[review] Graveyard – Fever, con menos contemplaciones y más rock

Tiempo de lectura: 3 minutos

Por Nekrokosmos

Joakim Nilsson – Voz, guitarra
Truls Mörck – Bajo, coros
Oskar Bergenheim – Batería

01. Back From The Grave
02. Tongue Tied
03. A Better Cut (Note To Self)
04. Year Of The Horse
05. A Means To An End
06. Time To Tell
07. Don’t Shoot!
08. Room Tempered
09. Dead Note

Ya hasta me asusta pensar en lo rápido que pasa el tiempo, echo la mirada atrás y para mi fueron solo un par de años desde que vi a Graveyard en la gira de presentación del ‘Hisingen Blues’, cuando me atraparon tanto en su sonido que no dudé en hacerme con una camiseta en el puesto de merch tras el último riff. En un abrir y cerrar de ojos nos encontramos ya ante el séptimo álbum de estudio de la banda, y uno que seguro va a traer cola por su orientación rockera más directa y menos introspectiva. Si el anterior ‘6’ era bastante oscuro y más reposado, este ‘Fever’ nos pilla como recién despiertos de un resfriado febril y con ganas de marcha tras unos días encerrados en casa. Guitarras que buscan violencia, válvulas que echan humo, y sin nada de moderación. Cero melancolía y mucha mala leche, eso parecen ser los Graveyard de 2026.

Vale, que a muchos nos gusta recrearnos en su maraña de guitarras y sus armonías mucho más desarrolladas, pero no voy a negar que este cambio les sienta bastante bien. Desde la primera «Back From The Grave» se huelen las intenciones, con esa batería de Oskar Bergenheim que empuja con apuro al resto de instrumentos, y con un Joakim Nilsson que parece tener la urgencia de gritar y desahogarse. Ahí están el blues mugriento y el rock setentero de toda la vida, pero diría que con una pegada superior que en el resto de su discografía. Son ya unos maestros en estos estilos, y se nota la soltura que da la experiencia como para no dar ningun paso en falso.

Incluso en temas donde bajan las revoluciones como en «A Better Cut (Note To Self)» van apretando los dientes, con una voz rasgada que suena algo desquiciada, un poco rota y teatrera, y donde los golpes caen fuerte ¿Querías mala baba? Toma dos raciones. Es un disco de guitarras enormes que entran a la primera, como dejan claro con el riff principal de «Year Of The Horse», con el boogie de «A Means To An End» con un tono chulesco, o con el nervio protopunk de «Room Tempered». Hablamos de canciones sin muchos rodeos, simples, sin complicarse más de la cuenta y donde lo que presentan convence.

Y aquí puede estar el problema para la mayoría, porque ‘Fever’ parece estar empeñado en demostrar lo dura que es la banda ahora, olvidándose de todo lo demás. Más de uno extrañará esas guitarras que acarician más que morder, los cambios de tiempo que descolocaban, o la psicodelia que te dejaba grogui sin necesidad de meterte nada. En ‘Fever’ todo está orientado a la reacción y el golpe directo, y muchas veces el factor sorpresa deja de ser eso…sorpresa. No han perdido su personalidad ni mucho menos, no se han olvidado de dejar joyas como «Time To Tell» para los nostálgicos, ya que aqui sí vemos una canciones que respira con normalidad, que se toma su tiempo y juegan con las intensidades.

Pasa lo mismo con la final «Dead Note», con siete minutos donde recuperan una faceta más atmosférica y psicodélica, donde vuelven a tener equilibrio entre calma y tormenta, y lo que hace que esta parte en concreto sea de los mejores momentos del disco. La banda se ha encargado de producir el disco por su cuenta, y el resultado es un sonido cálido que les pone los pies en el suelo sin demasiadas florituras…enchufar los amplis y a correr. La mezcla de Pelle Gunnerfeldt evita que la distorsión se vaya de las manos y se convierta en una bola indistinguible, y así entre lo brusco y lo limpio consiguen que las canciones parezcan grabadas en una sala un sábado noche. No hay revolución en este apartado, ni falta que hace.

Creo que ‘Fever’ es un disco que gana más por actitud y sonido que por inspiración, se trata de una colección de riffs que entran muy fáciles, pero que no siempre dejan huella con la misma intensidad, sin que por ello disfrutemos menos de ellas. Podría soltar alguna gilipollez como que la banda no ha exprimido todas sus posibilidades, pero ya han demostrado demasiadas veces que saben jugar en registros diferentes en fan service. Les ha apatecido hacer un disco de rock de toda la vida, mucho más físico y deslenguado, y verlos disfrutar en directo seguro que será contagiante.