En la música, como en el resto de las facetas de la vida de un ser humano, el paso de los años no significa necesariamente ganar experiencia, incrementar el aprendizaje o ampliar el abanico de posibilidades tras haber probado o hecho algo diferente. Hay bandas cuya carrera, con más de cincuenta años de trayectoria, podría resumirse en dos o tres etapas y cuatro o cinco discos destacables que hayan pasado a la historia del rock. No les quito valor. Es símbolo de constancia y consistencia, de no complicarse la vida y aun así triunfar. Ejemplos de esto último hay muchos; que cada uno busque los suyos.
DEVIN TOWNSEND 10/10/2026 | Sala Salamandra, L’Hospitalet de Llobregat Texto: Iñigo Domínguez
En el otro lado están los artistas en búsqueda constante de nuevos sonidos, de experimentar con nuevas tendencias, que se dejan influenciar por las modas del momento o que, simplemente, son montañas rusas sentimentales y, al tener la fortuna de contar con el don de crear música, la usan como vía de escape. Difíciles de etiquetar, representan el triunfo con un método opuesto al anterior, convirtiendo la probatura constante en su modo de vida. En este caso sí que voy a elegir un representante para este grupo de artistas: Devin Townsend.
El canadiense comenzó su carrera musical a los diecinueve años, cuando fue reclutado por Steve Vai para cantar en Sex & Religion. No acabó de cuajar, a pesar de llegar a grabar el álbum, y poco después formó una banda de metal extremo (Strapping Young Lad) y, casi al unísono, otra de punk (Punky Brüster). Pocos años más tarde decidió montárselo por su cuenta, dejando poco a poco los sonidos extremos para adentrarse en el progresivo, el estilo de las posibilidades infinitas: tan progresivo es hacer una ópera rock grandilocuente al estilo de Ayreon como la sencillez y la emocionalidad a las que llega Soen. Si hay algo bueno de los festivales temáticos de progresivo es que los organizadores nunca sabes con qué te pueden sorprender.
Después de treinta y cinco años de carrera y cuarenta trabajos editados bajo su nombre o el de sus diferentes proyectos, a Devin Townsend (que a partir de ahora será Devin, para abreviar) le quedaban pocas cosas por hacer. Consideró que una de ellas podría ser una gira de conciertos en acústico, pero no acompañado de una banda, sino en solitario. Aquí entro en el terreno de la elucubración romántica, en la que Devin echaba de menos la cercanía del público, el silencio, la simplicidad y la comunión con el respetable. No tengo pruebas, pero tampoco dudas de que esto es así, una vez presenciada su actuación.
No fue un concierto al uso, ni siquiera un concierto acústico como tal. La actuación fue más bien un monólogo en el que Devin usó la música que él mismo ha compuesto e interpretado a lo largo de su dilatada carrera profesional como vehículo para narrar su historia. Él, un micro, la guitarra electroacústica y un portátil; un taburete que no llegó a usar, iluminación modesta y, como escenario, un fondo negro con algunos LED. Fijaos en lo poco que se necesita para hacer un concierto, uno en el que, además, tienes al público tranquilamente sentado en una silla (otro de los elementos atípicos del evento), en el máximo silencio posible (hasta los fotógrafos tenían apagado el sonido del obturador), pendiente de ti y de todo lo que digas. Hubo alguna que otra interrupción espontánea para darle un poco de salsa, que pronto llevabas a tu terreno, como aquella en la que alguien le sugirió que formara una banda de black metal llamada Deathvin. ¿Qué hizo Devin? Pues comenzar a tocar black metal, satirizar el estilo y reírse de sí mismo.
En fin, una tormenta perfecta a la que, si añades que hubo sold out, te permite irte a casa satisfecho por haber presenciado un evento único.
Con estas facilidades, Devin pudo contar su vida a su antojo. Podría haber empezado por el medio o por el final y no habría resultado raro: el público que estaba allí ya conocía al artista y quería conocer a la persona. No importaba tanto el cómo como el qué. El caso es que decidió hacerlo de forma más o menos cronológica, no tanto por la publicación de la canción o el álbum en sí como por la vivencia personal concreta que supuso cada tema.
Buen ejemplo es el tema con el que abrió, Funeral, basado en el discurso que tuvo que hacer por la muerte de una amiga cuando tenía quince años, si la memoria no me falla. Este tema se publicó en 1996, incluido en el álbum/proyecto personal Ocean Machine: Biomech, que recoge los primeros temas que Devin compuso y que intentó colar a las discográficas de todas las formas imaginables, tal como relató con socarronería.
El tipo tiene su gracia sobre el escenario. Sabe manejar el humor irónico, el lenguaje cercano sin recurrir excesivamente al slang y un lenguaje corporal coordinado con el verbal. Puedo jactarme de haberle entendido prácticamente el 100 % de lo que dijo, y eso que no cuento con el proficiency.
En esta sucesión cronológica repasó clásicos de Strapping Young Lad (banda que nació cuando más influencias absorbía del death metal de grupos como Carcass), como Love? o el fragmento de S.Y.L., donde no paró de repetir «I fucking hate you», en referencia al momento de ira por el que pasaba entonces. También hubo espacio para Punky Brüster, con Fake Punk, que interpretó en un estilo cercano al folk y con una entonación que le hizo parecer un bardo del siglo XXI, y para Deadhead, tema de su proyecto personal que nació prácticamente a la vez que las dos bandas anteriores y que resultó una de las mejores interpretaciones, si no de la noche, sí del primer set.
Porque sí, como si estuviéramos en el teatro (que ya podría haber sido, pues, para el tipo de actuación y al no poder desmadrarse, habría valido la pena programarlo en un local más cómodo), hubo un descanso de veinte minutos entre set y set. Continuó repasando estos primeros años con temas como Hyperdrive o AAA, y cerró con Lightworker, tema más reciente y una de las dos únicas canciones en las que usó pistas pregrabadas para acompañar su voz y su guitarra. Con la verborrea que le caracterizó durante la noche, bromeó sobre el dinero del que disponía para realizar la gira e incluir este tipo de efectos. Lo cierto es que no tenía ayuda sobre el escenario y era él mismo quien afinaba y probaba el sonido.
Veinte minutos de descanso después, Devin regresó con la misma energía con la que había comenzado. Comentó al volver, y en más de una ocasión, que el de Barcelona era el último concierto de la gira después de treinta fechas, y que le perdonáramos si algo salía mal. Todo lo contrario: Devin estuvo a un nivel muy alto durante toda la actuación, más aún teniendo en cuenta la dificultad de interpretar los temas en solitario, con el único apoyo de su guitarra electroacústica.
Tanto el primer como el segundo set duraron una hora cada uno. En el primero aún nos habíamos quedado en una época pretérita, habiendo repasado únicamente 6 discos de los cuarenta editados, y el propio Devin se había propuesto tocar aunque fuera una pieza de alguno de los temas incluidos en esas ediciones. Además, había interpretado la mayoría de los temas al completo, por lo que el segundo set resultó en una mayor condensación de canciones, basado más en fragmentos que en temas completos.
Una promesa es una promesa y Devin quería cumplirla, aunque se lo pusiera difícil a sí mismo, ya que comenzó con un solo de guitarra eléctrica. No contento con esto, incluyó también una versión de Bring Him Home, de Los Miserables, que he de decir que quedó magnífica.
Quedaban muchas anécdotas que contar y muchas canciones que tocar, y Devin se apresuró a incluir todo lo que podía de cada uno de sus discos, haciendo incluso saltos temporales. En este set abundaron los fragmentos más que los temas completos, así como las historias sobre las circunstancias en las que habían surgido. Destacables fueron Coast y Kingdom, donde distorsionó la guitarra electroacústica llevando el instrumento al límite; Midnight Sun, canción dedicada a su difunto gato (esto es real), y Why?, único tema con el que pidió la participación del público.
Entre las anécdotas, mientras tocaba fragmentos de otros temas, bromeó con la exigua cantidad que le había costado grabar el álbum Ghost, únicamente doscientos euros. En otra ocasión buscó el muñeco de Ziltoid y resultó que una chica lo tenía; cantó con él al cuello. Había conseguido llegar al final y repasar toda su discografía, tal como había prometido. Acabó con From the Heart, en la que se ayudó de pistas, y Life, con la que quiso volver a sus inicios con Ocean Machine.
Tengo que reconocer que no me esperaba el espectáculo al que asistí. Dejo todo lo que puedo a la sorpresa: soy adicto al efecto wow. El evento era café para muy cafeteros, muy dirigido a los seguidores probados y reprobados de Devin, a quienes no les importa invertir dinero en experimentar una forma distinta de verle y escucharle.
Pues bien, yo figuro en el 1 % de los asistentes que nunca habían ido a un concierto de Devin Townsend, y el hecho de que me gustaran el formato, la persona y la actuación no ha hecho sino motivarme para acudir a uno de sus conciertos en la próxima ocasión que tenga.
SETLIST:
Set 1:
Funeral
Love?
Ih-Ah!
Deadhead
Fake Punk
S.Y.L.
Hyperdrive
AAA
Seventh Wave
Christeen
LightworkerSet 2:
Solo de Guitarra
Bring Him Home
Deep Peace
Aftermath
Storm
Spirits Will Collide
Shitstorm
Let It Roll
Almost Again
Solar Winds
Coast
Supercrush!
The Mighty Masturbator
Feather
Kingdom
Midnight Sun
Why?
From the Heart
Life


