.

¿Ha sido por dinero? ¿Por ampliar público? ¿Por subirse a la ola del metalcore ahora que está en uno de sus puntos álgidos?

Suelen decir que con los años se te cura el activismo y tiendes más hacia la derecha. Esa también puede ser una de las razones por las que Tankian haya obviado todo el pasado y presente de Radke y haya decidido aparecer en ese videoclip tan hiperproducido.

No tengo ni idea.

Lo que sí sé, aunque no por eso deje de dolerme en mi corazoncito, es que no hay que tener ídolos. Ni en la música, ni en el deporte, ni en nada. Que todos hemos sido y seremos incoherentes en nuestra vida es un hecho. Pero de ahí a mirar hacia otro lado cuando los principios que tanto has defendido chocan frontalmente con las decisiones que tomas hay un trecho bastante grande.

Quizá el problema haya sido mío por esperar demasiado de alguien a quien no conozco. Por convertir a un músico en una especie de brújula moral simplemente porque durante mi adolescencia sus canciones y sus letras traducidas con Google me hicieron pensar que compartíamos determinados valores.

Pero, amigxs, Serj Tankian no nos debe nada. Ni explicaciones, ni coherencia con la imagen que yo mismo me construí de él, ni mucho menos ser el héroe que necesitaba que fuese (como el Batman de Nolan).

Algo bueno saco de Joseph: ese recordatorio de que no hay ídolos ni santos. Solamente hay personas interesadas, egoístas y tremendamente decepcionantes. Incluso si se llaman Serj Tankian.

 


 

Texto: Oliver Heras | Fotos: Daragh Mcdonagh & Robert Sebree