Un globo terráqueo, un juego de beber y un dedo que cayó en Túnez hicieron que un grupo de amigos descubriera Myrath. Años después, aquellos chavales se plantaron en la Sala Wolf para ver por fin a los tunecinos como cabezas de cartel. Entre clásicos, temas nuevos, un cantante que preguntaba por el Barça y la inevitable conversación sobre cuánto habrían mejorado Dream Theater con Zaher Zorgati, la noche dejó una conclusión bastante clara: a veces el azar te descubre una banda para toda la vida. Aunque quizá el concierto necesitara un poco más de gasolina.
MYRATH + ROSES OF THIEVES 25/10/2026 | Sala Wolf, Barcelona Texto: Iñigo Domínguez | Fotos (Sevilla): Javier Sierra
Un amigo me contó que un amigo suyo jugaba, hace muchos años, a un juego muy sencillo con sus colegas mientras hacían la previa antes de salir de fiesta. Tomaban el globo terráqueo, lo hacían girar a toda velocidad y lo paraban con el índice. Del país en el que había aterrizado su dedo debían nombrar todas las bandas de metal que conocieran, uno a uno y en el sentido de las agujas del reloj, hasta que no se les ocurrieran más. Quien no fuera capaz de nombrar otra banda bebía un trago o un chupito, según lo que hubiera esa noche en la mesa.
En el juego no se arriesgaba demasiado: nadie quería salir doblado del lugar de reunión y no poder darlo todo el resto de la noche. Por eso, casi siempre se apuntaba al hemisferio norte, a no ser que hubiera un acto de valentía, inconsciencia o que algún gracioso moviera el globo terráqueo. Pues resulta que, una vez, el dedo de este amigo de un amigo paró el globo en Túnez y se quedó blanco. La regla era que, si quien paraba la bola no sabía nombrar ninguna banda, debía beber por todos; en cambio, si era el único capaz de decir una, el resto bebía el doble. Había un tiempo de gracia para pensar y encontrar un nombre. Durante ese tiempo, que alargó con excusas todo lo que pudo, fue pensando en bandas de procedencia árabe, pero no se le ocurría ninguna. Solo le venían a la cabeza las típicas noticias que a veces llegan sobre tal o cual banda a la que han metido en la cárcel en Arabia Saudí o Irak por tocar black metal, puesto que consideran este tipo de música satánica y contraria al Corán.
Cuando estaba a punto de claudicar, se iluminó y recordó una banda de origen árabe que había escuchado recientemente y que, lejos de practicar metal extremo, hacía metal progresivo con algunas influencias folk, lógicamente norteafricanas o de Oriente Medio. Esa banda era Myrath y, de churro, resultó ser tunecina. Se hizo el silencio; al poco, todos rieron, maldijeron la suerte de su colega y, sin resignación alguna, bebieron dos chupitos, puesto que nadie más fue capaz de nombrar otra banda tunecina.
Desde ese mismo día, el grupo de amigos comenzó a introducirse en la música de la banda y a seguir su trayectoria, mientras esta poco a poco iba creciendo en popularidad. Su música, si bien era metal progresivo, no se perdía en complejidades ni virtuosismos innecesarios, por lo que resultaba relativamente fácil de escuchar. Además, esos arreglos de música tradicional árabe, que evocaban noches sentados junto al fuego en el desierto, la hacían aún más atractiva. Por una vez, estaban utilizados por un grupo cuya procedencia y cultura justificaban su inclusión en las melodías de sus temas.
En aquel momento, la banda había editado Legacy, el tercer álbum de su carrera, que los enganchó desde el primer momento con temas como Believer, que, como comprobarían con el paso de los años, se convertiría en un clásico de la banda. Al repasar su trayectoria, vieron una evolución: esa combinación de sencillez y complejidad no había sido siempre así. En sus inicios, la banda tiraba mucho de la influencia de Dream Theater y perdía parte de su encanto al alargar los temas más de la cuenta. Con este álbum dieron el salto a la fama, apoyándose en parte en el exotismo y en el hecho de ser la primera banda de metal de Túnez que había firmado con una discográfica.
Los amigos tuvieron la oportunidad de verlos teloneando a Epica y allí quedaron prendados de la energía y la ejecución técnica que ofrecía la banda sobre el escenario. Convertidos ya en fans, continuaron escuchando cada nueva publicación. Shehili fue la siguiente, un álbum con el que ofrecieron una continuación de lo presentado en el anterior. También pudieron ir al Rock Fest y verlos de nuevo en directo, para comprobar que no habían perdido aquella energía ni la técnica con la que los habían sorprendido la primera vez. Sí es cierto que notaron que, al actuar como teloneros, empezaban muy arriba sus actuaciones y acababan un poco desfogados, sin reservar los temas más atractivos para el final.
Llegaron dos discos más: Kharma, que les pareció un cierto bajón respecto a la calidad que había ofrecido la banda hasta entonces, y Wilderness of Mirrors, que nos sitúa en el pasado reciente. Con este último comprobaron la vuelta a un sonido de guitarras más sólido y a una estructura de temas que recuperaba los estribillos pegadizos y fáciles de corear, aunque las letras fueran complejas y profundas. Con la gira de este disco, el grupo de colegas podía por fin asistir a un concierto de la banda como cabeza de cartel, así que no dudó ni un segundo en apuntarse. Ya los habían disfrutado en directo y confiaban en que, como dueños de su propio destino, pudieran corregir en su propio espectáculo aquella dosificación de fuerzas.
El día del concierto se plantaron puntuales en la Wolf para presenciar la actuación de los teloneros, Roses Of Thieves, a quienes tenían curiosidad por conocer. A su llegada, una vez más, maldijeron a la comunidad de propietarios que denunció a la sala Bóveda por exceso de decibelios y que obligó a su cierre temporal. La Wolf no está preparada para conciertos: es muy baja, el escenario es pequeño y las columnas entorpecen la visión y suponen un peligro si hay pogos.
Los húngaros salieron puntuales al escenario y, tras unos ajustes en el sonido, especialmente en la batería, resolvieron una actuación competente y entretenida. A los amigos les gustaron: una banda más en la que introducirse y cuya discografía recopilar. Coincidieron en que no tendrían demasiado trabajo por delante, ya que comprobaron que se habían formado hacía solo tres años. Durante la actuación también les sorprendió la ausencia de uno de sus miembros, el violinista, que, por la razón que fuera, no formaba parte de la gira. Vieron al pobre acordeonista un poco abandonado y solitario con su instrumento folk, como una pieza que no acababa de encajar del todo en una propuesta musical más cercana a Amaranthe o Beyond The Black que a Eluveitie, por ejemplo.
Disfrutaron junto al resto de asistentes. La banda era muy cercana y ofrecía una propuesta musical festiva y fácil de digerir, por lo que su actuación se pasó rápido. Se sorprendieron cuando Roses Of Thieves interpretó un clásico pop de los ochenta: Boys (Summertime Love), de la italiana Sabrina Salerno. Todos los miembros de la cuadrilla recordaban a la artista y les produjo cierta ternura escuchar una canción a la que tenían cariño. Habían hecho mucho el tonto con aquel tema cuando eran críos. Poco más les ofreció la actuación de Roses Of Thieves, que cumplió dignamente su papel de telonera de la banda principal, Myrath, a la que a partir de ese momento esperaban con más impaciencia si cabe.
En una sala medio llena y para matar el tiempo hasta que comenzara Myrath, empezaron a elucubrar y a hacer metal-ficción sobre cómo podrían intercambiar miembros entre Dream Theater y Myrath. Después de opiniones encontradas, la mayoría coincidió en que a Myrath le faltaba Portnoy y a Dream Theater, Zaher Zorgati, el cantante de los tunecinos. Es un portento: posee un timbre muy especial y tiene el magnetismo que le falta a Labrie. Tan enfrascados estaban en la conversación que la intro que marcaba el inicio del bolo los pilló por sorpresa. Corrieron a tomar posiciones en las primeras filas: no querían perderse detalle.
En su lista de comprobaciones, lo primero era ver cómo se desenvolvía el nuevo teclista de la formación y si echarían en falta a Elyes Bouchoucha, miembro fundador de la banda junto con el guitarrista y el bajista, que también había sido el primer cantante del grupo y que en directo ofrecía un buen apoyo vocal a Zaher. Lo siguiente era comprobar cómo comenzaba el concierto y si percibirían ese exceso de implicación inicial que, poco a poco, se diluía en sus actuaciones, tal como les había parecido en ocasiones anteriores.
Lo primero que comprobaron fue esto último: ya en el primer tema, The Funeral, se notaba cierta contención. Sin embargo, se temieron lo peor cuando los dos temas siguientes resultaron ser clásicos de la banda. Especialmente Dance, el primero que hizo enloquecer a los amigos y al resto del público.
Sí que es cierto que no notaron la intensidad de otras ocasiones y que incluso Zaher estuvo un poco reservado. En cualquier caso, el magnetismo y la técnica vocal del cantante fueron espectaculares. Además, sorprendió a la audiencia con su condición de fan del Barça: varias veces preguntó por el resultado del partido, ya que el concierto de Myrath coincidía con el clásico. El asunto ya había sido motivo de debate en la conversación previa de la cuadrilla de mi amigo: ¿habría venido más o menos gente? Finalmente, llegaron a la conclusión de que quien tiene claras sus prioridades —como Gareth Bale y su famosa pancarta: «Gales, Golf, Madrid»— estaría ahora mismo en la sala.
La banda siguió con los temas y volvió a su nuevo trabajo, Wilderness of Mirrors, para interpretar Until the End. En la versión original, Elyze Reed es quien interpreta las voces femeninas, y aquella noche subió al escenario la cantante de Roses Of Thieves para acompañar a la banda. La canción quedó muy bien, pero persistía el temor de los amigos a que todo lo bueno estuviera pasando ya y el nivel de intensidad bajara a partir de ese momento. No fue así: The Clown mantuvo el nivel y la banda fue alternando temas nuevos con clásicos de sus discos anteriores, de dos en dos. Es cierto que se dejaron fuera los dos primeros álbumes y Kharma, pero esto no molestó a la cuadrilla, ya que no consideraba que contuvieran material imprescindible de la banda.
La primera parte de la actuación concluyó con una interpretación magistral de Soul of My Soul, en la que Zoher demostró el control vocal que tiene. Tanto es así que los amigos se pusieron de acuerdo en que, ciertamente, se había tomado un descanso durante este concierto y guardaba fuerzas para el resto de la gira.
Del resto de esta primera parte del setlist también les gustó mucho Breathing Near the Roar, y apostaron por esta canción como una de las imprescindibles en el futuro. Mientras tanto, no se olvidaron del nuevo teclista, que, como el anterior, además de manejar solventemente su instrumento, ofrecía un buen apoyo vocal a Zoher en las segundas voces.
Myrath se retiró brevemente del escenario y volvió para interpretar tres temas, entre los que no faltó su gran clásico, Believer, con el que cerró el concierto. Todos se abrazaron y la cantaron a pleno pulmón junto a la banda. Era el primer tema que habían escuchado del grupo, tanto en disco como en directo, y les trajo recuerdos imborrables. Se encendieron las luces y se acabó el concierto. Aún con la adrenalina a tope, la cuadrilla buscó un hueco en la foto que Myrath colgaría, seguramente esa misma noche, en sus redes sociales.
Mi amigo y sus colegas abandonaron la sala con tiempo de ver la segunda parte del clásico. Lo primero en lo que se pusieron de acuerdo fue en lo corto que había sido el concierto. Lo habían disfrutado del mismo modo en que había tocado la banda: con contención. El goce podría haber sido mayor si el concierto hubiera durado más o si Myrath hubiera aportado un punto más de pasión a la actuación. Habían corregido el error de modular los niveles de intensidad durante el espectáculo, pero quizá se habían pasado de vueltas en la dirección contraria.
Con el partido de fondo en el bar —aunque, en realidad, se habían hecho fans del Deportivo Alavés desde que vieron Airbag (la Trainspotting española), y les daba igual quién ganara o perdiera—, recordaron los mejores momentos y compartieron sus opiniones sobre el bolo de Myrath. Coincidieron, aunque con alguna disidencia por parte de los más apasionados de la banda, en que el concierto había sido ameno y entretenido, y en que no cabía duda de que todos sus miembros, puesto por puesto, eran de lo mejor de la escena. Les faltó un poco de química entre ellos y, salvo en el caso de Zoher, algo de conexión con el público. El setlist fue inmejorable, aunque quizá habría cabido algún tema más de Legacy o Shehili. Solo esperaban volver a verlos pronto y una y otra vez recordaban que, sin aquel juego del globo terráqueo, nunca habrían conocido a Myrath.
SETLIST MYRATH
The Funeral
Born to Survive
Dance
Until the End
The Clown
Through the Seasons
Tales of the Sands
Merciless Times
Still the Dawn Will Come
Edge of the Night
No Holding Back
Breathing Near the Roar
Soul of My Soul
Endure the Silence
Les Enfants du soleil
Believer

